China busca una globalización multipolar para contener a EE.UU.

Con alianzas, acuerdos energéticos y soft power, Pekín apunta a restringir el dominio norteamericano
Natalia Tobón Tobón
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1 de junio de 2014  

PEKÍN.- China se mueve, y no sólo en economía. Va por un mundo multipolar. Aunque apuesta por la mesura y elude la etiqueta de primera potencia económica a la que avanza sin pausa, también tiene bien claro que no quiere el dominio mundial absoluto de Estados Unidos.

Y según lo visto en las últimas semanas, en particular desde un histórico acuerdo de gas con Rusia , las autoridades trabajan en varios frentes: posicionar al yuan como moneda de cambio internacional, fortalecer la alianza con los países emergentes y sustentar el llamado soft power como vidriera de China más allá de las fronteras.

Por lo pronto, esas ambiciones se superponen con problemas más cercanos. China vive hoy un momento de tensión con sus vecinos. Con Vietnam tiene fuertes disputas por el mar del Sur, por lo que la semana pasada debieron relocalizarse 4000 ciudadanos chinos que vivían en Hanoi. A eso se le suman los repetidos conflictos con Japón y las tensiones separatistas en la región de Xinjiang, que están aumentando en frecuencia.

No obstante, a largo plazo la intención es jugar un papel importante en el concierto de las naciones. "El papel de China en la globalización actual es crucial. Es difícil concebir la globalización sin China. Basta pensar en las cadenas de producción complejas en las que China actúa como factor principal. Esta cadena de producción que China encabeza mueve mercancías, dinero y personas", dijo Richard Rigby, director del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad de Australia.

Sin bien Pekín es reacia -por cuestiones estratégicas, económicas y culturales- a ocupar el primer plano en la globalización, también es cierto que imagina una reducción del poder norteamericano. A esto se lo llama la "desamericanización".

"Hay que crear las bases para apoyar la «desamericanización» del mundo. Hay que instaurar un nuevo orden mundial", escribió meses atrás el periodista chino Liu Chang en la agencia oficial Xinhua, que se considera la voz del Partido Comunista Chino. Si bien el artículo es de un periodista particular y no de un vocero oficial, la publicación en Xinhua muestra un aceptación tácita del gobierno central.

Y en ese nuevo equilibrio hay algunos puntos de principal interés para Pekín. Un aspecto fundamental para el gobierno tiene que ver con la internacionalización del yuan y la reducción de la importancia del dólar.

Hoy el 15% del comercio exterior chino se lleva a cabo en yuanes. El objetivo es que para 2020 esa cifra alcance el 30%. Pekín se empeña en firmar acuerdos con bancos de distintas naciones para que el yuan sea utilizado como moneda de cambio.

Otro punto al que apuesta en el nuevo orden global es su alianza con los países emergentes, desde los colegas del Brics hasta Uzbekistán, Kazakhstán, Kirguistán o Tayikistán. Dentro de ese nuevo conjunto de alianzas se busca un sistema de cooperación más allá de los organismos centrales, como el OMC o el FMI, creados por Occidente. China firmó, por ejemplo, nuevas alianzas comerciales con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).

Idioma y cine

No menos importante para China es la globalización de su soft power. Por ello ha multiplicado en todo el mundo los institutos Confucio, dedicados a enseñar la lengua y cultura chinas. Al mismo tiempo, brinda cada vez más becas para que estudiantes del mundo entero vayan a estudiar a China, sobre todo, el idioma.

A eso se le suma una fuerte apuesta por el cine, donde Pekín ve el corazón de su soft power. En ese sentido se han gastado millones de yuanes y se han creado en el país los más modernos estudios cinematográficos.

El soft power es una prioridad al menos desde 2007, cuando el entonces presidente Hu Jintao lo proclamó como valor en el XVII Congreso del Partido Comunista Chino. Sin embargo, a juzgar por la mirada de David Kearn, especialista en estrategia internacional de la Universidad St. John's, de Nueva York, los jerarcas chinos tienen trabajo por delante.

"La principal carta de presentación de China es su economía, pero su modelo, a diferencia de lo que sucedió con Estados Unidos, es difícilmente exportable. El modelo chino es totalmente singular e irrepetible, eso le quita poder de soft power", dijo Kearn.

Y más allá de las fuerzas simbólicas, China ha dado claves materiales de cómo imagina el nuevo equilibrio global. El acuerdo firmado hace dos semanas entre China y Rusia por exportaciones de gas puede ser otro punto para entender el mundo al que aspira. Se trata de un acuerdo que la prensa local llamó "el pacto del siglo", y que se piensa como una fase fundamental en la ambición de cambiar el equilibrio geopolítico y económico del mundo.

La crisis en Ucrania, que como se veía venir posicionó a la Unión Europea y Estados Unidos del mismo bando, hizo acelerar las negociaciones por este acuerdo que llevaba diez años sobre la mesa. Se trata de un acuerdo que también consagra una política de proximidad sino-rusa, y cuya firma dejó a China como el principal mercado para el gas ruso por los próximos treinta años.

Y como todo buen acuerdo, las dos partes salieron beneficiadas. Uno para salir de la encerrona a la que lo sometían Europa y las potencias europeas, que lanzaron sanciones económicas contra Moscú por su nada disimulada ayuda a los separatistas para desestabilizar a su vecino. Y otro para consolidar su presencia de jugador internacional. Moscú será el proveedor de un cuarto de la energía para China, la principal consumidora energética del mundo, es decir, 38.000 millones de metros cúbicos de gas a partir de 2018. La cifra del acuerdo alcanza los 400.000 millones de dólares.

La economía rusa se encaminaba hacia una minirrecesión, por lo que tuvo que pisar el acelerador, escrutar en los alrededores, y ahora puede considerar a China su mayor mercado. O su mayor aliado.

Para David Kearn, "China imagina un mundo con varios focos de poder y siente instintivamente mayor confianza hacia los países emergentes ya que se sintió víctima de Japón, Estados Unidos y Europa."

Pekín escribe su propio libreto

La misión es construir un contrapeso relevante

  • A DÓNDE VA

Casi arriba

Como segunda economía mundial, y camino a ser la primera, China podría aspirar a un papel de supremacía en asuntos comerciales y financieros

Muchas voces

Al menos por el momento, la mirada de Pekín parece apuntar a contener el dominio de Estados Unidos, apostando por un mundo multipolar

  • OBSTÁCULOS

Marea alta

Mientras mira de reojo a Estados Unidos, no deja de atender los conflictos limítrofes con Vietnam en el Mar del Sur y por las islas en disputa con Japón

El problema interno

Pekín también debe confrontar, puertas adentro, los repetidos y crecientes intentos separatistas de la región de Xinjiang

  • AVANCES

Economía

Dos de las medidas más significativas son de carácter económico: hacer del yuan una moneda de cambio internacional y la compra de gas a Rusia

El otro poder

Pekín también se ocupa de labrar una presencia cultural en el exterior, con la difusión de becas, cursos de idioma chino y la producción de contenidos, con énfasis en el cine

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