
Chocolates, salchichas y libros en el precario escondite de Saddam
La choza de adobe en la que vivía no tenía baño; había, además, imágenes cristianas
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ADWAR.- El patio estaba desordenado, la ropa no había sido lavada, la despensa estaba vacía y la única decoración en la pared era un afiche del Arca del Noé.
El escondite de Saddam Hussein en el norte iraquí parecía una propiedad en ruinas abandonada por vagabundos, muy diferente de los suntuosos palacios donde el ex hombre fuerte de Irak vivió durante muchos años.
La choza en cuyo patio está el pozo donde Saddam intentó burlar a sus captores forma parte de un complejo en el que también hay una derruida casa de campo.
Un grupo de periodistas visitó ayer la precaria construcción de adobe, que no tiene baño y cuenta con dos habitaciones: un pequeño dormitorio con dos camas y una improvisada cocina.
Curiosamente, en el lugar donde Saddam vivió sus últimas horas antes de ser capturado abundaban las imágenes cristianas.
En la parte exterior de la vivienda, se leía en inglés: "Que Dios bendiga nuestro hogar", en un póster con imágenes de la Ultima Cena y de la Virgen María con el niño Jesús.
Unas ramas cubrían el techo, y una puerta metálica cerrada con un candado era la única seguridad.
En el interior de la vivienda los periodistas pudieron ver ropa sucia, incluso unos calzoncillos grises y una toalla, colgada de una soga sobre una cama cubierta por una frazada floreada.
La imagen del Arca de Noé, sobre un calendario de 2003 en árabe, colgaba de la pared cerca de una de las dos camas, que parecía no haber sido usada.
Una caja sobre el piso contenía una larga túnica árabe negra, dos camisetas blancas nuevas y dos pares de calzoncillos cortos de algodón del mismo color.
Un par de mocasines negros y un par de chinelas con broches dorados estaban arrimados contra la pared.
También había libros antiguos sobre el suelo y apilados en una cómoda cerca de una de las camas. Entre ellos, había volúmenes de poesía árabe titulados "Disciplina" y "Pecado", y una copia de la obra de Dostoievski "Crimen y castigo".
En la improvisada cocina, una pequeña heladera contenía unas cuantas barras de chocolate Bounty, algunas salchichas y una lata de 7-Up. Había pan seco sobre la mesada, sobras de arroz y platos sucios en la pileta.
El agua llegaba a la pileta desde una cisterna ubicada encima de un gallinero.
En un estante sobre la cocina de gas había jabón, un frasco de café, enjuague bucal, un espejo y dos barras de chocolate Mars.
Fuera de la choza, una acequia parecía servir de letrina. El patio estaba cubierto de basura, bolsas de plástico, botellas vacías, fruta podrida y una silla rota.
Junto a un árbol de dátiles, salames secos e higos colgaban de un cable, aparentemente para disimular un tubo de estaño que servía como conducto de ventilación en el escondite de Saddam.
Además del gallinero, que estaba vacío, había un establo con una vaca y dos bicicletas de niños.
El pozo
En el agujero donde las tropas norteamericanas encontraron al ex dictador había sólo un foco y un ventilador. El habitáculo con forma de L que acogió al hombre más buscado del país tiene apenas 1,8 metros de largo por 2,5 metros de ancho, un espacio en el que sólo puede entrar una persona acostada.
En una de las esquinas, donde Saddam debe de haber apoyado la cabeza, estaban el tubo de ventilación y el pequeño ventilador de plástico. En la otra punta se podía ver un foco fluorescente. Las paredes son de cemento y ladrillos, y el suelo, de tierra.
Para ingresar en el hoyo se requieren algunas maniobras y la entrada es tan pequeña que una persona puede atascarse fácilmente.
Antes del descubrimiento de Saddam, el pozo había sido disimulado con una tabla y una alfombra de goma, además de un pedazo de tela.
Cerca de la puerta de la choza hay un camino de maderas que lleva a la orilla del río. Del otro lado, se puede vislumbrar uno de los lujosos palacios de Saddam.
Palmeras, orquídeas, naranjos y un campo de girasoles se alinean en el camino a la propiedad, 16 kilómetros al sur de Tikrit, el pueblo natal de Saddam, y a unos 100 metros de la orilla del río Tigris. "Es increíble cómo un tipo poderoso como él pudo terminar en un lugar como éste", dijo el sargento Chris Wallace mientras hacía guardia ayer en la última morada de Saddam antes de ser capturado.
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