
Clinton abrazó la globalización en la era de la pos-Guerra Fría
Superado el conflicto con Moscú, Washington supo aprovechar su hegemonía
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WASHINGTON.- Para diseñar su política exterior, Bill Clinton encontró al llegar a la Casa Blanca un panorama tan despejado como confuso, ya que fue el primer presidente norteamericano de la pos-Guerra Fría.
No tenía las limitaciones que durante décadas había impuesto la lucha contra el comunismo, pero había perdido también la hoja de ruta que representaba la política de contención de expansión del bloque soviético.
Después de ocho años, y cuando faltan dos días para que deje la presidencia, los expertos aún debaten si su legado incluye una Doctrina Clinton, un nuevo principio rector para la política exterior.
Con suerte variada, Clinton aplicó en su primer mandato criterios novedosos para comprometer la participación de las fuerzas armadas en Somalia, Bosnia y Haití, conflictos que no representaban una amenaza clásica a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Pero retrocedió cuando la incursión cobró víctimas norteamericanas y nunca estuvo dispuesto a asumir con las Naciones Unidas un compromiso de fondo para enfrentar las crisis humanitarias y la confrontaciones étnicas que proliferaron tras la Guerra Fría.
Un trabajo social
Los teóricos que miran al mundo desde la escuela del realismo que atiende al equilibrio de poderes, como el prestigioso académico Michael Mandelbaum, opinaron entonces que Clinton parecía confundir a la política exterior como un trabajo social, y que su única estrategia consistía en salir cuanto antes del conflicto.
Clinton sólo ganaría un consenso doméstico más amplio para una intervención militar con el bombardeo de la OTAN sobre Kosovo. Invocó razones humanitarias, como detener la masacre étnica de Slobodan Milosevic. Pero también motivaciones geopolíticas, porque dijo que era necesario impedir que la crisis de los Balcanes pusiera en riesgo la estabilidad de Europa. Con el mismo objetivo, promovió la incorporación de Polonia, Hungría y de la República Checa, tres países que habían formado parte del bloque soviético, a la OTAN.
Pero el elemento distintivo de diplomacia norteamericana en la era de Clinton no fue militar, sino de carácter económico: fue el primer presidente que abrazó la globalización y buscó explotarla en beneficio de los Estados Unidos.
"Tenemos que poner la competitividad de nuestra economía en el corazón de nuestra política exterior", dijo en 1994 en un discurso ante el Congreso. Clinton también percibió a la promoción del libre comercio y de las políticas de mercado como base fundamental de una estrategia para empujar la apertura política de los sistemas no democráticos.
Así justificó, por ejemplo, su decisión de normalizar las relaciones comerciales con China y Vietnam, aunque no resulta un criterio uniforme, porque por razones domésticas decidió no impulsar el levantamiento del embargo contra Cuba.
De todas maneras, Clinton es un creyente de la teoría Big Mac tal como la formuló el columnista del diario The New York Times, Thomas Friedman: "Nunca se han enfrentado en una guerra dos países donde haya sucursales de McDonald´s".
Legado llamativo
Para un presidente del Partido Demócrata, que suele avanzar con reticencia en los acuerdos de libre comercio por su lazo con los sindicatos, su legado en la materia es llamativo.
En ocho años, Clinton buscó los votos necesarios para aprobar la puesta en marcha del Nafta (la zona de libre comercio que comparten los Estados Unidos, México y Canadá), para aplicar los acuerdos alanzados en la Ronda Uruguay del GATT y para consolidar la Organización Mundial del Comercio (OMC), aunque la última reunión en Seattle terminó con un ruidoso fracaso.
Sin embargo, dejó inconclusa su propuesta para crear la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA), una iniciativa que sigue encaminada, pero sin mucha fuerza política porque Clinton no logró obtener del Congreso el fast track , la autoridad para negociar acuerdos comerciales.
En América latina, donde los índices de pobreza, la corrupción y los reflejos autoritarios amenazaron con una vuelta al pasado, la administración Clinton buscó expandir el significado de la democracia más allá de las elecciones periódicas.
Su legado para la región tiene su capítulo más controvertido con el Plan Colombia, el paquete de ayuda para la lucha contra el narcotráfico.
Por otra parte, sobre el final de su mandato, Clinton promovió acuerdos bilaterales con Singapur y Jordania, y dejó en marcha la negociación con Chile.
El director del Consejo de Seguridad Nacional, Sandy Berger, evaluó a modo de despedida que, aún con sus fracasos, la administración Clinton había empujado en estos ocho años marcados por la globalización "la mayor expansión de la historia del libre comercio mundial".
Uso de influencia
Berger recordó que cuando Clinton asumió, la tapa de la revista Time se preguntaba desde la portada: "¿Es irreversible la caída de los Estados Unidos como la principal potencia mundial?" La amenaza económica que representaba Japón se diluyó pronto; la Unión Europea no logró arrancar con un euro fuerte que fuera competencia para el dólar y los Estados Unidos emergieron de la pos-Guerra Fría con un poderío militar y económico indisputado.
Clinton buscó utilizar su influencia sin parangón para empujar acuerdos de paz en el mundo. Medió con diverso protagonismo entre India y Paquistán, entre Etiopía y Eritrea, entre Perú y Ecuador, entre Grecia y Turquía. Y tuvo un éxito significativo en Irlanda del Norte, pero se le escapó de las manos el acuerdo definitivo entre israelíes y palestinos, que le hubiera dado a su legado de política exterior un logro histórico en Medio Oriente.
"Creo que el logro más fundamental de Clinton -concluyó Berger- fue dirigir a los Estados Unidos hacia una nueva era de globalización de una manera que ubicó a nuestro país en el cenit de su poder."
Embargo menos duro
LITTLE ROCK (AFP).- El presidente Bill Clinton anunció ayer la suspensión por otros seis meses de la aplicación del capítulo III de la ley Helms-Burton, que endureció el embargo contra Cuba.
"He decidido suspender por seis meses adicionales la instrumentación de las provisiones del capítulo III" de la ley, dijo Clinton.
La aplicación de ese apartado de la ley permitiría iniciar acciones judiciales en Estados Unidos contra empresas que realizan negocios con bienes estadounidenses expropiados en Cuba tras la Revolución de 1959.
Qué significó Clinton para la Argentina: los lectores pueden enviar sus ideas, en no más de veinte líneas, firmadas y con su número de DNI o cédula, a: aportes@lanacion.com.ar . o al fax 4319-1626, o por carta a La Nación (Aportes), Bouchard 557, C1106ABG, Capital Federal.
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