
Clinton, más duro con China
Hoy irá a la plaza Tiananmen, eje de la ruptura de las relaciones bilaterales, en 1989, y se reunirá con su par, Jiang Zemin.
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XIAHE, China.- La diplomacia norteamericana chocó de pronto con la realidad. Y Sandy Berger, titular del Consejo Nacional de Seguridad, no tuvo reparos en decir que este país continúa siendo autoritario y que su historial de derechos humanos es terrible.
Hasta ese momento, Bill Clinton y compañía habían optado por la prudencia en la histórica visita de casi 10 días al último enclave comunista de Oriente, pero la persecución y el arresto de disidentes del régimen que pretendían establecer contactos con ellos pusieron en jaque la intención de promover la libertad individual de la gente.
Ese es uno de los principales objetivos del viaje, según respondió Clinton a uno de los 376 habitantes de esta villa cercana a Xian, la antigua capital del imperio que ya no es, que le había preguntado el motivo por el que se reunía con ciudadanos humildes como él.
Primero, no bien llegó, Clinton habló de libertad después de ser recibido con los honores de los antiguos emperadores en Xian. Segundo, en el colegio primario de aquí, exaltó el valor de las elecciones: "Yo gané algunas y también perdí dos -confesó-. Me gusta más ganar que perder, pero, dondequiera que haya una elección y la gente decide, todos ganan".
Hoy, un día clave
Y tercero, hoy, irá a la plaza Tiananmen, en Pekín, eje de la ruptura de las relaciones bilaterales, en 1989, a raíz de la represión por la que murieron varios de los que reclamaban por la democracia. Hoy, también, mantendrá reuniones con su par Jiang Zemin en las que planteará sus diferencias por la violación de los derechos humanos.
Pero es como si su presencia aquí no alterara esa actitud, tantas veces criticada por el Departamento de Estado. Y es como si la réplica de los chinos fuera que, con él o sin él, seguirán con la gradual apertura económica, pero no moverán un dedo en la faz política. Al menos, en el corto plazo, por más que hayan liberado a algunos de los disidentes arrestados en los últimos días.
Esta visita de Clinton, la más larga a un solo país de toda su gestión, estuvo precedida por relámpagos y truenos provocados por los reparos de la oposición republicana en Washington, y continuó con la tempestad para algunos de los disidentes que, en su afán de hablar con él, terminaron tras las rejas, como Julias Jia Zhiguo, obispo católico de la provincia septentrional de Hebei.
El intercambio en público de gestos amistosos con Jiang choca en la intimidad con las fuerzas que, a contramano de los ideales norteamericanos, siguen aferrándose a los esquemas del pasado, según dejó entrever Berger, uno de los asesores más estrechos de Clinton.
Discrepancias
"China tiene varias caras -observó-. Hay sectores que se resisten al cambio. La detención de disidentes es habitual en ellos. Expresamos nuestro malestar. No recibimos una respuesta satisfactoria. Procuraremos aclarar las cosas, ya que están mirando hacia atrás al mismo tiempo que el presidente Jiang habla del siglo XXI."
Es una definición dura y difícil a la vez que demuestra que los chinos no reparan en Clinton si algo afecta su rígido esquema de gobierno. Los norteamericanos fueron sorprendidos antes de partir por el rechazo al pedido de visas de tres periodistas de Radio Free Asia, propiedad del gobierno. Y, poco antes de que arribaran, por la detención de tres disidentes y la persecución de otros.
"Es inaceptable -señaló Berger-. El presidente Clinton y yo, en distintos niveles, expresamos nuestras discrepancias. Creo que China está por dar un paso hacia la integración en la comunidad internacional, pero, a la vez, subsiste aquí el miedo al futuro."
La manzana de la discordia
Derechos humanos figura con letras mayúsculas en la agenda que desarrollarán hoy Clinton y Jiang en el Palacio del Pueblo, sede del gobierno de Pekín. Lo que no garantiza que el visitante obtenga la respuesta que espera de su anfitrión.
También hablarán de Taiwan, cuya independencia no tolera China y resguardan los Estados Unidos, y de la no proliferación nuclear, como correlato de los peligrosos ensayos de Paquistán y de la India.
No será una bomba, pero la participación de Clinton en el acto de recepción que se hará en la plaza Tiananmen es, en esencia, la manzana de la discordia en Washington. Aceptó ir por tratarse de una regla de oro del protocolo chino: allí reciben a los mandatarios extranjeros.
"Sería erróneo de mi parte no tomar en cuenta las continuas dificultades con los derechos humanos y políticos -esgrimió Clinton-. Espero honrar la ceremonia y reflejar lo que creo, lo que los Estados Unidos representan."
El conflicto por los disidentes beneficia y perjudica a Clinton. Lo beneficia, de las puertas para afuera, porque confirma que la democracia es la única alternativa posible. Y lo perjudica, de las puertas para adentro, porque confirma que los cuestionamientos de los republicanos, por haber recibido fondos de aquí para su reelección, por haber permitido la transferencia de tecnología militar sensible y por haber mantenido el status comercial de nación más favorecida para China, no promovieron un mayor respeto a los derechos humanos.
Solicitadas
En las últimas semanas, unos 70 disidentes firmaron solicitadas en los diarios a través de las cuales pedían reunirse con él. Algunos de ellos están hoy en prisión. Porque la cúpula comunista china, precavida, fortaleció la vigilancia de aquellos que tuvieran la mala idea de dejar volar, justo ahora, sus anhelos democráticos.
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