Colombia: éxodo de campesinos por la ola de violencia
Todos los años, millones dejan sus tierras
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BOGOTA.- Hace 80 años los campesinos colombianos eran el 70% de la población del país; hoy son poco menos del 24%. La guerra es el principal motivo para que abandonen sus tierras o dejen de producir.
Un censo de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) reveló que de los 15,5 millones de campesinos que existían en 1990 en Colombia, por lo menos 5 millones abandonaron el campo o las labores agrícolas en los últimos 10 años.
La pelea por tierras entre la guerrilla y los paramilitares ha sacado, literalmente, de sus parcelas, en el último lustro, a más de 2 millones y medio de campesinos en la zona andina, los llanos y el sur del país.
"Sólo les importa salvar sus vidas y llegan a las ciudades con las manos vacías. Generalmente no encuentran ni trabajo ni vivienda", dice Ramiro Gutiérrez, asesor de la ANUC.
Este desplazamiento masivo de población rural productiva generó en la última década un fenómeno de abandono de tierras que, hoy, abarca una zona de 1.750.00 hectáreas. En la mayoría de los casos, esas extensiones, según Gutiérrez, son ocupadas por los grupos armados. El copamiento de tierras es parte de su estrategia de control y de guerra de posiciones.
"En menos de diez años Colombia ha sufrido una transformación en la estructura de la tenencia de la tierra más importante e intensa que la de todo el siglo XX", afirmó el investigador social Carlos Baquero.
"Eso es mucho decir, si se tiene en cuenta que en ese siglo se sucedieron los fenómenos de colonización y de ampliación de la frontera agrícola más determinantes de la historia colombiana. Sólo en 1990, con las 17 masacres grandes y pequeñas que se perpetraron en pueblos y campos del país, el número de minifundios que cambiaron de dueño fue mayor que en los primeros 40 años del siglo XX", agregó Baquero.
Paralelamente a la violencia, además, crece el oportunismo de numerosos terratenientes que se valen del terror que dejan los grupos armados para comprar terrenos a muy bajo costo. Aunque nadie tiene una cifra estimativa de cuántas tierras han sido adquiridas de esta forma, en César, en Córdoba, en el norte de Santander, en zonas del sur de Bolívar y en toda la Orinoquia hoy se consiguen tierras por la mitad de lo que costaban hace una década.
Dos indicadores claros de la magnitud de la crisis del campo son la deuda campesina con el sector financiero y el desempleo rural. En mayo de este año, por ejemplo, los pequeños productores tenían una deuda vencida con el Banco Agrario de Colombia de millones de dólares.
Por su parte, el empleo rural no ha crecido en lo más mínimo. La ocupación en el campo se ha mantenido en 5858 puestos de trabajo en los últimos cuatro años. Lo peor es que el poder adquisitivo del campesino tampoco crece.
Apertura y piquetes
"Aunque la apertura económica es señalada como una gran responsable de la crisis de hoy, esto es sólo parcialmente cierto. El agro colombiano nunca ha sido próspero realmente. La apertura sólo ahondó problemas muy viejos", dijo Baquero.
Arturo Isaza Correa, secretario ejecutivo de la ANUC, aceptó que el atraso en el sector agrario lleva más de 30 años. "Y así es imposible ser competitivos", afirmó.
Casos para ilustrar esto hay en abundancia. En 1999, por ejemplo, en La Guajira se perdieron más de 100 mil toneladas de yuca porque no se pudieron comercializar a tiempo por el estado de las vías. El secretario de Agricultura de Santander, Fernando Díaz Ariza, contó que en la región de Guane, este año, se perdió el 80% de las cosechas de tabaco y frijol, por la falta de un buen sistema de riego.
En lo que claramente la apertura económica sí tuvo una enorme responsabilidad fue en la competencia imposible que les generó a muchos productos colombianos. El algodón es un buen reflejo de ello. En Bolívar, su producción pasó de las 5000 hectáreas que se cultivaban en 1993 a 500 el año pasado. Lo cierto es que en el último lustro Colombia terminó importando granos, verduras y hortalizas que antes producía a gran escala, como frijol, papa, maíz y arroz. El año pasado se compraron en el exterior 7 millones de toneladas de alimentos.
La situación de los campesinos colombianos, que se ha agravado en los últimos diez años, lapso en el cual los reclamos de este sector han producido más de cien huelgas y marchas de protesta, desembocó esta semana en un paro nacional agrario.
El movimiento, iniciado el último martes, dejó dos campesinos muertos, más de cien personas heridas -la mayoría miembros de la policía antimotines, responsable de despejar por la fuerza las carreteras-, así como varios dirigentes detenidos.
Desconocidos secuestran a 12 labriegos
BOGOTA.- Por lo menos doce campesinos fueron secuestrados ayer por varios hombres armados que irrumpieron en la localidad colombiana de Sucre, 930 kilómetros al norte de Bogotá.
Un funcionario de la alcaldía de Sucre señaló que los labriegos fueron capturados por unos diez individuos que vestían trajes militares y portaban metralletas y pistolas, pero dijo que desconocía si el múltiple secuestro fue obra de los paramilitares de ultraderecha o de los guerrilleros comunistas que operan en la región.
Por su parte, el coronel Carlos Arévalo, jefe del comando antisecuestros del Ejército (Gaula), declaró que los delincuentes capturaron a los campesinos tras confrontar sus identidades con las de una lista que llevaban y que el hecho no tenía móviles extorsivos.
"No se ha podido establecer todavía si se trata de autodefensas (paramilitares) o de algún grupo subversivo, de todas formas es un secuestro que llama la atención porque las víctimas son todas personas de la localidad y de bajos ingresos económicos", dijo el coronel Arévalo a la cadena Radionet.
Al respecto, el ejército descartó que se pretenda "exigir rescate".
Tropas de la infantería de marina buscan desde ayer a los secuestrados en la zona de Sucre.
En medio del sangriento conflicto que vive Colombia, que deja un promedio de 3500 muertos por año, los campesinos son blanco de paramilitares y guerrilleros que los acusan de apoyar a los grupos rivales.
El año pasado fueron secuestradas 3700 personas en el país, la mitad de ellas a manos de los rebeldes, según estadísticas oficiales.
Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, paramilitares), con 8000 combatientes, libran una guerra a muerte en diversas regiones del país con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional, que incluye ataques contra campesinos y otros civiles ajenos al conflicto, pero a los que cada bando percibe como posibles auxiliadores del rival.
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