
Colombia y el estigma imborrable de la silla vacía
En enero de 1999, recién iniciado el diálogo de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana, "Manuel Marulanda" decidió no presentarse en la mesa de negociación instalada en San Vicente del Caguán. El jefe histórico del grupo armado alegó razones de seguridad para ausentarse, pero más tarde se supo que no atendió la cita para no dar por sentado que el fin del conflicto estaba a la vuelta de la esquina. Los colombianos se refieren siempre a aquel desplante como "la silla vacía", un estigma para emprender nuevos procesos de paz.
Tras el fracaso de las negociaciones del Caguán, el conflicto armado recrudeció, las FARC se rearmaron y no concretaron ningún acuerdo humanitario hasta varios años después, con la entrega de medio centenar de rehenes por unos 500 guerrilleros presos. El horizonte de la paz se desvaneció.
Pero los golpes militares recibidos en los últimos años, las caídas de los principales jefes guerrilleros y las continuas deserciones llevaron a la cúpula de la guerrilla a un cambio de estrategia. Sin abandonar los ataques armados ni el negocio del narcotráfico, el nuevo líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", ha insistido varias veces en la necesidad de instalar una mesa de negociación con el gobierno de Juan Manuel Santos. La liberación ayer de los diez últimos rehenes uniformados en poder de las FARC y el reciente anuncio de poner fin a los secuestros podrían ser vistos como pasos en busca del diálogo. Sin embargo, Timochenko, que asumió la jefatura militar de la guerrilla tras la emboscada mortal sufrida por "Alfonso Cano" en noviembre, no ha decretado el cese de los ataques armados, una de las condiciones sine qua non impuestas desde la Casa de Nariño para reanudar las conversaciones.
A pesar de los últimos asaltos guerrilleros y de los golpes militares sufridos por las FARC en Arauca y Meta (con la caída de varios jefes intermedios), es decir, a pesar de que prevalece todavía un escenario de guerra, los rumores sobre un horizonte cercano de paz no dejan de aflorar. Según el periodista venezolano Nelson Bocaranda (que reveló el cáncer que padece el presidente Hugo Chávez), uno de los motivos del reciente viaje de Santos a Cuba fue hablar con Raúl Castro y con Chávez sobre una posible mediación de sus gobiernos en una hipotética negociación con la guerrilla. En la misma línea, el diario colombiano El Espectador sugirió que los movimientos por la paz ya han comenzado y que el gobierno de Santos habría enviado a algunos emisarios a tantear las posibilidades de un alto el fuego con el propio Timochenko en la frontera con Venezuela.
"Hay muchos rumores, entre ellos el supuesto interés de algunos gobiernos para ejercer como mediadores en una posible negociación, pero gestos como el de la liberación de rehenes, aunque muy significativos, no son suficientes por parte de las FARC. Hay que ser muy prudentes porque este gesto no significa el inicio del diálogo de paz", subrayó desde Bogotá Alfredo Rangel, director de la fundación Seguridad y Democracia.
Para Rangel, Timochenko todavía no ha creado el clima propicio para un acercamiento de posiciones. "La guerrilla debe cesar las acciones hostiles contra la población civil y el ejército, alejarse del narcotráfico y dejar de reclutar a menores; ésas son condiciones indispensables del gobierno que todavía no se han cumplido y que abonarían el camino hacia un diálogo de paz", explicó Rangel.
Hay quien, sin embargo, vislumbra un horizonte de negociación a corto plazo. Pedro Vargas, especialista en resolución de conflictos, escribió ayer en el diario El Tiempo que el gobierno de Santos debería invitar a los jefes guerrilleros a una mesa de diálogo sin imponer a la guerrilla una rendición previa. "Las FARC no van a permitir que el gobierno las haga ver derrotadas ni que su negociación se perciba como una rendición, por lo que el gobierno tiene que idear la forma para que esto no se vea de esa manera si quiere que el conflicto termine en una solución política a corto plazo", sostiene Vargas.
Carlos Eduardo Jaramillo, que fue consejero de paz durante el gobierno de César Gaviria (1990-94), ha ido más lejos al afirmar que los contactos informales entre la guerrilla y el gobierno ya se han producido. "Creo que el presidente está haciendo bien en manejar eso [los contactos] en la mayor reserva (?) Si se da un proceso de acercamiento es bueno que se haga directamente entre guerrilla y gobierno, sin nadie más en la mesa y en la mayor reserva", declaró Jaramillo hace unos días a Radio Caracol.
Timochenko y los jefes de las FARC saben que la vía de la lucha armada ya sólo representa una huida hacia adelante y que más tarde o más temprano el ejército los derrotará en el campo de batalla. Santos y sus generales saben que la guerrilla más antigua de América latina no va a entregar las armas sin una "salida digna" a su medio siglo de historia. Pero la desconfianza entre las partes es todavía muy grande. Y el estigma de la silla vacía continúa marcando el camino hacia la paz en Colombia.
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