Como el efecto de una bomba
Brasil intenta evitar una ruptura que lo deje "aislado" de Bolivia y Venezuela
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SAN PABLO.- Las palabras de Evo Morales en Viena, con ataques, críticas e ironías contra Luiz Inacio Lula da Silva, cayeron en Brasil con el efecto de una bomba: de tan estridentes, dejaron al gobierno casi sin capacidad de reacción.
Las durísimas declaraciones de Morales, representante de un país con una economía 50 veces menor que la brasileña -casi 10.000 millones de dólares de PBI del primero, contra casi 500.000 millones del segundo- fueron algo así como la escena de un niño de cinco años pegándole a Mike Tyson.
Forzado por las declaraciones de Morales a conceder una conferencia de prensa en Viena, el canciller brasileño, Celso Amorim, demostró que el gobierno de Lula está intentando evitar a toda costa una ruptura que deje a Brasil "aislado" de Bolivia y Venezuela, posibilidad que ambos países parecen estar incentivando, menospreciando cada vez con más frecuencia las posturas moderadas de Lula.
"Prefiero creer que no se estaba refiriendo a Petrobras", dijo Amorim, sobre las palabras más que directas de Morales, que acusó a Petrobras de actuar ilegalmente en Bolivia. Según Amorim, Brasil "lamenta y se extraña" con las declaraciones de Morales. Y advirtió que si las acusaciones continúan, el lamento hasta puede transformarse en indignación. La amenaza puede haber hecho reír a Morales.
"Brasil no es rehén del gas boliviano", le había dicho a LA NACION el asesor de Asuntos Internacionales de Lula, Marco Aurelio Garcia. La posición temerosa que viene tomando Brasil ante la avanzada de Morales, así como el dato concreto de que el 50 por ciento del gas que Brasil consume proviene de Bolivia, insinúan que Garcia puede haberse equivocado.
Si como publicó la última edición de la revista inglesa The Economist, Lula fue "humillado por Hugo Chávez" con sus avanzadas en América del Sur, ahora se sumó Morales para aumentar la humillación.
La ironía de Morales, de que Lula no estaba siendo ubicable antes de la nacionalización, pero que después de la medida se volvió fácil encontrarlo, fue una provocación. Y la no inclusión de Brasil entre los países que ayudan a Bolivia fue la oficialización de que ambos países ya no están en la misma sintonía política. Al menos no la misma de Chávez, que ya visitó siete veces Bolivia desde la victoria de Evo Morales.
Ya el revisionismo histórico ostentado por Morales sobre la forma en que en 1903 un pedazo del territorio de Bolivia se convirtió en el actual estado brasileño de Acre fue una demostración de que el presidente boliviano tiene algunas cuentas pendientes con Brasil que no está dispuesto a que sean olvidadas.
Ruego
"Espero que siga valiendo lo que está en la nota", dijo casi en un ruego, emitido en un comunicado de prensa, el ministro de Minas y Energía de Brasil, Silas Rondeau. Se refería al acuerdo de buscar una "compensación negociada" para la estatal brasileña Petrobras, como efecto de la nacionalización de la explotación de gas en Bolivia.
Las estocadas de Morales sorprendieron a los dirigentes del gobierno brasileño en Viena y en La Paz, donde las autoridades de Petrobras están negociando en un ambiente de máxima tensión.
No es la mejor posición negociar siendo acusado de practicar "actividades ilegales", "contrabando" y "violar la Constitución boliviana", como hizo ayer Morales desde Viena.
La campaña publicitaria de festejo por la presencia de 10 años de Petrobras en Bolivia, que se cumplen en los próximos días, tuvo que ser cancelada. Y nadie necesitó explicaciones.
Expropiación
Como una demostración de que las amenazas son en serio, ayer el gobierno boliviano inició el proceso de expulsión y expropiación de empresas ubicadas en la franja de 50 kilómetros de la frontera entre Brasil y Bolivia.
Personalmente, como un gesto simbólico, el viceministro de Tierras, Alejandro Almaraz, llegó a la maderera Caramanú, de propiedad de un brasileño y un boliviano, con una intimación para que dejen las tierras en un plazo máximo de 15 días. Otros 2000 agricultores brasileños, que trabajan sin papeles del lado boliviano, corren el riesgo de ser expulsados.
Según la agencia de noticias Estado, el gobierno brasileño advirtió que apenas en San Pablo hay 60.000 bolivianos, la mayoría de los cuales no está en situación legal. Si hay expulsiones de un lado, habrá expulsiones del otro, según advirtieron autoridades brasileñas.

