
Cómo esconderse, el otro desafío terrorista
Rafael Mathus Ruiz Para LA NACION
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NUEVA YORK.- Durante años, un equipo especial de agentes de la CIA intentó en vano develar el paradero de Osama ben Laden, en una búsqueda obsesiva que recién comenzó a encaminarse cuando, en vez de preguntarse dónde podía estar el criminal más buscado del planeta, se plantearon otro interrogante: cómo se comunicaba con los suyos.
De todos los lugares del planeta, esa pregunta condujo a los servicios de inteligencia a Abbottabad, una ciudad donde Ben Laden se escondía "a plena vista", como se dijo una y otra vez esta semana, en una casa fortificada, a metros de una academia militar, en un país al que Estados Unidos mira con desconfianza, pero es su aliado más importante en la región.
¿Qué llevó al fugitivo más buscado del planeta a ese lugar? ¿Qué elementos juegan a la hora de elegir dónde esconderse? La lista que brindaron a LA NACION cuatro expertos en inteligencia y contraterrorismo es extensa. Todo depende de lo que quiera hacer la persona, de cuánto dinero dispone, su red de contactos, si puede encontrar un país con infraestructura, estable, con un gobierno "amigo" o no, de las comodidades y la familiaridad que ofrece un lugar u otro, y hasta de qué cree que piensan las personas que están en la búsqueda.
Benjamin Friedman, analista del Instituto Cato, un centro de investigaciones conservador de Washington, cree que la decisión descansa, en gran medida, en la rutina diaria, en si el fugitivo decide huir y esconderse, o esconderse y mantener las mismas actividades que antes.
"Si sólo querés esconderte y tenés un pasaporte limpio, el mundo es tu ostra -dice-. Pero si querés mantener el control de tu organización, necesitás estar cerca de tu gente, comunicarte, mantener reuniones. Y no podés hacerlo por teléfono."
Encerrado, sin teléfono ni Internet, Ben Laden aún se las ingeniaba para mantener contactos con su círculo. Algo que, al final, le costó la vida.
Un fugitivo "en funciones" necesita un país que ofrezca cierta estabilidad, una infraestructura básica como para moverse sin problemas, y que, en una situación ideal, tenga un gobierno "amigo", o, si no, al menos una estructura de seguridad débil. No son muchos: Siria, Irán, Afganistán, Indonesia, Sudán, Liberia, algunas áreas del Líbano y, en el pasado, Libia, fueron los destinos nombrados, a los que se suma Paquistán.
"Se pensaba que Somalia sería una gran base, pero es un Estado fallido, y no es bueno para nadie, incluidos terroristas", opina Austin Logan, profesor de la Universidad de Columbia y ex analista del ejército norteamericano en Irak.
Hace un año, Logan estuvo en Abbottabad, durante un viaje de investigación por Paquistán y Afganistán. Nunca pensó que Ben Laden pudiera estar allí. "El sabía que Estados Unidos lo buscaba en un área tribal, que pensábamos que estaba en las montañas, así que fue a otro lado. Es brillante", afirma. Un lugar seguro es, a veces, el más improbable.
Logan hace hincapié en uno de los elementos determinantes a la hora de decidir dónde esconderse, más aún cuando moverse implica exponerse: la red de apoyo y de contactos. Y si, dentro de esa red, hay personas del gobierno, mejor aún.
"Claramente, si un Estado te asiste es la mejor forma de protección", apunta Fred Burton, vicepresidente de la consultora de inteligencia Stratfor y ex agente de contraterrorismo del Departamento de Estado.
Burton señala que, más allá de la tecnología y de los recursos, para encontrar fugitivos como Ben Laden es crucial contar con personas que aporten datos específicos, para lo cual se requiere cooperación entre los países. "Uno se apoya en esa cooperación. Es crítico. Sin eso, estás en problemas", apunta. Un país que no coopera, o lo hace, pero del que se desconfía, como es el caso de Paquistán, complica la búsqueda allí.
Hay, también, un elemento emocional: quienes se esconden buscan lugares familiares, donde se sienten cómodos, apuntó Burton, al recordar el caso de Eric Rudolph, responsable del atentado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, que por años se ocultó en los bosques de las montañas Apalaches, en Carolina del Norte. Saddam Hussein nunca abandonó Irak, y fue encontrado cerca de Tikrit, la ciudad donde nació.
Para Ken Gude, director del Center for American Progress, la idea de un refugio seguro ya no puede asociarse a la imagen de una cueva en el medio de una montaña remota. Nada más alejado de esas características que Abbottabad. "Una lección que sé que aprendimos es a no poner mucho énfasis en esas áreas", concluye.





