
Complica a Bush la filtración del nombre de una espía de la CIA
Se habla en EE.UU. de otro "caso Kelly"
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WASHINGTON.- Las críticas al gobierno norteamericano por la información de inteligencia usada para justificar la guerra de Irak se acumularon ayer y la Casa Blanca se vio obligada a negar que Karl Rove, uno de los principales asesores del presidente George W. Bush, estuviera involucrado en la polémica filtración del nombre de una agente de la CIA.
La controversia, que recuerda el caso del científico inglés David Kelly, se centra en la supuesta filtración a la prensa del nombre de una espía de la CIA, Valerie Plame, para vengarse de su marido, el ex diplomático Joseph Wilson. Este fue uno de los críticos más acérrimos de Washington por su denuncia de que Irak poseía armas de destrucción masiva.
The Washington Post informó ayer que altos funcionarios de la Casa Blanca fueron los responsables de divulgar la identidad de Plame, cuyo nombre apareció en una columna del periodista Robert Novak. Revelar el nombre de un espía en Estados Unidos puede implicar una condena de hasta diez años de prisión y, según la prensa, puede poner en riesgo la vida del agente secreto y la de otros.
La historia es complicada y recuerda el caso de Kelly, que se suicidó luego de que el gobierno inglés filtró su nombre como la fuente de un artículo de la BBC que acusaba a la administración de Tony Blair de manipular el informe sobre el arsenal de Saddam.
La administración Bush había encargado a Wilson, un ex embajador, que investigara los supuestos intentos del derrocado líder iraquí de adquirir uranio enriquecido en Níger.
Tras una misión en ese país, Wilson llegó a la conclusión de que esas acusaciones no tenían fundamento. Sin embargo, Bush las utilizó en su discurso sobre el Estado de la Unión, en enero, como justificación para atacar a Irak. Wilson entregó entonces a la prensa los resultados de su misión, que contradecían las afirmaciones del presidente. Para vengarse, la Casa Blanca habría hecho saber que su esposa trabajaba para la CIA.
Basándose en esa fuga de información, Novak, editorialista de The Washington Post, escribió el 14 de julio pasado que "Joseph Wilson jamás trabajó para la CIA, pero su mujer, Valerie Plame, sí es funcionaria de esta agencia como especialista en armas de destrucción masiva".
Rechazan las acusaciones
Ayer, el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, rechazó las acusaciones contra el gobierno y dijo que Bush "considera que si alguien transmitió informaciones consideradas secretas, y sobre todo de esta naturaleza, ello será analizado y objeto de una profunda investigación".
Sin embargo, descartó una investigación interna en la Casa Blanca y señaló que el Departamento de Justicia era el ministerio "apropiado para investigar esos temas".
The Washington Post indicó que, según Wilson, el responsable de la filtración sería Karl Rove, principal asesor político de Bush y considerado la "eminencia gris" en la estrategia de comunicaciones de la Casa Blanca, lo que fue rechazado por el vocero.
Los demócratas han aprovechado la ocasión para exigir que se lleve a cabo una investigación independiente y ajena al gobierno.
Este asunto se agrega a una polémica sobre un reciente informe de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes que cuestiona las informaciones de los servicios de inteligencia sobre el arsenal de Saddam, y que será divulgado esta semana en el Congreso.
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