
Con máscaras antigás todo el día, Israel aguardaba lo peor
En alerta máximo, el gobierno ordenó a la población protegerse
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JERUSALEN.– Nadie se fue a dormir tranquilo en Israel, pese a que el gobierno terminó de ajustar el plan de defensa bélico más impresionante que un país haya visto nunca para enfrentar un ataque enemigo cuyas posibilidades de concreción insiste en calificar como “prácticamente nulas”.
De todos modos, si el temido ataque se produce, los israelíes saben lo que ocurrirá: sonarán sirenas de alarma y eso significa que deben colocarse las máscaras antigás –que ya se les ordenó llevar consigo las 24 horas del día– y correr a los sitios sellados (públicos o en sus viviendas) para contrarrestar el efecto de armas químicas o bacteriológicas.
También en ese mismo instante se activará el costoso escudo antimisiles único en el mundo que protege desde hace semanas el cielo de Israel.
Desde poco antes de la medianoche, la fisonomía de los israelíes cambió por completo. Fue cuando recibieron la orden de abrir los envases de sus máscaras antigás y no separarse de ellas en ningún momento, como un nuevo apéndice de su cuerpo. Pueden llevarla en el bolso, en el bolsillo o bajo el brazo, pero siempre a mano y lista para usar.
Tal recomendación figura en el tope de las medidas de defensa civil y se adoptó apenas se supo de movimientos bélicos en la frontera con Irak, pocas horas antes de vencer el ultimátum de George Bush.
Su adopción implica un enorme costo para el presupuesto israelí porque, desde el momento de su apertura, empieza a correr la vida útil de esos seis millones y medio de máscaras, que deberán renovarse en caso necesario.
Pese a los enormes aprestos de defensa, el recuerdo de la Guerra del Golfo pudo más y ayer por la tarde se vieron largas caravanas que abandonaban las ciudades de Haifa y Tel Aviv, las más atacadas por los misiles iraquíes durante aquel conflicto.
Miles de personas se refugiaron en zonas consideradas “más seguras” cerca del Mar Muerto –donde una habitación de hotel llegó a los 330 dólares diarios por la alta demanda– o, directamente, en el exterior, según se vio en el aeropuerto Ben Gurión. Hacia allí convergieron inmigrantes de distintas nacionalidades, que contrataron vuelos especiales para regresar a sus países de origen.
“No tiene sentido que abandonen sus casas, hemos tomado todas las precauciones”, dijo por radio y sin mucho éxito el general Amos Gilead, cuya misión oficial en esta emergencia es “llevar calma” a la población.
La amenaza terrorista
El impresionante despliegue defensivo hizo que el país entero pareciera inmerso en un gigantesco operativo. El primer ministro Ariel Sharon dispuso “alerta máximo” para los bombarderos de la fuerza aérea, que permanecen listos para responder a cualquier incursión hostil.
“Israel no participa en esta guerra, pero le deseamos toda la suerte a los Estados Unidos, que libra una batalla contra el terrorismo”, dijo.
Todo el ejército y la policía están movilizados, y contrariamente a lo anunciado, se multiplicó por diez el llamado a personal civil de reserva: el millar citado hace un par de días se elevó ayer hasta 11.000 personas. Lo más costoso del despliegue es el escudo aéreo tejido con baterías de misiles Patriot y Arrow. Cubren los 30.000 kilómetros cuadrados de cielo israelí.





