Conducir sin señales, una idea revolucionaria que seduce a Europa
Demostró su eficacia en Holanda
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DRACHTEN, Holanda.- "Quiero llevarla a dar un paseo a pie", dijo Hans Monderman, al frenar abruptamente su auto y empezar a caminar bajo una lluvia que calaba los huesos.
Como un naturalista dirigiendo una excursión por la selva, Monderman indicó el camino hacia una intersección de calles de mucho tránsito en el centro de la ciudad, donde varias cosas curiosas inmediatamente se hicieron patentes.
El lugar no sólo era casi llano, sin semáforos, carteles ni señalizaciones, sino que no había una división entre la calle y la vereda. Se trataba, básicamente, de una plaza lisa pavimentada. Pero pese al trazado aparentemente anárquico, el tránsito -un paso constante de camiones, autos, colectivos, motos, bicicletas y peatones- se desplazaba fluida y fácilmente, como si estuviese dirigido por un inspector invisible.
Cuando Monderman, ingeniero vial y diseñador de la intersección, deliberadamente cruzó la calle sin mirar, los conductores frenaron para darle paso. Nadie le tocó bocina ni lo insultó por la ventanilla.
"¿Quién tiene prioridad de paso?", preguntó. "No importa. Aquí las personas tienen que encontrar la solución entre sí, y usar la cabeza."
Utilizada por unos 20.000 conductores de vehículos por día, la intersección forma parte de una revolución del trazado vial que encabeza Monderman, de 59 años. Su obra en Friesland, el distrito del norte de Holanda que incluye a Drachten, es considerada como el tránsito del futuro en Europa.
España, Dinamarca, Austria, Suecia y Gran Bretaña están haciendo pruebas con diversas variantes del tema del espacio compartido. La Unión Europea (UE) designó una comisión de especialistas, entre los que figura Monderman, para desarrollar un estudio en toda Europa.
La filosofía de Monderman es sencilla, aunque contraria a la intuición. El ingeniero vial sostiene que para que las comunidades sean más seguras y atractivas primero se debe eliminar la tradicional parafernalia del tránsito. Es decir, los semáforos y carteles que indican la velocidad; las señales que indican que el conductor debe parar o aminorar la marcha, las líneas que separan los carriles, e incluso los indicadores de lomas de burro, velocidad máxima, sendas para bicicletas y cruces peatonales.
Según Monderman, manejar se vuelve más seguro sólo cuando hay más peligro en el tránsito y los conductores dejan de mirar los carteles y comienzan a mirarse entre sí.
"Esos carteles les comunican a los conductores cuál es su espacio. Les dice que todo se ha organizado de manera que si se comportan o proceden consecuentemente, nada malo podrá sucederles", explicó Monderman. "Sin embargo -añadió-, allí está el error."
La intersección de Drachten es un ejemplo del concepto de "espacio compartido", un cruce de calles donde los vehículos y los peatones son iguales, y el nuevo diseño vial muestra a los conductores lo que deben hacer.
"Se trata de apartarse de las leyes del tránsito tradicionales en virtud del concepto de espacio que, por la forma en que está trazado y configurado, deja en claro qué clase de comportamiento se prevé", señaló Ben Hamilton-Baillie, especialista británico en diseño y tránsito urbanos e impulsor de muchas ideas similares.
Las rutas y autopistas -donde el automóvil naturalmente es el rey- forman parte del "mundo del tránsito" y de otra cuestión. A juicio de Monderman, las planificaciones del espacio compartido prosperarán sólo junto con sistemas bien organizados y regulados.
Monderman es un hombre con una misión. Durante un recorrido en automóvil por la región de Friesland mostró lugares que él había logrado mejorar, incluyendo una localidad en la que fueron eliminadas las veredas, las señales de tránsito y los cruces peatonales en el espacio de la principal calle comercial, que fue totalmente pavimentada.
En ese momento, una mujer mayor cruzó lentamente a pie justo delante de su auto. "Este es un espacio social, de modo que si pasa la abuela, uno para, porque eso es lo que hacen habitualmente los seres humanos amables", dijo Monderman.
Son cada vez más los planificadores urbanos y periodistas que peregrinan a conocer a Monderman, considerado uno de los grandes innovadores en ese campo, pese a que hasta hace pocos años era casi desconocido fuera de Holanda.
Hamilton-Baillie, cuyos artículos ayudaron a promover la obra de Monderman, recuerda con afecto la primera vez que lo visitó. Monderman lo llevó hasta una angosta ruta de campo desde donde se veían vacas por todas partes. La presencia vacuna estaba destacada por una gran señal de tránsito con la imagen de una vaca.
Hamilton-Baillie recordó que en ese momento Monderman había exclamado: "¿Y qué esperan encontrar aquí?, ¿canguros? Lo tratan a uno como si fuera un perfecto idiota. Y si a uno lo tratan como un perfecto idiota, uno se comportará como tal", dijo.
"Estábamos frente a alguien que había vuelto a analizar muchas cuestiones desde cero", dijo Hamilton-Baillie. "Esencialmente -continuó-, lo que todo esto significa es una transferencia de capacidad y responsabilidad del Estado al individuo y a la comunidad."
"En los años 70, Monderman trabajaba como ingeniero civil en la construcción de rutas cuando el gobierno holandés, alarmado por el considerable aumento de accidentes viales, instaló una red de oficinas de seguridad para el tránsito y lo nombró a cargo de la de Friesland.
En los barrios residenciales, Monderman comenzó a angostar los caminos y a incorporar motivos de diseño, como árboles y flores, playones pavimentados e incluso fuentes para desalentar la alta velocidad, siguiendo el principio ahora conocido como apaciguamiento psicológico del tránsito, en el que el comportamiento respeta el trazado vial.
Con cierto nerviosismo incursionó por primera vez en el concepto de espacio compartido en un pequeño pueblo cuyos habitantes estaban perturbados porque se lo utilizaba como lugar de paso diario de 6000 vehículos a alta velocidad. Cuando Monderman eliminó las señales, los semáforos y las veredas, los automovilistas comenzaron a manejar con mayor prudencia. A las dos semanas, el promedio de la velocidad en ese lugar de paso se había reducido a la mitad.
En realidad, según dijo, nunca hubo un accidente fatal en ninguno de los caminos trazados por él.
Varios estudios anteriores confirman el argumento de que los espacios compartidos son más seguros. En Inglaterra, el distrito de Wiltshire comprobó que suprimir la línea central de un tramo de ruta reducía la velocidad entre los automovilistas sin que se produjeran más accidentes.
Monderman reconoce que el diseño vial sólo es favorable hasta cierto punto. Por ejemplo, no modifica la actitud del 15 por ciento de los conductores de vehículos que se comportan incorrectamente sin importar las normas. Los trazados del espacio compartido tampoco son aptos o apropiados en cualquier parte, como en los grandes centros urbanos, sino sólo en barrios que se amoldan a ciertos criterios particulares. Hace poco, varios padres ricos le pidieron que ensanchara el camino de dos carriles que lleva a la escuela de sus hijos, ya que era demasiado angosto para lo que el ingeniero burlonamente definió como "esos autos gigantescos". El se negó, argumentando que la culpa no era del camino, sino de la dimensión de los autos.
Traducción de Luis Hugo Pressenda




