
Conmoción en Brasil por el asesinato de un niño de seis años
Lo arrastraron dos ladrones en un auto
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RIO DE JANEIRO (AFP).- La muerte de João Hélio Fernandes, un niño de seis años que fue arrastrado 7 kilómetros por ladrones que conducían un auto robado en el norte de Río de Janeiro, causó ayer rabia e indignación entre los brasileños, que reclamaron normas penales más duras a través de Internet y de los canales de televisión.
Los delincuentes asaltaron el auto en que viajaba el pequeño João junto a su madre y su hermana de 13 años en un suburbio de Río. La madre fue obligada a dejar el volante y antes de que consiguiese desabrochar el cinturón de seguridad del niño, que iba en el asiento trasero, un ladrón arrancó el vehículo a alta velocidad.
Así, el niño quedó colgando fuera del coche, que recorrió 7 kilómetros durante casi 15 minutos antes de que el automóvil fuera abandonado por los delincuentes con el pequeño muerto. "No hay otras palabras para definirlos: son monstruos", dijo Hércules Pires, comisario del 30º Departamento de la Policía Militar (PM), a cargo del caso que acapara la atención del país.
Anteayer fueron detenidos tres jóvenes sospechosos, pero la policía mantuvo en prisión a dos, de 18 y 16 años, que habrían admitido haber cometido el crimen la noche anterior y está buscando a un prófugo. El carácter del delito -que se produjo cuando se desarrolla una intensa ola de violencia en Río, protagonizada por narcotraficantes y paramilitares- podría costarle hasta 30 años de prisión al detenido mayor de edad. Para el menor, la pena sería de hasta tres años en un correccional.
"No vi al niño del lado de afuera", declaró Diego Nascimento Silva, el ladrón de 18 años, tras ser arrestado. Sin embargo, el comisario Pires sostuvo que el auto corrió en zigzag para desprenderse de João.
Fue el mismo padre de Silva, Keginaldo Marinho, un portero de escuela de 35 años, quien decidió entregar a su hijo a la policía. Ayer declaró a la TV que su casa fue apedreada y que la familia ha recibido amenazas. "No es justo. Todos saben que soy digno y pido que nos dejen en paz", dijo, llorando, ante cámaras.
El presidente de la Asociación Nacional de Procuradores de Brasil, Nicolao Dino, dijo ayer en Brasilia que la sociedad debe exigir penas más duras para crímenes de este tipo. También pidió cambios el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, que reclamó más autonomía de los estados para "decidir sobre cuestiones penales". Por su parte, el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos católicos de Brasil (CNBB), Geraldo Majella, condenó el crimen, pero rechazó un endurecimiento de las penas.
Ayer, habitantes de Río comenzaban a congregarse con velas en las calles para reclamar un freno a la violencia.





