Corpus Christi
Por Mario Diament
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MIAMI.- A primera vista, Nueva York parece el lugar del planeta menos permeable a la censura religiosa o moral. Pero la reciente decisión de un teatro de Broadway de cancelar el estreno de la última obra del dramaturgo Terrence McNally a raíz de amenazas de un grupo extremista católico, desnudó algunos resquicios.
McNally, ganador de tres premios Tony y autor, entre otras obras, de "Master Class" y de libros de musicales como "El beso de la mujer araña" y "Ragtime", es hoy el dramaturgo más exitoso del teatro norteamericano. Criado en el catolicismo y homosexual, ha sido con frecuencia un ácido crítico de la Iglesia, tanto como de las convenciones morales de la sociedad.
La obra en cuestión, titulada "Corpus Christi", cuyo estreno por el venerable Manhattan Theater Club estaba previsto para septiembre u octubre próximos, narra la historia de un joven llamado Joshua (Jesús) desde su nacimiento en un hotel mugriento en Corpus Christi, Texas, mientras una violenta orgía sexual tiene lugar en la habitación contigua, hasta su crucifixión como "rey de los maricas".
La historia sigue la línea narrativa de los evangelios y presenta a Joshua como un homosexual, que mantiene una larga relación sexual con Judas y varios de sus apóstoles.
Si bien el potencial explosivo del argumento es tan evidente como la metáfora, lo que añade una nota de absurdo a todo el episodio es que la controversia cobró intensidad a pesar de que apenas un puñado de personas ha leído el texto original, que el propio McNally afirma está aún incompleto y en permanente proceso de reescritura.
La polémica ha sido tan intensa, que el New York Post y el New York Times cruzaron editoriales; el conocido dramaturgo sudafricano Athol Fugard decidió retirar en protesta su obra más reciente, "El tigre del capitán", prevista para ser estrenada tras la de McNally, y algunos de los autores más prestigiosos del país, desde Arthur Miller hasta Edward Albee, salieron de su habitual reclusión para firmar una declaración condenando la cancelación.
Todo comenzó hace un mes, cuando el New York Post logró enterarse de lo que sucedió durante la primera lectura de la obra y publicó una crónica con el título: "Un Jesús gay podría tener un papel estelar en Broadway".
La difusión del contenido de la pieza provocó la protesta de una organización denominada Liga Católica por los Derechos Religiosos y Civiles, cuyo director prometió "lanzar una guerra que nadie olvidará" contra cualquier teatro que se atreviera a producirla. De ahí en más, el escándalo cobró vida propia.
El 2 de mayo, en un enérgico editorial, el Post calificó la obra de "golpe bajo". Aunque admitía no haberla leído, señalaba: "Por alguna razón, las sensibilidades religiosas -especialmente las católicas- son percibidas por la comunidad teatral como carentes de toda consideración. O, dicho de otra manera, como un excepcionalmente valioso y tentador objeto de burla y desprecio".
Pero lo que, al parecer, se decidió la cancelación de la obra, fue una sucesión de cinco llamados telefónicos, grabados en el contestador automático del teatro, donde una voz anónima amenazaba de muerte de McNally y a todos aquellos involucrados en la producción.
En una de estas llamadas, la voz anónima decía: "Este mensaje es para el judío culposo y homosexual Terrence McNally (McNally es, como se ha señalado, de origen católico). Por tu culpa exterminaremos a todos los integrantes del teatro y quemaremos el edificio hasta reducirlo a cenizas. Este es un mensaje del Movimiento de Seguridad Nacional de América. Muerte a los judíos de todo el mundo." Calificando la decisión de "un caso de seguridad y no de censura", la directora artística del teatro, Lynne Meadow, anunció la semana última la suspensión del proyecto.
Que un teatro del prestigio del Manhattan Theater Club se doblegue a las amenazas de un terrorista anónimo y cancele la producción de una obra de McNally no es el tipo de asunto que pueda pasar inadvertido en Nueva York. Al día siguiente del anuncio, toda la intelectualidad neoyorquina tenía algo que decir.
Diversos teatros, incluyendo el Williamstown Theater Festival de Massachusetts, uno de los más prestigiosos del país, se ofrecieron a montar la obra. El dramaturgo Jon Robin Baitz, que tuvo acceso al texto de McNally, afirmó: "La verdadera historia de este episodio es cómo la cohabitación entre la ultraderecha cristiana y la prensa amarilla han logrado generar una histeria que ha traído como consecuencia un silenciamiento cultural." Margaret O´Briend Steinfels, editora del Commonweal Magazine, se preguntó, en una nota de opinión, si la calidad de la obra justifica la ofensa que es capaz de provocar.
El New York Times se tomó dos días de reflexión, tras los cuales editorializó: "Lo que estamos presenciando, una vez más, es el peculiar combate entre libertades que repetidamente tiene lugar en América."
La reacción pública y las garantías provistas por la policía llevaron al teatro a revertir su decisión. El jueves último, la propia Meadow anunció que el MTC seguiría adelante con la producción de "Corpus Christi".
Las posibles moralejas de este episodio son varias, pero a juzgar por los pedidos de reserva de localidades que ya comenzaron a llover sobre la boletería del teatro, la más obvia es que no hay mejor campaña publicitaria que la estupidez de los censores.


