
Crecen en la UE las trabas a la inmigración
Cada vez son más los países que restringen la llegada de extranjeros; la xenofobia se convirtió en una poderosa arma electoral
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LONDRES.- Los inmigrantes que pretendan ingresar en Gran Bretaña pronto tendrán que saber mucho más que llenar formularios. Entre otras cosas, tendrán que saber cuántos hogares británicos tienen mascotas, qué incluye una tradicional cena de Navidad y dónde viven los cockneys. Esas cuestiones podrían formar parte de una "prueba de la idiosincrasia británica" que el gobierno propone como fórmula para controlar el flujo de inmigrantes mientras se encamina hacia una elección general.
Pero Gran Bretaña es tan sólo uno de los tantos países europeos en que los políticos se están concentrando cada vez más en la inmigración -y en los temores que genera- para seducir a los votantes. El partido laborista del primer ministro Tony Blair está haciendo proselitismo con el lema "Las fronteras de su país están protegidas", mientras la oposición sostiene que a los inmigrantes se les debe hacer un análisis de sida.
En los Países Bajos, miles de individuos que buscan asilo aguardan ser deportados; en Francia, el gobierno está considerando la creación de una fuerza policial especializada en la inmigración, y la coalición en el poder en Alemania procura denodadamente neutralizar la agitación provocada por los reclamos y denuncias sobre los flexibles procedimientos de otorgamiento de visas.
Las encuestas indican que los políticos están reflejando un ánimo popular antiinmigratorio, pero están en un aprieto: la mayoría de los estudios revelan que, debido a su bajo índice de natalidad, Europa necesita desesperadamente inmigrantes para el recambio de poblaciones más longevas. Un discurso en favor de la inmigración sería una pobre herramienta electoral cuando varios países de la UE tienen crónicas tasas de desempleo que superan el 10% y cuentan con sistemas asistencialistas que no dan abasto, a los que muchos consideran asediados por inmigrantes que viven de arriba.
"Esa percepción es falsa", señaló Anne Kershen, directora del Centro para el Estudio de las Migraciones, en el Queen Mary College, de la Universidad de Londres. "Mucha gente desinformada -añadió- dice que en Gran Bretaña hay demasiados inmigrantes. Pero si en Londres no hubiera esa cantidad de inmigrantes ilegales, la economía probablemente colapsaría."
En conjunto, casi el 8% de la población de Europa occidental nació en el extranjero. En Alemania, la cifra ronda el 9% y en Gran Bretaña el 8%, pero en las encuestas la mayoría de los británicos se aventura a dar una cifra que, en promedio, llega al 20%. Y esa impresión errónea ha convertido a la inmigración en un importante tema de campaña con vistas a las elecciones de mayo.
El partido conservador, actualmente en la oposición, pide que a los inmigrantes se los someta a análisis de sida y tuberculosis y propone limitar su número cada año. Por su parte, el partido de Blair trata de promover la selección de inmigrantes calificados, hacer que los recién llegados aprendan inglés, y pasen por "la prueba de la idiosincrasia británica".
La prueba, ya en marcha para futuros ciudadanos, estará basada en "La vida en el Reino Unido: un viaje a la ciudadanía", un manual del gobierno para nuevos inmigrantes que abarca desde la fecha de la invasión normanda (1066) hasta cómo abrir una cuenta bancaria y pagar una factura telefónica. En un discurso el mes pasado, Blair atacó con dureza a la inmigración al expresar que "demasiada gente le hace una mala jugada al sistema y no juega según las reglas".
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y del 11 de marzo de 2004 en Madrid exacerbaron temores de larga data de diversos países europeos sobre los "extranjeros". Hace pocos meses, una encuesta realizada entre 25.000 habitantes de la UE reveló que el 54 % discrepó con la declaración de que Europa necesita inmigrantes, en tanto que el 43% estuvo de acuerdo.
Sin embargo, los economistas afirman que Europa definitivamente necesita inmigrantes. En todo el continente, la población vive más años y los índices de natalidad decaen. Según cálculos de las Naciones Unidas, Europa necesitaría 1.600.000 inmigrantes anuales durante los próximos 45 años para mantener su fuerza laboral activa en los niveles actuales.
En Gran Bretaña, hoteles, hospitales, pubs, la construcción y el campo dependen de trabajadores extranjeros para realizar tareas sumamente necesarias, pero mal pagas. Y lo mismo sucede en muchos otros países europeos.
Miles de emigrantes de países como Afganistán, Irak, y Somalia tratan de ingresar en Europa cada año. Pero dentro de la UE, también el éxodo procedente de países miembros relativamente pobres desvela cada vez más a las naciones más ricas, aun cuando el bloque tiene fama de ser un vasto mercado libre para la mano de obra y los productos (ver aparte).
El año pasado, la UE admitió a 10 nuevos Estados miembros, en su mayoría ex países comunistas del centro y el este de Europa. En medio de las crónicas alarmantes de la prensa amarilla sobre la posibilidad de que ingresaran millones de emigrantes del Este, la mayoría de las naciones impuso restricciones a la llegada de trabajadores oriundos de los nuevos socios.
Los intentos por coordinar la política inmigratoria dentro de la actual UE están avanzando lentamente. Los ministros están analizando la posibilidad de aplicar un sistema de green card, al estilo de Estados Unidos, para atraer inmigrantes de mano de obra calificada. Pero en todo el continente, los partidos nacionalistas de signo extremo como el Bloque Flamenco, de Bélgica, y el Frente Nacional, de Francia, ganaron terreno en las urnas aprovechando los temores de una posible invasión de inmigrantes y refugiados.
Jean-Marie Le Pen, líder del Frente Nacional, sumió a Francia en el estupor al lograr una segunda vuelta electoral contra Jacques Chirac en las elecciones presidenciales de 2002. Le Pen fue condenado seis veces por racismo o antisemitismo, la última vez el mes pasado, debido a que en una entrevista con un diario expresó que una creciente población musulmana significaba que pronto "los franceses deberán andar con la cabeza gacha, y caminar por las veredas mirando el piso".
Los partidos moderados, si bien eluden un discurso visiblemente xenófobo, se hicieron eco de algunas de los recelos de la extrema derecha y sostienen que, para prevenir una agitación antiextranjera, deben establecer políticas rigurosas contra la inmigración ilegal. "Jamás conservaremos la nación pluralista y tolerante de la cual podemos estar tan orgullosos a menos de que impongamos los estrictos controles que la mantengan como tal", dijo Blair.
En Francia, el gobierno de centroderecha propuso crear una fuerza policial de inmigraciones para impedir que los extranjeros ingresen ilegalmente en el país. Una nueva ley inmigratoria entró en vigor en Alemania el mes pasado con el propósito de incentivar el ingreso de inmigrantes más capacitados. Y en los Países Bajos, donde una de cada cinco personas es un inmigrante de primera o segunda generación, una reacción antiinmigratoria brotó en noviembre pasado con el asesinato del director de cine Theo van Gogh, presuntamente cometido por un extremista musulmán.
El gobierno holandés, de derecha, introdujo políticas para disuadir a futuros inmigrantes, como elevados aranceles de las visas, restricciones a los casamientos con extranjeros y clases de integración obligatorias. Y se comprometió a deportar de aquí a mediados de 2007 a 26.000 refugiados que buscaban asilo y cuya solicitud fue rechazada.
Traducción de Luis Hugo Pressenda
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