Damien Hirst: el titán de la pintura británica

El artista de 46 años, que alcanzó la fama con su arte de animales disecados, ahora pinta lunares en telas que se venden a un millón de dólares, en promedio
Guillermo Pereira Poizon
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28 de enero de 2012  • 16:40

Si hay una anécdota que pinta de cuerpo entero la devoción del mercado por Damien Hirst, es la de los US$ 200 millones que obtuvo en una subasta unipersonal , el día después de la quiebra de banco de inversión Lehman Brothers, el punto de partida de la crisis económica global, en septiembre de 2008.

Ese día, este joven artista inglés de 46 años que se hizo famoso por su arte de animales disecados, vendió en la célebre tienda de Sotheby´s , en Londres, 223 obras entre las que sobresalían una cebra, un unicornio, un tiburón tigre y una especie de toro sagrado , todos ellos conservados en formol. Su éxito en aquella jornada quebró el récord para obras de un solo artista, que tenía Picasso desde 1993, cuando 88 de sus obras recaudaron 20 millones de dólares.

Luego de ese punto tan alto, los precios de este artista inglés -del que muchos dicen que sigue los pasos de Andy Warhol- disminuyeron un tercio. Pero al más prominente exponente del llamado Young British Artists (jóvenes artistas británicos o YBA por sus siglas en inglés), que posee una fortuna calculada en más de 1.000 millones de dólares, eso no le interesa demasiado y continúa trabajando en su inmenso taller con cerca de 40 ayudantes a quienes les indica el tamaño y los matices de los colores para los lunares que se multiplican en sus grandes telas.

En su reducto creativo trabaja con dos técnicas: Spot paintings , un patrón de puntos en un cierto orden geométrico, de diferentes tonos, sobre un fondo blanco, y Butterfly paintings , mariposas volando sobre lienzos de colores. Los diseños asombran por su simpleza. "Siempre he sido un colorista, siempre he tenido un amor fenomenal por el color. Quiero decir: sólo muevo el color por sí mismo. De repente obtuve lo que quería. Sólo fue una manera de atrapar la alegría del color", así definió Hirst a sus nuevas creaciones.

Algunos podrían confundirlos con las piezas que se ofrece en la zona de Once, pero la realidad es que el mercado es un adicto a este artista y las cerca de 1.400 pinturas que realizó con lunares coloridos ostentan valores promedios cercanos al millón de dólares.

Para la difusión de su obra, Hirst cuenta con la ayuda del todopoderoso del mundo del arte, Larry Gagosian , dueño de una red global de galerías que abarca 11 puntos de exhibición en Londres, París, Ginebra, Atenas y Hong Kong, entre otras ciudades, y de una lista de clientes millonarios dispuestos a comprar todo lo que les ofrece. En sus centros de arte se exponen –y venden- actualmente 331 pinturas de lunares de Hirst.

Las críticas

Como a todo artista que alcanza la fama, a Hirst le han aparecido críticos. El ícono del pop art inglés, David Hockney , que regresó a la isla luego de décadas de vivir en California y está haciendo grandes retrospectivas en su tierra, manifestó "su poco interés en un señor que trabaja con ayudantes y hace pinturas seriales de puntos".

También el reputado crítico australiano Robert Hugues, de la revista Times, calificó en cierta ocasión despectivamente al tiburón en formol de Hirst como "el organismo marino más sobrevalorado" y comentó que era una buena "pieza de marketing", pero "absurda" como obra de arte.

Ni que hablar de Richard Dorment, el crítico de arte de The Daily Telegraph de Londres, que recientemente calificó de "fantásticamente aburridas" las pinturas de lunares. "La acumulación de montones de ellas en un lugar como la Turbine Hall de la Tate podría tener cierto impacto visual, pero no le veo sentido a llenar todas las galerías Gagosian del mundo entero", arremetió.

De nada sirve, sin embargo, que algunos expertos adviertan de que las obras de Hirst son sobre todo un fenómeno comercial, y que no quedarán en la historia del arte como las de los auténticos creadores con los que a aquél le gusta compararse cuando se le reprocha su olfato de negociante.

"Rembrandt, Velázquez y Goya, todos ellos pensaban, creo yo, en los aspectos comerciales del arte. Yo me limito a hacer lo que harían ellos si estuviesen vivos", se defendió Hirst en la ya histórica subasta de 2008.

El futuro

Lejos de toda polémica, Hirst se prepara para brillar en Londres, sede este año de los Juegos Olímpicos, en un programa que se desarrollará en paralelo con el evento, que se concretará con exposiciones de Lucian Freud -fallecido en 2011- en la National Portrait Gallery , David Hockney en la Royal Academy, Yoko Ono en la Serpentine Gallery y el propio Hirst en la Tate Modern .

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