De abuela inglesa a espía de Moscú
Conmociona a Londres la historia de una ex agente soviética, hoy de 87 años
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LONDRES.- Melita Sirnis de Norwood, 87 años, pasa buena parte de sus días cuidando los geranios que adornan las ventanas de su hogar en un suburbio de Bexleyheath, en el condado de Kent, y llenando tarros de mermelada que entrega a cada persona que la visita.
A primera vista, no hay nada que llame la atención en esta pequeña abuela de cabello gris y anteojos, de no ser por un par de "excentricidades" como tomar el té en tazas con el rostro del Che Guevara y hacerse entregar todos los sábados 32 copias del tabloide comunista Morning Star para distribuir entre familiares y amigos.
Hasta ayer, cuando el matutino The Times reveló su existencia como "la más importante espía soviética en Occidente", la señora Norwood llevaba la vida de una humilde jubilada, arañando a veces el fondo de su monedero.
Durante cuarenta años, bajo el alias "Hola", pasó secretos que permitieron a la Unión Soviética construir su primera bomba atómica y extender la red de espías comunistas, pero lo hizo por una magra paga, alentada exclusivamente por idealismo.
Ahora dice que "en circunstancias similares haría lo mismo", pero admite que le preocupa qué dirán sus anonadados vecinos.
Aunque fue reclutada en 1937, el gobierno británico supo de ella recién en 1992, gracias a la entrega de documentos de la KGB por parte de un agente disidente, Vasili Mitrokhin. Al final de siete años de investigaciones del MI5, oficiales del Ministerio del Interior decidieron en marzo no procesarla, convencidos de que se trata de "una anciana con la cabeza llena de tonto romanticismo".
El ministro Jack Straw negó estar al tanto de esa decisión y pidió ayer al MI5 que le diera todos los detalles para evaluar la posibilidad de reabrir el caso. Horas antes, su par conservadora, Anne Widecombe, lo había criticado duramente asegurando que "la traición debe ser condenada, no importa cuál sea la edad o las intenciones".
Cientos de periodistas, incluidos los de la cadena estatal rusa RTR, rodearon ayer durante horas el hogar de la ex agente Hola hasta que al mediodía, vestida con una blusa floreada, una falda de tweed y zapatillas blancas, salió a leer un comunicado.
Marido en desacuerdo
"Tengo 87 años y desafortunadamente mi memoria no es lo que solía ser -advirtió sonriente pero visiblemente nerviosa-. Hice lo que hice no para obtener dinero, sino para impedir la derrota de un sistema que, a gran costo, había dado a la gente común alimentos y medios de transporte que podían pagar, educación y un servicio de salud."
"El primer ministro Chamberlain esperaba que Hitler atacara primero a Rusia. No esperaba que hubiera bombas. Afortunadamente, Churchill fue más realista y cooperó con los rusos. Cuando dejé temporalmente mi trabajo para tener un bebe, di el dinero de la colecta de despedida al fondo creado por la señora Churchill para ayudar a Rusia."
"Pensé que quizás yo podría ayudar a Rusia a mantenerse en el mismo nivel que Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania. En general, no estoy de acuerdo con espiar en contra de su propio país -subrayó-. Mi fallecido marido no estaba de acuerdo con lo que yo hacía."
Cuando alguien le preguntó si estaba arrepentida, se retiró murmurando "No, no, no".
Hija de un inmigrante de Latvia y una madre británica, Hola se enroló en el partido comunista en 1932, casi al mismo tiempo que comenzó a trabajar como secretaria en la Asociación de Investigación de Metales No-Ferrosos de Gran Bretaña, una institución encargada, en realidad, de la experimentación atómica con fines bélicos.
En 1935 fue recomendada a la NKVD (la agencia predecesora de la KGB) por Andrew Rohstein, uno de los fundadores del Partido Comunista Británico, y comenzó a operar como espía dos años más tarde, fotografiando planos del Proyecto Tubos de Alloy (bomba atómica) que entregaba periódicamente a Moscú. Los archivos soviéticos no hacen más que elogiar su "profunda convicción" y aseguran que su material "encontró buena aplicación en la industria soviética".
Más que Philby
Durante la guerra la KGB la consideraba aún más importante que al mítico espía Kim Philby, aun cuando éste había sido nombrado corresponsal de The Times en el frente expedicionario británico en Francia. A tal punto, que se disputó con la inteligencia militar soviética sus servicios hasta asegurarse en 1952 que sólo operaba para ella. En 1958 sus superiores le otorgaron la Orden del Estandarte Rojo y, dos años más tarde, una pensión de 35 dólares mensuales.
Su marido, Hillary, un profesor de matemática también afiliado al PC, no tardó en descubrir el verdadero motivo de sus llegadas tarde del trabajo, pero, si bien no aprobaba sus actividades, se llevó el secreto a la tumba en 1986. "Estuvimos casados cincuenta años, tuvimos una hija, dos nietos y un tataranieto. Lo extraño terriblemente", lamentaba ayer la "abuela espía".
Los magníficos seis
El profesor de Cambridge Christopher Andrew, autor del libro "El Archivo Mitrokhin", del cual The Times extrajo la revelación sobre Hola, estima que su nombre debe ser agregado a la lista de legendarios espías conocidos como los "Magníficos Cinco": Kim Philby, Guy Burguess, Donald MacLean, John Cairncross y Anthony Blunt.
"Hay que hablar ahora de los ÔMagníficos Seis´ porque el trabajo de Hola fue tan importante que Stalin llegó a estar mejor informado que muchos de los ministros británicos -señaló-. No sólo por su eficacia, sino porque el primer ministro Clemente Atlee no informaba a sus colegas del gabinete sobre el plan atómico porque creía que no estaban en condiciones de mantener el secreto".
Andrew cree, sin embargo, que la anciana debe permanecer en libertad. "Lo que hizo fue un trágico y horrendo error del cual aun hoy no se da cuenta -destacó-. Trabajó para uno de los regímenes más monstruosos de la historia de la Humanidad. Pero lo hizo inspirada en una imagen mítica del marxismo en el que todavía sinceramente cree".
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