
De espía de la KGB a primer ministro
Vladimir Putin se destacó como agente secreto en Alemania y por su gestión administrativa en San Petersburgo
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MOSCU (AFP).- Vladimir Putin, nombrado ayer primer ministro por el presidente Boris Yeltsin y candidato del Kremlim a las elecciones presidenciales del año 2000, era desde hace un año el jefe del Servicio de Seguridad Federal (FSB, ex KGB), donde trabaja desde hace más de 20 años.
Este hombre discreto, de 46 años, tuvo una presencia más visible durante la reciente crisis de Kosovo -que enfrentó a los Estados Unidos y a Rusia- con numerosas declaraciones en su calidad de secretario del Consejo de Seguridad, cargo que también ocupó.
Era la primera vez en la nueva Rusia que un mismo responsable ocupaba simultáneamente ambos cargos, una señal del creciente poder de Putin.
El Consejo agrupa, bajo la presidencia de Yeltsin, al primer ministro, a los ministros del Interior y de Defensa, y a los jefes del FSB y del SVR (servicio de información exterior), y se ocupa de las cuestiones referentes a la seguridad del país.
Putin forma parte de la nueva oleada de jóvenes ambiciosos procedentes de San Petersburgo, cercanos al reformador Anatoli Chubais.
Carrera irregular
Ambicioso, poco dado a la sonrisa, Putin llevó con talento una carrera bastante irregular sobre la cual planean aún numerosas dudas.
Nacido en la entonces Leningrado (ahora San Petersburgo) el 7 de octubre de 1952, Vladimir Putin ingresó en la prestigiosa universidad de esa ciudad, y tras obtener su diploma en leyes entró en 1975 en los servicios de información exterior, dependientes entonces de la KGB.
Trabajó durante varios años en Berlín como espía de la KGB y en 1990 fue nombrado consejero del soviet local de Leningrado.
Cuando la Unión Soviética se derrumbó, a fines de 1991, Putin se reconvirtió a actividades más acordes con la nueva Rusia. Trabajó en la alcaldía de San Petersburgo, junto al entonces muy liberal y popular alcalde de la ciudad, Anatoli Sobchak. Y es allí donde estableció su relación con Chubais, el "padre" de las controvertidas privatizaciones rusas, de quien se dice, a su vez, que tiene estrechos vínculos con el grupo de allegados más íntimos de Yeltsin, conocido como "la familia".
Fue durante su desempeño en la alcaldía de San Petersburgo cuando el nuevo primer ministro se ganó el apodo de "El Cardenal Gris", por su maquiavélica forma de actuar tras bambalinas. Además, se hizo conocido por ser un duro administrador, aunque casi no tiene experiencia política y económica.
Pero tras la derrota de Sobchak en los comicios municipales de junio de 1996, Putin dejó San Petersburgo por Moscú, como la mayoría de sus más talentosos colegas de la época. Entonces ingresó inmediatamente en la administración presidencial, en el Departamento de Gestión de Bienes del Kremlin.
La confianza del presidente
Los acontecimientos se precipitaron y en marzo de 1997, Putin asumió la jefatura del departamento que controla la aplicación de los decretos y directivas firmadas por el presidente. Agregó esa función a la de adjunto y, luego, la de primer adjunto del jefe de la administración presidencial.
En un tiempo breve Putin conquistó la confianza del presidente Boris Yeltsin y de sus consejeros políticos. En julio de 1998 aquél lo nombró jefe del FSB y en marzo de 1999 le ofreció el cargo de secretario del Consejo de Seguridad.
Putin está casado y tiene dos hijos. La oratoria en público no es uno de sus fuertes y por ello ha preferido aparecer poco en televisión.





