
De la ruptura con Roma a la ordenación de gays
Hace casi 500 años, el rey Enrique VIII fundó la Iglesia de Inglaterra
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LONDRES (De una enviada especial).- Fue el famoso rey Enrique VIII, de la casa Tudor, el responsable de la ruptura con la Iglesia Católica en 1533, hace casi 500 años.
Enrique VIII entró en conflicto con Roma porque le pedía al Pontífice la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón -la primera de sus seis esposas, hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos V-, porque no le daba un heredero varón.
Tras varias negativas, en 1533 el papa Clemente VII excomulgó a Enrique VIII después de que éste creara la Iglesia de Inglaterra (Church of England) para poder casarse con Ana Bolena, que años más tarde fue decapitada.
Con la denominada "Acta Suprema", el monarca se hizo reconocer como única cabeza de la Iglesia en Inglaterra, dictaminando así la separación de la Iglesia Anglicana de la obediencia al Papa.
Desde su creación, la Iglesia de Inglaterra -que hoy tiene unos 70 millones de fieles en todo el mundo-, tiene la categoría de iglesia oficial. El primado, es decir, su líder espiritual, es el arzobispo de Canterbury.
Desde el punto de vista teológico, la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia Católica Romana no están tan separadas; el anglicanismo, de hecho, es considerado la rama protestante más cercana al catolicismo romano. A partir del cisma de 1533, con diversos altos y bajos, siempre hubo diálogo entre anglicanos y católicos.
Los anglicanos no reconocen el primado del Papa, que a su vez rechaza tanto la ordenación sacerdotal y episcopal de las mujeres como la de los homosexuales -que datan de 1992 y 2008, respectivamente-, considerados obstáculos para la reconciliación entre ambas iglesias.
Lo cierto es que la ordenación de mujeres y gays produjo dentro de la misma Iglesia Anglicana una división interna muy fuerte, rayana con el cisma. Fue por esto que, sorprendiendo a todo el mundo y causando revuelo entre los anglicanos, el Papa el año pasado aprobó una constitución apostólica especial para permitirles a los sacerdotes anglicanos tradicionalistas, incluso los casados, pasarse a la Iglesia Católica sin perder sus ritos.
Esta decisión fue muy criticada por gran parte de los anglicanos, que acusaron al Papa de "pescar" en aguas que no le pertenecen. Pero el Vaticano, que aseguró que eso no dañaría las relaciones entre ambas iglesias, espera seguir adelante en el diálogo, en busca del gran objetivo del ecumenismo, una de las prioridades de Benedicto XVI.


