De mayor alcance y ambición, la guerra de EI ahora es mundial

Eric Schmitt
Peter Baker
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15 de noviembre de 2015  

WASHINGTON.- Cuando Estado Islámico hizo su irrupción en la escena en Siria e Irak, parecía enfocado en la ocupación de territorio en su propio vecindario. Pero en las últimas dos semanas, los autoproclamados soldados del califato han demostrado su estremecedor alcance, con atentados terroristas contra Rusia, en el Líbano y ahora, en el corazón de Europa.

Los atentados aparentemente sincronizados que anteanoche convirtieron París en una zona de guerra llegaron pocos días después de un bombardeo dirigido contra un barrio chiita de Beirut controlado por un aliado de Irán, Hezbollah, y el derribo de un avión de pasajeros ruso sobre territorio egipcio. Esta rápida seguidilla de ataques, todos reivindicados por EI, sugieren que la que antes era una guerra regional se convertido en una guerra mundial.

Es altamente probable que los atentados obliguen al presidente Barack Obama y a los aliados de Estados Unidos a redimensionar la magnitud de la amenaza, y a impulsar una estrategia más agresiva frente a EI. El presidente Obama partió ayer en un viaje programado a Turquía, para participar de una cumbre del G20, que dados los actuales acontecimientos, terminará dominada por el tema de los atentados de París y los pasos a seguir.

"EI es definitivamente una amenaza más allá de la región", dijo Frances Fragos Townsend, la máxima asesora antiterrorista de la presidencia de G. W. Bush. "No debemos seguir presuponiendo que EI es meramente una amenaza lejana. Está más que claro que tiene ambiciones internacionales que exceden los límites del autoproclamado califato."

La situación ya era lo suficientemente complicada antes de estos nuevos hechos: una guerra de muchos bandos e intereses.

Irán está combatiendo a EI, pero difícilmente pueda decirse que eso lo convierte en aliado norteamericano. Rusia también dice estar combatiéndolo, pero más bien parece interesada en sostener al gobierno sirio de Bashar al-Assad, a quien Obama le pidió que renuncie.

Como hasta ahora Estados Unidos consideraba al grupo terrorista como un problema regional que podía ser contenido en el lugar, a partir de estos ataques la discusión seguramente sea otra. Tal vez Obama deba repensar las líneas de alianzas y los contornos de la guerra que está librando. "La verdad es que no entiendo cómo no cambian el enfoque", dice Michael E. Leiter, ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo bajo los gobiernos de Bush y Obama. "Cuando se permite que un tipo de organización como esta tenga semejante libertad de movimientos y cuando se la ataca tan gradualmente, no debería sorprender a nadie que sucedan cosas como el derribo del avión."

Matthew G. Olsen, otro ex director del centro de contraterrorismo, dice que esta seguidilla de atentados graves tal vez decida a la Casa Blanca de tomar medidas adicionales. "A Estados Unidos le han redoblado la apuesta, y también aumentarán las presiones para que Occidente en su conjunto responda con mayor contundencia", señala Olsen.

Pero una escalada militar contra EI entraña sus propios riesgos. El avión de pasajeros ruso fue derribado tras la intervención de Moscú en el conflicto Sirio, y EI ya ha advertido que intensificará sus ataques contra aquellos países que se hayan sumado a la coalición liderada por Washington para combatir a la agrupación en Irak y Siria.

"El ritmo de las operaciones se está acelerando en ambos bandos - dice Olsen-. Nosotros aumentamos los ataques en Siria e Irak, y EI también incrementa sus ataques."

Adam B. Schiff, representante por California y el líder demócrata en el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, dice que los ataques deberían servir para despejar cualquier duda sobre la naturaleza de EI. "Lo ocurrido debería alcanzar para que el mundo se decida a combatir esta plaga con determinación implacable," dice Schiff.

Los atentados de París inevitablemente suscitarán un debate sobre la conveniencia o no de intensificar las operaciones militares de Occidente y Estados Unidos en Irak y Siria. Obama autorizó ataques aéreos y envió pequeñas unidades de las fuerzas de operaciones especiales. Pero el presidente norteamericano se resiste a involucrar más tropas norteamericanas, para evitar repetir lo que a su entender fueron los errores en Irak.

Townsend y otros analistas dicen que la Casa Blanca se ha resistido demasiado en reconocer "una incómoda verdad": que la amenaza de EI se extiende más allá de Medio Oriente, y que fácilmente podría terminar con un atentado al estilo de París, pero en Estados Unidos.

Mientras que los ataques en lugares como Bombay estaban perfectamente coordinados, en Estados Unidos se puso toda la atención en los así llamados "lobos solitarios", atacantes que actúan solos, inspirados o dirigidos por grupos radicalizados desde el extranjero, como fue el caso de las bombas que estallaron durante la maratón de Boston de 2013. "L ataques múltiples coordinados desafían la hipótesis de los lobos solitarios que nosotros mismos nos inventamos", dice Juliette Kayyem, ex subsecretaria de seguridad interior de Obama.

Traducción de Jaime Arrambide

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