
Defensa de la fidelidad y de la virginidad antes del matrimonio
Casi un millón de personas estuvieron en la misa al aire libre celebrada en San Pablo
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SAN PABLO (De una enviada especial).- Al darle ayer a Brasil su primer santo, Frei Antonio de Sant Anna Gãlvao, Benedicto XVI llamó a los católicos a que sean fieles a Dios "tanto en el matrimonio como fuera de él".
En una misa al aire libre multitudinaria, a la que asistió cerca de un millón de fieles venidos desde todo Brasil y de varios otros países latinoamericanos, el papa alemán insistió en reafirmar con énfasis la doctrina de moral sexual de la Iglesia Católica.
Consciente de estar en un país famoso por su erotismo y sensualidad, en el que aumentan las uniones libres y el divorcio, y se justifican tanto el uso de los preservativos como el aborto y el adulterio, denunció que "vivimos una época llena de hedonismo", y condenó a los "medios de comunicación social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del matrimonio".
Según un estudio de 2005 realizado por el Centro de Análisis y Planificación (Cebrap), a pedido del Ministerio de Salud, los jóvenes brasileños tienen su primera relación sexual a los 15 años (15,2, los hombres y 15,9, las mujeres). Una encuesta del Instituto Ibope, realizada a pedido de la organización Católicas por el Derecho a Decidir y divulgada el fin de semana indica que el 79% de los jóvenes católicos brasileños no está de acuerdo con que se condenen las relaciones sexuales previas al matrimonio.
En una réplica inmediata a las palabras del Pontífice, la secretaria brasileña de Derechos de la Mujer -con rango ministerial-, Nilcea Freire, afirmó que la castidad preconizada a la juventud por el Papa no puede servir de base para una política eficaz de lucha contra el sida. "No podemos basar nuestro programa de prevención de enfermedades sexualmente transmisibles y del sida preconizando castidad. Es absolutamente incompatible", dijo.
Sin temor al compromiso
En una jornada muy fría por la mañana, y soleada y calurosa al mediodía, entre los miles de fieles que vivaron al Papa había algunos que pensaban distinto. Francisco Rey-Petit, un argentino de 18 años envuelto en una bandera celeste y blanca que viajó desde Buenos Aires con un grupo grande del Opus Dei, aseguró que apoyaba "totalmente" los llamados del Papa a la castidad. "Yo soy un joven que no tiene miedo a comprometerse en serio, y así vivo", contestó, ante una consulta de LA NACION. Lo mismo opinó Milagros Cervio, de 16 años, que dijo que lo que más le había impactado de la homilía del Papa había sido cuando dijo: "Estén seguros, el Papa los ama, y los ama porque Jesucristo los ama", frase que hizo estallar una ovación entre la marea de gente.
Pese a la multitud que Joseph Ratzinger reunió ayer en el Campo de Marte, la mayor de esta primera visita a América latina, según periodistas que cubrieron la última visita de Juan Pablo II a este país, en 1997, el clima era totalmente distinto. "Con Karol Wojtyla era siempre una fiesta impresionante; ahora, en cambio, casi no parece estar en un país latinoamericano", confesó una vaticanista, que recordó que en su última misa aquí (en el estadio de Maracaná, un sitio más pequeño que el Campo de Marte) Juan Pablo II congregó a un millón y medio de personas.
Más allá de distancias y diferencias, en su segundo gran baño de multitud el papa Ratzinger llamó a seguir el ejemplo de Frei Gãlvao, el décimo santo de su pontificado y el primero brasileño.
"El mundo necesita de vidas límpidas, de almas claras, de inteligencias simples, que rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer", dijo en su homilía, en la que destacó sus virtudes. Frei Gãlvao fue un monje franciscano que vivió entre 1739 y 1822 y que fundó el Monasterio de la Luz, en San Pablo, para ayudar a pobres y enfermos. Al ya santo se le atribuyen curaciones inexplicables, incluida la de una persona que acudió a él porque sufría un cólico renal y a quien sanó tras escribir en un papel una frase mística en latín que el enfermo se tragó como si fuera una medicina.
Desde entones, y hasta hoy, las monjas del Monasterio de la Luz confeccionan las llamadas "píldoras milagrosas" de Frei Gãlvao, consistentes en una frase del santo escrita en papel de arroz que las personas toman rezando una novena, con el fin de conseguir la realización de la gracia solicitada. En 2006, los devotos consumieron unas 90.000 "píldoras milagrosas" por mes, según fuentes de prensa brasileña, y en vísperas de esta canonización la demanda saltó a 30.000 por día.
En la misa estuvieron presentes los protagonistas del milagro que permitió que Frei Gãlvao fuera elevado al honor de los altares. Se trata de Sandra Grossi de Almeida, de 37 años, y su hijo, Enzo, de 7 (para la ocasión vestido de traje blanco). La mujer sufría de una malformación del útero que le impedía que su embarazo llegara al final. Al recurrir al beato y tras tomar las "píldoras milagrosas" de Frei Gãlvao, logró que su embarazo llegara a las 32 semanas, cuando nació Enzo, el 11 de diciembre de 1999.




