Desgarrador relato de una “Million Dollar Baby” de la vida real

Katie Dallam tiene 45 años y daño cerebral
(0)
13 de marzo de 2005  

SPRING HILL, KANSAS.– La noche siguiente a la que ella y su hermana vieron “Million Dollar Baby”, Katie Dallam se despertó gritando y agitando los brazos, pero se volvió a dormir enseguida y despertó a la mañana siguiente sin recordar su pesadilla.

Para Dallam, que ha perdido el uso de gran parte del lado izquierdo del cerebro, esos olvidos son habituales.

Dallam, de 45 años, era reticente a ver esa película, el drama ganador del Oscar, acerca de una mujer de Missouri nacida en la pobreza que se dedica al boxeo a los 30 años, sólo para terminar discapacitada y suicida después de soportar una salvaje paliza en su primer combate profesional.

“Fue duro verlo, pero también fue bueno”, dijo Dallam, sentada en el sofá de la sala de la vieja granja de su hermana en esta pequeña ciudad, situada al sudoeste de la extendida área metropolitana de Kansas City.

“Tiendo a ser bastante dura conmigo misma cuando no recuerdo cosas o me siento perdida. Pero después de la película pensé que no me ocurriría, porque progresé mucho. Debo concentrarme en lo que he logrado".

Durante un breve período, a fines de la década de 1990, las heridas que dejaron a Dallam medio muerta eran una historia notoria del mundo del boxeo. E incluso hoy, cuando los defensores de ese deporte afirman que es seguro, siempre se apresuran a agregar que Dallam es la única pugilista de Estados Unidos que sufrió algo similar a lo que le ocurre en el film a Maggie Fitzgerald, la boxeadora encarnada por Hilary Swank.

Stephanie Dallam, que es enfermera, además de la compañera y encargada de cuidar y atender a su hermana, dijo que su familia creía que F. X. Toole, el autor del relato que fue base del film, seguramente leyó o se enteró de lo ocurrido a Katie y basó en ella su obra. "Hay demasiadas semejanzas", dijo Stephanie hablando del libro, publicado cuatro años después de lo ocurrido a Katie.

Ambas se apresuran a añadir que no acusan a Toole -quien murió en 2002- de haberle robado nada a Katie, sino que tan sólo dicen que el escritor usó la vida de Dallam como punto de partida de su obra de ficción.

En el relato, Maggie tiene un entrenador malhumorado y protector que se convierte en padre sustituto, y que de manera reticente y conmovedora la ayuda a morir.

"El personaje interpretado por Clint Eastwood eligió la salida más fácil, matarla, en vez de enfrentarse con lo que hubiera sido la vida de ella", dijo Stephanie.

Katie vive en la oscuridad, porque sus recuerdos juegan a la escondida en un laberinto brumoso que frustra e irrita a una mente inteligente, encarcelada por la enfermedad.

Hasta este mes, las hermanas no habían sido entrevistadas ni habían hablado durante años acerca de la pelea. El álbum lleno de recortes de diarios y sombrías fotos del hospital había permanecido bien guardado.

Pero el estreno del film, y la manera en que Swank encarnó a la boxeadora, con compasión y verosimilitud, hizo que las hermanas pensaran que tal vez ya era hora de contar lo que había ocurrido.

"Katie perdió tanto que solía preguntar: «¿por qué estoy aquí, por qué sigo viviendo?»", dijo Stephanie. "Pero hace unos días me dijo: «Bueno, tal vez era por esto»".

Katie se había graduado en arte y le gustaba pintar acuarelas. También le gustaba hacer pesas, pasaba bastante tiempo en varios gimnasios y empezó a ser sparring de hombres en un gimnasio de Kansas. Después de menos de dos meses de preparación, su entrenador, de quien la mujer no guarda un buen recuerdo, le sugirió un combate profesional. "Y yo pensé: «Bien, ¿por qué no?»", declaró la mujer.

Una prometedora boxeadora de Kansas City, llamada Sumya Anani -conocida como Island Girl, porque había vivido en Jamaica-, necesitaba una rival para un combate en St. Joseph, Missouri. Accedió a medirse con Katie, que era más pesada.

Justo al día siguiente de recibir su licencia de boxeadora, el 11 de diciembre de 1996, Katie subió al ring con Anani. No recuerda nada más del encuentro.

El video muestra que Katie no ofreció mucha resistencia ni hizo una gran pelea. Anani le quebró la nariz al principio del primer round y siguió aporreándola durante gran parte de los cuatro rounds de dos minutos. Un abogado contratado por los Dallam les dijo que había contado más de 150 golpes sobre la cabeza de Katie.

"Nunca he dejado de pensar en Katie", declaró Anani, que es ahora una de las estrellas del deporte, en una reciente entrevista.

"Lo que recuerdo del combate es que fui muy asustada, porque ella era mucho más pesada que yo."

En coma

En el vestuario, Katie perdió el conocimiento. Su ficha de admisión del hospital de St. Joseph la describe en estado comatoso; solamente respondía a profundos estímulos dolorosos. La cirugía que siguió incluyó perforación craneana para drenar la sangre acumulada y reparación de una vena que había estallado en el cerebro.

"Me dijeron que probablemente no sobreviviera y que, si lo hacía, quedaría en estado vegetativo", dijo Stephanie. "Me quedé allí esperando a que me pidieran autorización para donar sus órganos."

Durante tres días, Katie miró al vacío, sin reconocer a la gente que la rodeaba. Finalmente, empezó a hablar, furiosa, pidiendo ver a personas que ya habían muerto, como su madre. De su mente habían desaparecido años de recuerdos.

Al cabo de una semana, la transfirieron a una clínica de rehabilitación. Las fotos la muestran con los ojos hinchados, un tubo de ventilación en la garganta y la cabeza afeitada y surcada por puntos de sutura.

"Básicamente, tuvo que aprender a hacer todo de nuevo", agregó Stephanie.

El daño del lado izquierdo del cerebro afectó también su pierna y su brazo derecho, impidiéndole caminar normalmente.

Cuando salió de la clínica y advirtió que no podría regresar a su trabajo, decidió matarse, según dijo.

Los médicos le dijeron que se cuidara de no acelerar el pulso, de modo que esperó un poco y se puso a hacer frenéticos ejercicios. Pero su maltratado cerebro resistió. Más tarde, decidió guardar su medicación e ingerirla toda junta.

"Afortunadamente, la parte del cerebro que permite que uno mienta había sido dañada, y ella no podía mentir", dijo Stephanie. "Así que cuando alguien le preguntaba, ella decía exactamente lo que pensaba hacer. Ese día la mudé a mi casa."

Hoy, Katie vive de los cheques de la Seguridad Social y de lo que pueden agregar a ellos los miembros de su familia. Sus días están repletos de caminatas, salidas de compras y de su trabajo artístico, al que se dedica con renovado fervor, tomando clases en la universidad comunal.

Los científicos creen que la parte del cerebro que produce arte, la parte intuitiva, visionaria, se encuentra en el lado derecho del cerebro. "Tengo sólo medio cerebro", dijo Katie, "pero al menos es la mitad correcta".

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.