Dilma quedó al borde del juicio político

La cámara de Diputados consiguió los votos necesarios para continuar con el proceso de juicio político en contra de la presidenta, Dilma Rousseff
La cámara de Diputados consiguió los votos necesarios para continuar con el proceso de juicio político en contra de la presidenta, Dilma Rousseff Fuente: EFE
La cámara baja le asestó un duro golpe político al oficialismo tras alcanzar los votos a favor necesarios para darle continuidad al proceso de impeachment a la presidenta brasileña
Inés Capdevila
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17 de abril de 2016  • 23:23

SAN PABLO.- Dilma Rousseff , la primera mujer presidente de Brasil, está también al borde de ser la primera mandataria que es enjuiciada políticamente en América del Sur en este siglo.

Bajo la nerviosa mirada de todos los brasileños y del resto del mundo, los diputados locales aprobaron, con los 342 sufragios necesarios, la apertura del proceso de juicio político contra Rousseff por el supuesto crimen de responsabilidad fiscal.

El voto -que ahora debe ser ratificado por un Senado que se muestra favorable al proceso, en las próximas semanas- empieza a definir el futuro de la presidenta y también el de Brasil, el país más influyente de la región y uno de los mayores socios comerciales de la Argentina. Abre además un período de inestabilidad, que podría estar dominado por las movilizaciones callejeras y por la incertidumbre política y económica.

"¡Fuera PT!", gritaban unos cien legisladores opositores mientras que un grupo de diputados oficialistas levantaban carteles que decían "No al golpe".

Dilma Rousseff, durante un acto que encabezó el pasado viernes
Dilma Rousseff, durante un acto que encabezó el pasado viernes Fuente: EFE - Crédito: Archivo

En ese escenario, más propio de una cancha de fútbol que de uno de los momentos más importantes de la historia de la Cámara, el titular de Diputados, Eduardo Cunha, del PMDB y ex socio de Dilma, condujo una sesión llena de gestos ampulosos y teatrales.

El mismo tumulto que dominó las 43 horas de debate entre el viernes y ayer estuvo presente a lo largo de las nueve horas de sesión. Golpes, gritos y empujones demoraron el inicio de la votación y enojaron a Cunha.

No faltaron tampoco ni los insultos, ni los silbidos ni los aplausos eufóricos. Hubo hasta saludos de cumpleaños para esposas y agradecimientos de corazón para hijos, padres, hermanos, tíos; sólo faltaron las mascotas.

"Hoy vamos a hacer historia… Cincuenta y cuatro millones de votos [los sufragios recibidos por Rousseff en 2014] no autorizan a atentar contra las finanzas públicas", dijo Jovair Arantes, relator de la comisión especial de juicio político, en el primer discurso del plenario.

Dilma está acusada de haber incurrido en maniobras fiscales (llamadas "pedaleadas") para maquillar el déficit durante la campaña para su reelección, en 2014.

Acompañada de su jefe de Gabinete, Jacques Wagner, y algunos asesores y gobernadores y con poca presencia de dirigentes del oficialista Partido de los Trabajadores, la presidenta siguió la votación desde el Palacio da Alvorada.

Podrá seguir viviendo allí si el Senado también aprueba, con la mitad más uno de los sufragios de sus 81 miembros, el impeachment . Pero en ese caso –probable porque el proyecto ya contaría con 44 votos- será suspendida de sus funciones durante los 180 días que dure el proceso.

Brasil será gobernado entonces por el actual vicepresidente Michel Temer, ex socio y nuevo adversario de la mandataria.

Temer, sonriendo, mirando la televisión, en su despacho del Palacio de Jaburú, con un clima de victoria
Temer, sonriendo, mirando la televisión, en su despacho del Palacio de Jaburú, con un clima de victoria Fuente: Reuters

Cientos de miles de brasileños acompañaron la votación en las calles, en 25 estados. Pese a la tensión, hasta ahora no se registraron incidentes.

Unos en contra y otros a favor del impeachment , vestidos de verde y amarillo o de rojo, todos están divididos por una grieta que, al ritmo de acusaciones de corrupción, traición y golpe de Estado, crece y tiene tan en vilo al país como la recesión económica.

La jefa de Estado perdió esta votación a pesar de las frenéticas negociaciones que ella; su mentor, Luiz Inacio Lula da Silva, y el PT lanzaron, la semana pasada, para conseguir respaldos contra el juicio político.

El gobierno ofreció todo tipo de cargos a cambio de votos, pero no logró cambiar el tablero del resultado de hoy, que ya se insinuaba negativo para el PT desde hacía días.

El proyecto de impeachment será enviado ahora al Senado, que lo trataría en las próximas semanas. Allí el oficialismo aplicará la misma táctica de trueque de voto por cargo a la que apeló en Diputados, según ya deslizaron, apenas hace unos minutos, funcionarios de Rousseff.

"Los golpistas vencieron en la Cámara. Esta derrota provisoria no significa que terminó la guerra", dijo, incluso antes de que terminara la votación, el jefe de la bancada del PT en Diputados, José Guimaraes.

Si tampoco tiene éxito el gobierno en el Senado, Dilma protagonizaría el segundo impeachment en la historia de Brasil. El primero fue en 1992 contra el entonces presidente Fernando Collor de Mello, que renunció antes de que comenzara el proceso.

Dilma, Lula y el PT enfrentan otras batallas además del impeachment: el escándalo de corrupción de Petrobras, la investigación sobre la financiación de su campaña de 2014 con fondos provenientes de ese esquema y, fundamentalmente, una crisis económica que desvela a los brasileños.

El día más tenso en la historia reciente de Brasil tiene todos los ingredientes de un thriller político de Netflix (y por eso la compañía norteamericana ya anunció una serie basada en esta crisis).

La trama está encabezada por una presidente aislada que incluso es vista con recelo por sus propios aliados del PT y por Lula, un ex mandatario ansioso por volver al poder.

A ambos los rodean las denuncias de corrupción. Pero esas sospechas también recubren a quienes ayer eran sus socios de la alianza de gobierno y hoy sus enemigos: Temer y Cunha.

El resto del Congreso tampoco está exento. Según Transparencia Brasil, el 60% de los legisladores tiene denuncias de supuestos sobornos, mal manejo de fondos públicos y hasta de asesinatos.

El PT apela a esas acusaciones para argumentar que esos legisladores no pueden juzgar a Dilma por una práctica que fue común en otras presidencias.

La oposición responde que sí tiene derecho de hacerlo y que la Constitución lo permite por lo que la ofensiva por impeachment está lejos de ser un golpe.

Alrededor de ellos están el resto de los casi 200 millones de brasileños, que cada día deben enfrentar un nuevo indicio de que su nivel de vida está en riesgo. Los precios de los alimentos, del transporte y de los servicios públicos suben y suben al tiempo que el empleo cae y cae. Entre 2014 y 2015, se perdieron 2,8 millones de puestos de trabajo.

La recesión, que va por su segundo año consecutivo, amenaza también los programas sociales que ayudaron a sacar a millones y millones de personas de la pobreza y que fueron el pilar del poder del PT en sus más de 13 años de gobierno.

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