Dilma y Peña Nieto, indignados: la CIA también los espió a ellos

Brasil y México exigieron explicaciones al gobierno de Obama luego de que se reveló que se interceptaron comunicaciones de ambos presidentes
Alberto Armendáriz
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3 de septiembre de 2013  

RÍO DE JANEIRO.- La amplia red de espionaje de Estados Unidos sigue generando sorpresas. Los gobiernos de Brasil y de México reaccionaron ayer con indignación ante la divulgación de documentos ultrasecretos del año pasado que indicaron que las comunicaciones de la mandataria brasileña, Dilma Rousseff, y del entonces aspirante presidencial mexicano, Enrique Peña Nieto, fueron interceptadas en busca de informaciones útiles para Washington.

Las revelaciones fueron realizadas anteanoche en el popular programa televisivo Fantástico , de la cadena brasileña Globo, en el que el periodista estadounidense Glenn Greenwald, experto en temas de seguridad y columnista del diario británico The Guardian, mostró informes sobre las operaciones de espionaje de las que fueron blanco Rousseff y Peña Nieto, hoy presidente de México.

Greenwald recibió los documentos de manos del ex agente de inteligencia estadounidense Edward Snowden, acusado de espionaje por Washington y que está refugiado en Rusia después de haber pasado más de un mes varado en el aeropuerto de Moscú.

Según la presentación interna de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) norteamericana, titulada "Filtro inteligente de datos: estudio de casos de México y Brasil", los servicios de inteligencia del gobierno de Barack Obama utilizaron hasta por lo menos junio del año pasado varios programas de software capaces de grabar llamadas telefónicas, mensajes de texto enviados desde celulares, correos electrónicos y páginas de Internet visitadas desde computadoras específicas pertenecientes a Rousseff, Peña Nieto y sus principales asesores.

En el caso brasileño, los documentos apuntan que fueron interceptadas comunicaciones de Rousseff con varios de sus ministros, mientras que en el caso de Peña Nieto se detalla que se grabaron las conversaciones del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las que contaba a sus consejeros quiénes serían algunos de sus ministros en caso de ganar las elecciones.

"Quedó muy claro, con esos documentos, que el espionaje ya había sido realizado porque ellos no están discutiendo eso como algo que estuvieran planeando. Están festejando el éxito del espionaje", destacó Greenwald, radicado en Río de Janeiro, y cuyo novio, el brasileño David Miranda, fue demorado e interrogado durante varias horas por autoridades británicas el mes pasado en el aeropuerto de Londres, cuando volvía a Brasil después de un viaje a Alemania en el que hizo de correo entre Greenwald y una colaboradora de Snowden, Laura Poitras.

Los gobiernos de Rousseff y Peña Nieto reaccionaron de manera casi idéntica: expresaron su enojo ante la "violación" de su soberanía, convocaron a los embajadores estadounidenses en sus respectivas capitales -Thomas Shannon en Brasilia y Anthony Wayne en Ciudad de México- y "exigieron" explicaciones claras a la administración de Obama.

"El gobierno quiere prontas explicaciones formales por escrito esta semana", resaltó el nuevo canciller brasileño, Luiz Figueiredo, en una conferencia de prensa que brindó ayer por la tarde junto con el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, tras reunirse con Rousseff.

En el Palacio de Itamaraty, diplomáticos brasileños señalaron que la presidenta no sólo estaba indignada, sino también irritada por estas nuevas revelaciones. Brasil, junto con sus socios del Mercosur, ya se había quejado ante la ONU dos meses atrás, cuando se supo que Estados Unidos había interceptado millones de comunicaciones de ciudadanos alrededor del mundo con la excusa de "garantizar la seguridad global". Y el mes pasado, cuando el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, visitó Brasil, el gobierno de Rousseff insistió en su condena a estas prácticas.

Ahora, en Brasilia se especula que el nuevo grado de espionaje podría hacer peligrar la visita de Rousseff a Washington, programada para fines de este mes. Cuestionado sobre la posibilidad de una cancelación de ese viaje, Figueiredo evitó dar definiciones ante las conjeturas de la prensa. De cualquier modo, Obama y Rousseff -como también Peña Nieto- participarán antes, pasado mañana y el viernes, de la cumbre del G-20 en San Petersburgo.

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