
Dinamarca le dio un rotundo "No" al euro
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COPENHAGUE.- En una histórica votación que repercutió como un sismo en el resto de la Unión Europea, los daneses rechazaron ayer por un margen mucho más contundente que lo esperado -53,1 % frente a un 46,9 %-la adopción del euro.
La negativa incluso fue superior en cerca de un 3 por ciento a la registrada en 1992, cuando los daneses le dieron la espalda al Tratado de Maastricht. Aquel voto provocó una crisis política en Europa y desencadenó una ola de pánico en los mercados.
En esta ocasión, los daneses decidieron mantener su corona, de solidez garantizada durante 125 años, en lugar de sumarse a los 11 países de la Unión Europea que adoptaron una moneda común que, en un solo año de vida, ha perdido un 25 por ciento de su valor con respecto al dólar.
Esta primera expresión de falta de fe en el proyecto europeo -considerado aquí por la mayoría de la población de "antidemocrático"- fue el resultado de una jornada signada por la incertidumbre.
Los comicios se extendieron cuarenta minutos sobre la hora de cierre de las urnas, fijada a las 20, en la mayoría de las grandes ciudades, incluida Copenhague, a raíz de las largas filas de daneses ansiosos por ejercer el derecho que hasta ahora ningún otro europeo ha tenido de decidir la "vida o la muerte" de su moneda nacional. Un 88,6% del electorado asistió ayer a la cita frente a un 74,8% en el último referendum europeo, dedicado a la ratificación del Tratado de Amsterdam en 1998.
Esto, sumado a las drásticas diferencias en los pronósticos de las encuestadoras (Gallup predecía un 50%-50%, la cadena TV2 el 51% para el "No" y el 49,1% para el "Sí"), extendió las dudas hasta bien entrada la noche.
Pero el primer ministro socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen, que había comenzado la jornada admitiendo que no se sentía "muy confiado que digamos", no pudo hacer otra cosa que agradecer a sus correligionarios y colegas de gabinete "por el esfuerzo demostrado" y conceder la derrota poco después de las 22.30.
"El pueblo danés ha dicho claramente que no quiere adoptar el euro. Tenemos que asumirlo -señaló-. Pero quiero que quede algo en claro para todos los que nos están mirando en el resto del mundo: Dinamarca no le ha dado la espalda a Europa. Seguimos dentro de la Unión Europea y continuaremos trabajando por su buen futuro."
El premier danés descartó la posibilidad de convocar a un segundo referendum -como ocurrió 11 meses después del rechazo al Tratado de Maastricht en 1992- y aseguró que tanto su gobierno como el Banco Central danés saldrán a defender tanto el euro como la corona de todo ataque especulador en los mercados.
"El mundo puede estar seguro de que aquí tomamos la estabilidad monetaria muy en serio", indicó.
En busca de explicaciones por su fracaso, Nyrup Rasmussen estimó que la drástica devaluación del euro fue un importante factor. "Cuando comenzamos la campaña por el "Sí" hace seis meses era imposible predecir que esto ocurriría. Yo creo que ahora todos los países europeos tenemos que reunirnos y redefinir el futuro de la Unión. Es claro que hay que hacer reformas."
No todos tomaron las cosas en forma tan filosófica. "Es una vergüenza para la sociedad danesa y una verdadera lástima para el desarrollo europeo", señaló a La Nación la viceprimer ministra danesa y titular de la cartera de Economía, Marianne Jelved, visiblemente contrariada tras confirmar que regiones que siempre votaron por el "Sí", como la de Jutland -cercana a la frontera con Alemania-, ayer se pronunciaron claramente por el "No".
Un conejo de la galera
Al preguntársele si la economía de su país se verá particularmente afectada, encogió los hombros y cándidamente confesó: "Hay que ver cómo reaccionan los mercados. Pero de algo estoy segura: no voy a sacar mañana ningún conejo de la galera".
Hans Skov Christensen, director general de la Confederación de Empresas Danesas, dijo que los electores "colocaron en un pozo a Dinamarca y todas sus compañías. Ahora tendremos que competir en una situación de desventaja frente a nuestros socios europeos".
La sentencia de las urnas fue un duro golpe al establishment danés. Tanto el oficialismo como los principales partidos de la oposición, el empresariado, los sindicatos y casi todos los medios de comunicación habían pregonado las ventajas de la unión monetaria.
La campaña por el "No" quedó en manos de un heterogéneo frente integrado por disidentes socialistas y conservadores agrupados en el Movimiento de Junio y el Partido Anti-Unión - creados exclusivamente para competir en elecciones europeas- así como grupos de la extrema derecha e izquierda.
La ultraderechista Pia Kjaersgaard, líder del minoritario Partido del Pueblo Danés, recibió en su sede partidaria la "muy buena noticia" bajo una lluvia de corchos de botellas de champagne, ramos de flores y mimada por la prensa internacional, que se peleaba por recoger sus declaraciones. "Este ha sido un voto en defensa de nuestra soberanía. Una señal de que los daneses no se dejan engañar por un gobierno que lo quiso vender a un Estado supranacional extranjero", indicó.
Pero no hay que dejarse engañar por sus expresiones. El voto danés no esconde aspiraciones nacionalistas. Responde, más que nada, al temor de perder los niveles de bienestar social y económico que gozan desde hace décadas y que los colocan, entre otras cosas, al tope de la lista por el bajo desempleo (5 por ciento).
El primer ministro fue el primero en reconocerlo. "Estoy completamente seguro de que toda la gente que fue a votar, tanto por el "Sí" como por el "No", lo hizo con la determinación de proteger nuestro sistema social. Y éste es un mensaje al cual el gobierno responderá manteniendo los estándares en forma vigorosa", destacó.
Al mismo tiempo, el ministro de Finanzas alemán, Hans Eichel, aseguró que la zona del euro continuará avanzando. "La integración europea es un proceso histórico irreversible, pero no voy a negar que sería mejor que los daneses se nos unan lo más rápido posible", indicó.
El euro, sin embargo, no gana adeptos afuera de sus fronteras. "Todos los euroescépticos en Gran Bretaña van a celebrar esta noche", predijo Lykke Friis, analista del Instituto de Política Extranjera. Una opinión confirmada más tarde por el corresponsal de la cadena danesa de TV2 en Londres, que dijo que los "conservadores están fascinados por el resultado, casi eufóricos".
Inquietud en la Argentina
El "No" de Dinamarca al euro revivió el temor de los exportadores argentinos que colocan productos en Europa y que ahora temen que la moneda común pague con una nueva desvalorización este rechazo.
"El miedo es que Japón y Estados Unidos se replanteen su participación en el salvataje del euro, lo que tiraría abajo su cotización y sería un nuevo lastre para nuestra economía", dijo a La Nación un economista que pidió el anonimato porque considerar que aún no tiene "una opinión final formada al respecto".
Una semana atrás, los exportadores locales saludaron la decisión de los bancos centrales de Europa, Japón y Estados Unidos de defender el euro, que hasta entonces había perdido casi el 30% de su cotización.
Es que su persistente baja complica la producción argentina que busca ese mercado ya que, por el régimen de convertibilidad que ata la cotización del peso al dólar, se encarece cada vez más frente a los productos que ofrecen otros países.
Hoy, alrededor del 25% de las ventas que la Argentina realiza al exterior tiene por destino Europa. Sin embargo, la situación del euro es indiferente para la mitad de ese volumen, que se maneja con precios regulados. Por el contrario, una nueva baja beneficiaría al argentino que planea viajar por Europa, ya que ganaría poder de compra frente a la depreciación de la moneda europea.


