
Donde el pasado se pone en duda
Por Narciso Binayán Carmona
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En medio de la recurrente tensión política entre los Estados Unidos e Irak, o de la espesa relación palestino-israelí, suele perderse de vista el panorama de Medio Oriente como región y de sus numerosas situaciones problemáticas, que atraen poco o nada la atención de Occidente, aunque involucren a millones de personas.
Tal es el caso del bloqueo de la frontera oeste de Armenia por parte de Turquía desde hace más de un lustro. Ello deja a ese país totalmente incomunicado por tierra, excepto por el Norte (vía Georgia) y por el Sur (vía Irán). La frontera Este, con Azerbaiján, está bloqueada desde hace años por la guerra de Karabagh, aunque las hostilidades están paralizadas en virtud de una tregua desde 1994.
A este respecto, hace algunas semanas el ministro turco Hikmet Sami Türk puntualizó que su país "no tiene intenciones de mejorar las relaciones con Armenia ni planea levantar el bloqueo en la frontera con Turquía". Señaló que Armenia "siempre trata de mantener la cuestión del genocidio armenio sobre el tapete" y añadió que "el comportamiento de los armenios, en lugar de propender a la amistad y a la cooperación entre ambos países, provoca sentimientos de odio. No beneficiará a nadie -dijo- la tergiversación de la verdad histórica, la adopción de una política exterior basada en porfías y fantasías sin fundamento".
Türk, al anunciar que no hay solución, puso sobre el tapete algo que en aquel momento era más o menos histórico y no demasiado actual -en términos periodísticos-: el tema del genocidio. Ahora ¿qué es exactamente un genocidio?
La palabra "genocidio" ha sido difundida en los últimos tiempos para situaciones totalmente distintas de las enumeradas por el artículo Nº 2 de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Este texto lo limita a una serie de actos "perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal" mediante matanza, lesión grave a la integridad física o mental de sus miembros, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción total o parcial, impedimento de nacimientos dentro del grupo y traslado por fuerza de niños de un grupo a otro.
El origen del término
Es decir que lo que implica el delito de genocidio, así como la instigación tentativa o complicidad es el ataque a "un grupo nacional étnico, racial o religioso" para destruirlo en todo o en parte. No es, de ningún modo, el matar "a mucha gente" y así es como, por ejemplo, matar a 2000 millones de chinos, 10 millones de italianos o cien millones de católicos, no implica necesariamente genocidio, ya que no corre peligro de desaparición el pueblo chino, ni el italiano ni la feligresía católica. A no ser que fuera tentativa de eliminación. Es una atrocidad, pero no un genocidio.
Esto surge del pensamiento del hombre que lo planteó en el campo del derecho. Fue un abogado judío de Varsovia, el doctor Rafael Lemkin (1901-1959) quien, horrorizado por la matanza armenia, al enterarse de la liberación por parte de los ingleses en Malta de 150 criminales de guerra turcos, escribió: "Una nación era asesinada y los culpables eran liberados. ¿Por qué la matanza de un millón es un crimen menor que la matanza de un simple individuo?" A esta duda moral siguió el efecto que le produjo la absolución, por parte de la justicia alemana, de Soghomón Tehlirán el 3 de junio de 1921, tras haber matado, el 13 de marzo anterior, a Talaat Pashá, ex ministro del Interior turco y uno de los principales responsables de la masacre (datos de sus memorias: "Totally Unofficial").
Lemkin maduró su pensamiento a lo largo de una década y presentó al Congreso Internacional para la Unificación del Derecho Penal (Barcelona, 1933) una propuesta para declarar crimen internacional a la "destrucción de una colectividad racial, religiosa o social". Su idea no fue aprobada y ocho años más tarde logró escapar del exterminio nazi en Polonia. En 1944 acuñó para ese nuevo delito internacional la palabra "genocidio". Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas lo aprobó (9 de diciembre de 1948), se suprimió la destrucción de grupos sociales.
Ahora bien, en el caso armenio, Türk trajo la cuestión del genocidio a colación sin que el gobierno de Armenia lo hubiera planteado en momento alguno desde la restauración de la independencia en 1991, en tanto que no pone precondición alguna para establecer relaciones con Ankara. Esta le exige la retirada de los territorios ocupados en Azerbaiján, pero no existen allí tropas de la República de Armenia y el conflicto en esa zona es entre Karabagh, que no está incorporado a aquélla, y Azerbaiján.
En lo que hace al genocidio de 1915-1922, las diversas comunidades dispersas por el mundo a raíz del mismo plantean su reconocimiento por sus respectivos países de residencia o por organismos internacionales.
La tragedia de 1915
En 1915, según el censo efectuado por el patriarcado armenio (1913-1914), había dos millones de armenios en los límites de la actual Turquía y ello, pese a la enorme sangría que representaron las matanzas de 1895 y de 1909, y la importante emigración que las siguió. Había 60 diócesis de la Iglesia Armenia y 13 de la Iglesia Católica de rito armenio. Sólo ha sobrevivido una: el patriarcado de Constantinopla.
De los dos millones de armenios censados apenas sobrevivió, como máximo, la mitad, y apenas un puñado quedó en los límites de la Turquía actual.
Un dato:Turquía niega que haya habido matanzas (o sea, genocidio). Türk habla de una "tergiversación" de la historia y de "fantasías sin fundamento". No se aclara cómo desaparecieron dos millones de personas ni qué pasó con las 72 diócesis que ya no están.
Otro dato: en 1999 se reunirá en Constantinopla la Organización de Seguridad Europea para redactar una nueva Carta de Derechos Humanos.
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