Dramático suicidio en Notre Dame
Un intelectual de derecha se disparó frente a turistas
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PARÍS - En un gesto tan espectacular como espeluznante, Dominique Venner, uno de los principales ideólogos de la extrema derecha francesa, se suicidó ayer en la catedral de Notre Dame de París, disparándose una bala en la boca delante de centenares de turistas horrorizados.
"Fue una escena apocalíptica que nunca se había producido en este lugar", comentó monseñor Patrick Jacquin, rector de la célebre catedral. Las 1500 personas que se hallaban en la iglesia en el momento del drama fueron rápidamente evacuadas.
"Me suicido para despertar las conciencias dormidas. Me sublevo así contra la fatalidad", dijo Venner en un último mensaje publicado por la mañana en su blog.
Desconocido por el gran público, Venner era un personaje de envergadura en la historia de la extrema derecha contemporánea. Prolífico ensayista, a los 78 años era considerado el teórico del nuevo nacionalismo francés y sobre todo de su renacimiento después de la Segunda Guerra. Una suerte de eminencia gris, sobreviviente de todos los combates perdidos por esa familia política desde la liberación, y guía ideológico de toda una generación.
En nombre de un "derecho a la diferencia", sus teorías defendían una jerarquización de las civilizaciones, que acordaban a los europeos un rango superior. Europa, decía, corría el peligro de diluirse y ser sumergida por las migraciones de poblaciones llegadas del Sur.
Aterrado por el espectro de la "decadencia" y obnubilado por la cuestión "identitaria", Venner ratificó sus obsesiones en ese último post. En guerra contra el mundo moderno, en ese mensaje expresa su rechazo visceral a "la ley infame" del "matrimonio para todos". Ese texto, que autoriza las bodas gay, fue aprobado la semana pasada por el Parlamento francés. Venner también reitera aversión a "los musulmanes que anegarán Occidente" y vaticina "el gran reemplazo de poblaciones en Francia y en Europa".
Dispararse en la cabeza con una pistola belga de una sola bala puede ser considerado no solamente trágico, sino altamente simbólico. Sin embargo, para ese teórico renovador de la ultraderecha, de obediencia pagana y sensibilidad anticristiana, la decisión de inmolarse frente al altar de una catedral plantea interrogantes suplementarios que probablemente nunca tengan respuesta.
Con su suicidio, Venner quiso ser el mártir de una causa que se ha transformado en fanatismo.
"Todo nuestro respeto para Dominique Venner, cuyo gesto, eminentemente político, fue un intento de despertar al pueblo francés", dijo Marine Le Pen. Con esas palabras, la presidenta del Frente Nacional no sólo demostró que ella también forma parte de esa larga historia de la extrema derecha: al mismo tiempo, asumió igualmente toda su herencia.
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