EE.UU. usó un clon de Twitter para debilitar a los Castro

La red social fue creada por el Departamento de Estado hace unos años
La red social fue creada por el Departamento de Estado hace unos años
A. Arce
D. Butler
J. Gillum
(0)
4 de abril de 2014  

WASHINGTON.- El gobierno norteamericano creó, hace cinco años, un "Twitter cubano", una red social diseñada para socavar al gobierno comunista de la isla, con empresas de fachada constituidas en secreto y financiadas por bancos extranjeros.

El proyecto, que duró dos años y atrajo a decenas de miles de suscriptores, buscaba eludir las fuertes restricciones que el gobierno cubano impone sobre el acceso a Internet. La red estaba destinada a volverse popular entre los jóvenes en Cuba y a empujarlos a la disidencia.

Sin embargo, sus usuarios nunca supieron que el proyecto fue creado por una agencia vinculada con el Departamento de Estado, cuando Hillary Clinton lo comandaba.

No está claro si el proyecto es legal bajo las leyes estadounidenses, que exigen autorización del presidente y una notificación al Congreso para cualquier operación secreta. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés) declinó decir quién aprobó el programa o si la Casa Blanca conocía su existencia.

Como mínimo, los detalles parecen contradecir los argumentos que por mucho tiempo esgrimió Usaid en el sentido de que no participa en acciones encubiertas, algo que podría socavar su misión de asistencia a los pobres y vulnerables del mundo.

La Usaid y sus contratistas hicieron un esfuerzo significativo para ocultar los lazos que el proyecto tenía con Washington, según entrevistas y más de 1000 páginas de documentos sobre el desarrollo de esta iniciativa.

La organización estableció empresas de fachada en España y las islas Caimán para ocultar las transacciones e intentó contratar a altos ejecutivos de empresas sin decirles que se trataba de un proyecto financiado con dinero de los contribuyentes de Estados Unidos.

"No se mencionará en lo absoluto la participación del gobierno de Estados Unidos -dice un informe de Mobile Accord, una de las contratistas. Es totalmente crucial para el éxito a largo plazo del servicio y garantizar el cumplimiento de la Misión [sic]."

El proyecto, denominado ZunZuneo en Cuba se llama zunzún al colibrí, debutó después del arresto en Cuba, en 2009, del empresario estadounidense Alan Gross, condenado a prisión tras viajar repetidamente a la isla en otra misión clandestina de la Usaid para ampliar el acceso a Internet mediante el uso de tecnología avanzada. La Usaid dijo que su labor se hizo en concordancia con "las leyes estadounidenses".

El plan parece ser un retroceso a los tiempos de la Guerra Fría y a la lucha que por décadas sostuvieron Estados Unidos y Cuba. La revelación sobre él llega en un momento en el que la relación históricamente mala entre los dos países mejoró y cuando Cuba intenta dar pasos hacia una economía de mercado. ZunZuneo comenzó en 2009 después de que Creative Associates International, empresa con sede en Washington, consiguiera 500.000 números de celulares para crear una base de suscriptores.

Sus responsables querían que la red social creciera lentamente para no ser detectada por La Habana. Luego, la red reuniría una masa crítica suficiente como para que los disidentes convocaran con poca antelación a encuentros masivos, conocidos en inglés como smart mobs, y provocar manifestaciones políticas o "una renegociación del equilibrio de poder entre el Estado y la sociedad".

La Habana mantiene un control férreo sobre la información y los líderes del país consideran a Internet un "potro salvaje" que "hay que domar".

Suzanne Hall, funcionaria del Departamento de Estado que trabajaba en el programa de redes sociales impulsado por Clinton, participó en reuniones sobre ZunZuneo y encabezó un intento de conseguir que el fundador de Twitter, Jack Dorsey, se hiciera cargo del proyecto.

Los 1,6 millones de dólares que se invirtieron en ZunZuneo estaban asignados públicamente a un proyecto no especificado en Paquistán.

Para parecer un negocio legítimo, ZunZuneo creó un portal de Internet y una campaña de marketing, de manera que los usuarios pudieran suscribirse y enviar sus mensajes de texto a grupos de su elección. Entre bambalinas, sus computadoras almacenaban y analizaban los mensajes y otra información demográfica, incluido su género, años, "receptividad" y "tendencias políticas".

La Usaid creía que esa información los iba a ayudar a dirigir otros programas que tenían en Cuba y a "maximizar las posibilidades de ampliar el alcance" de la compañía.

ZunZuneo también creó una empresa en España y otra en las islas Caimán un conocido paraíso fiscal británico en el Caribe para pagar las facturas y cuentas de la compañía, de manera que "las transacciones monetarias no indicaran su origen en Estados Unidos", decía un memorando sobre estrategia. Eso hubiera sido catastrófico, concluyeron, porque socavaría la credibilidad del servicio ante los usuarios y provocaría su bloqueo por parte del gobierno cubano.

De manera similar, los mensajes de los suscriptores eran enviados a través de otros países, pero nunca a través de servidores en Estados Unidos.

Mobile Accord consideró contratar altos ejecutivos para dirigir la compañía de España. Una de las candidatas, Françoise de Valera, dijo que nunca le dijeron nada sobre Cuba o la participación de Washington.

A lo largo de dos años, ZunZuneo llegó a tener 40.000 suscriptores. Pero los documentos de su equipo revelan que consiguieron pruebas de que las autoridades cubanas trataron de seguir la pista a los mensajes de texto y de intentos de penetrar su sistema.

ZunZuneo desapareció abruptamente en 2012 y el Partido Comunista cubano sigue en el poder, sin que una "primavera cubana" se avizore.

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.