
El adiós a un excéntrico que dio vida a Munich
Murió el diseñador Moshammer
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MUNICH.– Durante más de 30 años, ningún viaje a la capital de Baviera estaba completo sin un vistazo al excéntrico de peinado extravagante que paseaba por la ciudad en su Rolls Royce plateado con un terrier Yorkshire en sus brazos.
El diseñador de modas Rudolph Moshammer era lo más cercano a la realeza que tenía Munich. Las celebridades respetaban su astuto trato con los medios; la gente común admiraba su historia de mendigo a millonario, su obra en favor de los desamparados y el color que les ponía a sus vidas diarias.
Cuando corrió la noticia de su muerte hace dos semanas, inmediatamente las rosas y los cirios comenzaron a apilarse frente a Carnaval de Venise, su boutique sobre la exclusiva Maximilianstrasse, de Munich.
Su violento asesinato, presuntamente cometido por un taxi boy que había levantado en una estación de trenes, no hizo más que multiplicar los rumores. Desde el 13 de enero, cuando el cuerpo del diseñador de 64 años fue descubierto por su chofer en el primer piso de su residencia en un exclusivo barrio de Munich, estrangulado con un cable, los diarios alemanes publicaron informaciones detalladas del arresto y confesión del acusado por asesinato, un iraquí de 25 años que buscaba asilo político.
La muerte del diseñador, entre cuyos clientes figuraron Arnold Schwarzenegger, el cantante José Carreras y el actor Richard Chamberlain, pasó de las publicaciones sensacionalistas y la prensa del corazón a ser tema de artículos reflexivos en los principales diarios alemanes, y su oculta homosexualidad se convirtió en el centro de debates por TV.
El 22 de enero, unas 10.000 personas acompañaron la carroza fúnebre desde una iglesia de Munich hasta el cementerio, y el hecho fue transmitido en vivo por diversos canales de televisión.
"Esta ciudad, de noche, está vacía; no pasa nada. El dio algo de vida a Munich", dijo Maria Arech, una de las tantas personas que se acercaron al local de Moshammer.
Moshammer, nacido en la capital bávara, pasó su infancia en la pobreza. El, junto con su madre, abandonó a su padre alcohólico, que más tarde murió como un sin techo más.
Anhelaba la fama y el glamour que, a su juicio, le garantizaría el futuro financiero, y después de interrumpir su capacitación como sastre completó un curso de ventas minoristas.
Conoció a un acaudalado inversor y en los años 60, junto con su madre, inauguró una boutique en uno de los lugares más caros de Munich. Invitados VIP se dieron cita en la fiesta inaugural, en la que, entre otras atracciones, había un guepardo encadenado.
"La prensa sensacionalista no veía la hora de que asomara alguien como él", dijo Michael Kneissler, periodista local. Moshammer llenó un vacío en la sociedad de Munich en los años 70 y 80. Muy pronto, jeques, personalidades de Hollywood como Schwarzenegger y artistas de Las Vegas como Siegfried y Roy compraban sus trajes en su negocio. Si las coloridas chaquetas de seda y tapados de piel parecen hoy un tanto frívolos, en ese momento estaban de moda.
Cuando el negocio declinó, su talento para encontrar un lugar en los medios sensacionalistas le aseguró que su línea de diseño, que se esfumaba lentamente junto con las cadenas de oro y los cuellos de terciopelo, ya no fuera su única fuente de ingresos.
El y su perrita, Daisy, se convirtieron en la exitosa imagen publicitaria de todo, desde hamburguesas hasta alquiler de automóviles. El extravagante comportamiento de Moshammer, aunque querible para muchos, también lo convirtió en blanco de muchas burlas, dentro y fuera de Munich. "Era una especie de bufón", dijo Kneisser.
"Para los habitantes sin techo de la ciudad, Moshammer fue mucho más que eso", opinó Hildegar Denniger, que también defiende la causa de los desamparados. Frente a su boutique y ante las cámaras, Moshammer solía promover la venta de Biss, la publicación de los sin techo.
Mientras persisten los rumores de que la boutique de Moshammer podría cerrar definitivamente, sus admiradores ahora depositan flores en el mausoleo que mandó construir para sí mismo y para su madre en el cementerio del este de la ciudad.





