
El chavismo busca truncar la transición tras el terremoto, pero EE.UU. le cierra el paso y se abre una oportunidad para Machado
Marco Rubio comenzó a reordenar los plazos y las instituciones para avanzar hacia elecciones generales a fines de 2027
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BOGOTÁ.– La esperanza y el duelo cohabitan en la zona cero del doblete sísmico un mes y 1463 réplicas después de la gran tragedia en Venezuela.
En torno a un árbol, a los pies de las toneladas de escombros de lo que fueron las torres de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales 25, en Tanaguarenas, del estado La Guaira, se ha levantado un altar infantil improvisado con peluches, juguetes, cochecitos, fotografías, incluso con diplomas escolares.
Hay barbies, juguetes de Lilo y Stitch, el Tigger de Winnie Pooh, Minnie Mouse y hasta un muñequito que se hizo famoso hace años en Venezuela porque lo repartía una hamburguesería estadounidense. Y, entre medio, un Superbigotes, el superhéroe que Nicolás Maduro nunca fue, un invento de sus asesores cubanos para hacer olvidar a Hugo Chávez, y SuperCilita, la primera combatiente revolucionaria.

Los dos juguetes que regalaba el gobierno para conseguir fidelidades imposibles entre los niños no alcanzaron ni un minuto de gloria. Tan tristes y apagados como la versión real del dictador Maduro y su mujer, quienes comparecieron derrotados y decaídos el miércoles ante la corte neoyorquina. Tal y como han desaparecido de la escena del poder revolucionario, sustituidos sus dirigentes por otros cercanos a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.
Los juguetes “presidenciales” se justifican porque estas torres de la OPP se construyeron para albergar a las clases populares más desposeídas, programa estrella del chavismo. La reconstrucción de estas viviendas y de toda la zona costera se ha convertido en la gran prioridad nacional.
Un objetivo preeminente, pero no el único. El chavismo 3.0 ha querido ganar tiempo a costa del terremoto, convencido de que jugaba por adelantado ante las dimensiones apocalípticas de la tragedia. Pero el tiro salió por la culata: Washington frenó en seco las apetencias de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, de convertirse en el virrey de la reconstrucción para extender sus tiempos.

Las palabras del hermano mayor de los Rodríguez sobre el “irrespeto y la grosería” que suponía decidir en semejantes circunstancias “quién va para el Consejo Nacional Electoral (CNE) o quién va para el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)” quedaron pulverizadas días después, tras el anuncio de la puesta en marcha para el 1 de agosto de la “iniciativa”, como la denomina el Departamento de Estado.
Oficialismo y oposición
Cinco comisiones repartidas a partes iguales entre parlamentarios de la Asamblea Nacional chavista y de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional del 2015 (de mayoría opositora) consensuarán hasta diciembre, al ritmo que marque Washington, la renovación del TSJ para evitar que los hermanos Rodríguez hereden un sistema de Justicia controlado por Cilia Flores. Ese será el primer paso que permitirá que los partidos recuperen sus tarjetas electorales, ‘robadas’ por el TSJ y que sus líderes sean rehabilitados.
El segundo será la elección del CNE que estará compuesto por dos revolucionarios, dos opositores y una figura independiente en la que Estados Unidos tendrá mucho peso. El registro electoral, el voto de la diáspora y cuestiones técnicas formarán parte de un cronograma que acabará a finales de 2027 con unas elecciones. Al menos esas son las intenciones. Como casi todo en la Venezuela de hoy, donde más de 2000 uniformados y marines se han desplegado en la zona cero y donde sus poderosos buques de combate se dedican a abastecer a sus hombres, todo pasa por lo que decida la Casa Blanca.
“En la historia, los terremotos han tenido dos posibles desenlaces: o consolidan a las dictaduras en el poder por medio del control delincuencial, el desvío de la ayuda humanitaria y el aumento de los mecanismos sofisticados de control social... o aceleran su colapso. Los terremotos del 24J fueron un cisne negro que aceleró el Plan de 3 fases de Rubio para Venezuela“, dijo a LA NACION el analista político Enderson Sequera.
“En adelante, la administración de los Estados Unidos entendió que necesitaba acelerar la transición y ha elegido la vía de una negociación institucional entre Asambleas que defina las reglas de juego para tener un nuevo CNE, una nueva Sala Electoral del TSJ y elecciones libres. En diciembre entregarán los primeros resultados. Es probable que las elecciones se den para el segundo semestre del 2027, ya sean presidenciales o generales”, agregó.
Rubio, el verdadero cerebro tras esta iniciativa, ha querido abrir en las últimas horas un hueco para la gran ausente del proceso, María Corina Machado, la Premio Nobel de la Paz.
“Es muy importante en este proceso”, secundó Dinorah Figuera, presidenta de la comisión delegada de la Asamblea Nacional del 2015, pese a las interminables reuniones entre opositores, dentro y fuera de la Plataforma Unitaria, para abrir un mecanismo que convenza a todas las partes, en entredicho por la ausencia de la líder opositora.
Mientras la oposición buscaba una entente interna, a sabiendas de que el mandato estadounidense no tiene marcha atrás, el chavismo trumpista se lamía sus heridas políticas tras el rechazo general provocado por su pésima gestión tras la catástrofe. Una oportunidad de oro perdida que se puede suavizar con el paso del tiempo.

“La oportunidad aún no se ha agotado del todo, pese a que todas las acciones gubernamentales han priorizado el control sobre la protección y han tenido casi que como único y exclusivo destinatario al gobierno de Estados Unidos. Esta indignación inicial puede disiparse progresivamente ante la realidad que la única fuente de reconstrucción, buena o mala, vendrá de la tutela gestionada por el Palacio de Miraflores”, advirtió el sociólogo Rafael Uzcátegui, director del Laboratorio de Paz.



