El crimen de Safra empaña la imagen idílica de Mónaco
El magnate fue asesinado hace un año
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PARIS.- Este fin de semana se cumple un año de la misteriosa muerte en Montecarlo de uno de los hombre más ricos del mundo, Edmond Safra.
El aniversario es una espina en el talón de las autoridades monegascas, que desde entonces mantienen tras las rejas a uno de los doce enfermeros del magnate, Ted Maher, un norteamericano de 42 años.
El hombre parece haber confesado el crimen, pero algunos, como el periodista de Vanity Fair Dominic Dunne, sostienen que su declaración fue un invento de la policía para cerrar un caso que cuestionó su omnipresente sistema de seguridad y pudo haber puesto de relieve el grado en el cual el principado ha sido infiltrado por la mafia rusa.
Todo comenzó a las 5 del 3 de diciembre de 1999. Maher despertó a su patrón con la noticia de que dos enmascarados habían ingresado en su domicilio, un espectacular edificio de la belle epoque , sede también de tres bancos y fortificado hasta los dientes.
Maher sangraba de tres heridas de cuchillo en un brazo. Aunque en su juventud fue boina verde en el ejército norteamericano, su servicio se había circunscripto a ser auxiliar de medicina y no tenía la más mínima experiencia de combate.
Safra vivía obsesionado por su seguridad y días antes había dicho estar convencido de que alguien había cerrado un contrato para matarlo. Aterrado de ser capturado por los intrusos, Safra, que sufría a los 67 años de mal de Parkinson, se encerró con una enfermera, Viviane Torrente, de 52 años, en el baño con puerta de acero reforzado del último piso. Pero en cuestión de minutos el edificio comenzó a ser devorado por llamas. Y es aquí donde surgen las divergencias.
Safra y su acompañante murieron asfixiados. La fiscal Catherine Le Lay dice que Maher confesó haberse autoatacado e iniciado un foco de incendio con la intención de ganarse el aprecio de su jefe con un raudo salvamento que no pudo llevar a cabo.
Pero los estudios forenses hablan de dos focos de incendio: uno en la planta baja, otro en el último piso. La fiscalía también sostiene que la esposa de Safra, Lily, permaneció durante toda la tragedia dormida en su habitación. Pero ella lo niega. Más aún, asegura que su esposo habló mediante un intercomunicador desde el baño dos veces con ella, una con un guardaespaldas y por último con la policía.
Dudas
Muchos se preguntan por qué el empresario y la enfermera no decidieron entonces abandonar su encierro y por qué les tomó a los bomberos más de dos horas acceder a su escondrijo. Queda también por establecer qué ocurrió con los cassettes de las cámaras de seguridad interna que desaparecieron.
La figura de Safra ha estado en la sombra desde que en 1952 el Bureau de Narcóticos norteamericano lo calificó de "narcotraficante". La acusación fue retirada, pero el empresario siguió protagonizando rumores sobre lavado de dinero y venta de armas.
Como muchos de sus pares, el banco de Safra se construyó gracias a depósitos "cash" y no con intereses ganados sobre préstamos. Y esto lo puso varias veces en la mira del FBI.
La última vez fue en 1998, cuando fue investigado por su presunta participación en voluminosos blanqueos de capitales rusos que provenían de préstamos acordados a Moscú por el FMI. Pero nada se probó en su contra.
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