
El desierto de los demonios, al este del Africa negra
Por Narciso Binayán Carmona
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"Entre las buenas cualidades de los negros se cuenta lo raros que son allí los abusos. Se trata de la gente más lejana a la injusticia que existe, y su rey no perdona a nadie ni siquiera el más mínimo desliz. La total seguridad que hay en sus territorios es tal que ni viajeros ni lugareños tienen que temer a ladrones o salteadores. El respeto hacia las riquezas de los blancos que fallecen en sus tierras, por enormes que sean los tesoros, es tal que depositan la herencia en manos de algún blanco de confianza hasta que se hagan cargo los legítimos herederos". Esto lo cuenta Ibn Battuta, de Tánger, el más importante viajero de la Edad Media, que visitó Malí entre 1353 y 1354.
Malí, cuyo nombre después desapareció con el poderío de la dinastía que lo fundó, fue entre los siglos XIII y XIV uno de los imperios más importantes y ricos del mundo, así como el primero de toda el Africa negra. En él sus reyes, los mansa, unificaron a todos los pueblos mandingas y llegaron aun más allá, hasta las costas del Atlántico, como lo anota otro autor musulmán, el tunecino Ibn Jaldún, a fines del 1300.
La partición de la tierra
Cuando los europeos se repartieron Africa, en el siglo pasado, la gran mayoría de los territorios mandingas se la apropiaron los franceses, dentro de la enorme división administrativa a la que llamaron Africa Occidental Francesa. En esa región había dos colonias de interés aquí:el Sudán francés, creado en 1906 con otro nombre, y Guinea. De acuerdo con la siempre disparatada división colonial, ni en un caso ni en el otro se respetaron en absoluto las realidades lingüística, cultural y étnica, amontonando a capricho un surtido de pueblos diversos en unidades artificiales.
Los límites, además, fueron cambiando varias veces en la misma forma caprichosa. En el caso concreto de Sudán, se le adjudicaron enormes territorios del sur del Sahara, poblados por tuaregs , blancos y bereberes, con consecuencias trágicas que llegan hasta nuestro tiempo.
Este dislate pudo haberse corregido cuando se les devolvió la independencia, en 1958. Era tanto más sencillo cuanto que el amo colonial era el mismo: Francia.
De este modo, nacieron dos países en que, si bien la mayoría de la población era de una misma nacionalidad -los orgullosos mandingas- alrededor de la mitad tenía orígenes muy diferentes, y con frecuencia se trataba de enemigos. Fue así como, al heredar una creación burocrática hecha en otras tierras y con objetivos muy distintos, recibieron una sobrecarga de problemas totalmente ajenos a su realidad.
Esto, que de por sí ya era gravísimo, se vio potenciado por la sacralización de las fronteras coloniales, concretada por la decisión de la Conferencia de Unidad Africana en El Cairo en 1964. ¿Cuál es la razón de ello, aparte de la comodidad de las respectivas burocracias que recibieron el poder de manos de Londres, París, Madrid y Lisboa? La intensa discusión al respecto aún no se ha cerrado.
Se ha indicado que "acordaron prioridades más altas que otros asuntos", y que se estableció el interés de los gobiernos por mantener el statu quo . "Desde que la mayoría de los Estados africanos no posee cohesión interna, está en su interés el conservar la caparazón (externa) del Estado." Una lista, probablemente incompleta, enumera 103 fronteras que dividen artificialmente a pueblos de Africa (A.I. Asiwaju "Partitioned Cultural Areas: a Checklist" en "Partitioned Africans", Universidad de Lagos, 1984, Págs. 252-258).
Fue de esta manera como los orgullosos mandingas se encuentran divididos en dos Estados principales que cuentan, cada uno, casi la mitad de mezcladas minorías, y ello sin que falten varios otros Estados en los que son, a su vez, la minoría.
Magia, historia y poder
Dos veces he usado la expresión "los orgullosos mandingas". ¿Por qué? Porque se trata de un pueblo que hace culto de su ilustre pasado y de sus dignos ancestros. "Si vas a Kába, ve a ver el claro de Kurukán Fugán, y verás plantado un linké, que perpetúa el recuerdo de la gran asamblea que vio la partición del mundo." Allí el rey Sundiata Keita, tras vencer a su enemigo, el rey Sumaoro Kanté -famoso y temible hechicero- organizó las 30 grandes familias mandingas. Estas pueden compararse con los clanes de Escocia. Ello ocurrió en 1235.
"Los hechos de los que he hablado pasaron hace mucho tiempo y todo esto tuvo por teatro el Manding; los reyes sucedieron a los reyes, el Manding ha quedado el mismo... Por mi palabra conocerás la historia del antepasado del gran Manding, la historia de aquel que sobrepasó a Alejandro Magno, que desde el Este iluminó todos los países de Occidente." (D.T. Niane, "Soundjata", Presence Africaine, París, 1960).
En todo este pasado sobresale, por ejemplo, la grandeza del rey Musa, musulmán como todos los mandingas, que hizo la peregrinación a La Meca en 1324 y cuya magnificencia deslumbró a toda la Ciudad Santa y a Egipto. Basta recordar que gastó tanto oro que el precio del metal en Egipto bajó y tardó más de doce años en reponerse. Jamás, peregrinación real alguna -y eso incluye algunas de gran esplendor, como la realizada siglos antes por el califa Harún al Rashid- alcanzó el nivel de la de Musa.
La situación actual
Malí tiene 10 millones de habitantes y Guinea, siete. El primero vive la tirante situación de los tuaregs , tratados con gran dureza por los sucesivos gobiernos, cientos de miles de los cuales han debido partir como refugiados a países vecinos. El nombre de su principal organización resume todo: "Supervivencia tuareg ". El problema aún no se ha solucionado.
En cuanto a Guinea, ha soportado la feroz tiranía marxista de Seku Turé (1958-1984), uno de los dictadores más tremendos del Africa moderna, tras haber sido un respetado líder en la lucha por la independencia. Allí hubo, aparte de la crueldad del gobierno con todos, una guerra étnica en 1976, con el enclave peul o fulani, de Futa Jalón, reino que existía antes de la llegada de los franceses.
Los dos mayores son muy pobres, pese a sus muchas riquezas naturales: el presidente de Malí, Umar Konaré, en su reciente visita a la Argentina, enumeró a La Nación las tremendas deficiencias de su país en mortalidad infantil, salud y educación, pese a su potencialidad agrícola -por ejemplo, en arroz-, ganadera y minera, como es el caso del oro. En cuanto a Guinea, ésta se trata, entre otras cosas, de uno de los principales productores de bauxita, de la que posee un tercio de las reservas mundiales.
Por último, valga una aclaración: el Manding es, por una parte, la región donde viven los mandingos (Mandé Nké). Pero, por otra, es -según una definición de los lugareños- "el desierto, la oscuridad, el abismo donde se esconden el diablo y los malos espíritus". O, más precisamente, "la tierra lejana del misterio", donde acecha el peligro y quizás el mal, probablemente el demonio...
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