
El día de Freud en Nueva York
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MIAMI.- Los norteamericanos mantienen una turbulenta relación con Sigmund Freud que, generalmente, consiste en atacar sus teorías y apropiarse de su persona. Gran parte de la cultura norteamericana a partir de la segunda mitad del siglo XX sería impensable sin Freud y, al mismo tiempo, pocos han hecho tanto por socavar su lugar en la historia como los norteamericanos.
Hasta la palabra que usan para referirse a un psicoanalista - shrink - y que hoy ha ingresado en el habla común, tiene una connotación negativa. El término fue acuñado en los años 50, como un recorte de la palabra headshrink (reducidor de cabezas), una alusión a los jíbaros que reducían la cabeza de sus víctimas y las exponían públicamente, lo que llevó a Samuel Goldwin, el legendario productor de Hollywood, famoso por sus antinomias, a sentenciar: "El que va a un psicoanalista tendría que hacerse revisar la cabeza".
Y si bien el psicoanálisis llegó a los Estados Unidos (y en especial a Nueva York) en la década del 30, de la mano de los emigrados europeos que escapaban al nazismo, lo cierto es que pocos han contribuido tanto a su celebridad como Woody Allen.
Perenne ocupante del diván, Allen se encargó de cimentar la relación entre Nueva York y Sigmund Freud hasta tornarla tan inseparable como el jazz, la estatua de la Libertad o los teatros de Broadway. Por eso no es extraño que cuando el alcalde Michael Bloomberg decidió marcar el sesquicentenario del nacimiento del padre del psicoanálisis, instituyendo el 6 de mayo como el Día de Freud en Nueva York, hubiera aludido al papel de Woody Allen. "Cualquiera que tenga alguna familiaridad con la obra de Woody Allen sabe que la ciudad de Nueva York ha sido un gravitante centro del psicoanálisis", dijo Bloomberg, justificando su decisión.
Nueva York sigue siendo la capital estadounidense del psicoanálisis. De los 3500 miembros de la Asociación Psicoanalítica Americana, 850 residen en Nueva York. Esto aun no se compara con la densidad psicoanalítica de Buenos Aires, que ostenta el récord mundial en cuanto a proporción de terapeutas por población (aventaja a Nueva York en una relación de 6 a 1), pero dado el poderoso frente anti-Freud que se ha ido constituyendo en las últimas cuatro décadas, las cifras siguen siendo notables.
Escándalo
Los ataques a Freud no asombran en un país donde el puritanismo exacerbado convive con la mayor industria de la pornografía del planeta. El rol que Freud asigna al impulso sexual en el comportamiento humano escandalizó a los moralistas tanto como conceptos como "la envidia del pene" enfurecieron a las feministas.
Y aunque nadie deja de reconocer su genio en descubrimientos como el del inconsciente o nociones como la ambivalencia, muchas de sus teorías, así como el rigor de su ética profesional y personal se han ido desmoronando con el tiempo, al punto de que en 1996, una muestra sobre la obra de Freud organizada por la Biblioteca del Congreso de Washington debió ser cancelada por la presión que montaron sus detractores y muchas universidades incluyen hoy en día el estudio de Freud, no en la carrera de psicología sino en la de crítica literaria.
Una de las primeras refutaciones a las teorías sexuales de Freud aparecieron a mediados de la década del 60, con la publicación de "Respuesta sexual humana", de Masters y Johnson. El estudio demostró la inexistencia de una diferencia entre el orgasmo de clítoris y el vaginal, tal como Freud pretendía.
En cuanto a su estatura ética, nada resultó tan perjudicial como la revelación que hizo el historiador Paul Roezen, en 1995, en su libro "Cómo trabajaba Freud", de que Freud había psicoanalizado a su hija Anna en dos períodos, a pesar de que él mismo había advertido a sus colegas del peligro: " Nunca experimenten con esto en casa".
Pero los aniversarios suelen ser las ocasiones en que la gente se siente inclinada a exaltar las virtudes y olvidar las faltas y 150 años parece ser una cifra robusta y persuasiva.
De modo que Sigmund Freud, quien sólo visitó los Estados Unidos en una sola oportunidad, en 1909, tiene hoy su día en Nueva York como si se tratase del regreso del hijo pródigo. Implícitamente, también tiene su mes -agosto- al que los neoyorquinos bautizaron "el mes más cruel del año", porque todos los psicoanalistas se van de vacaciones y la ciudad queda a merced de sus neurosis.





