
El encantador de cucharas
Uri Geller
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1976
En el cine Gran Rex, la tarde del 5 de septiembre de 1976, el tintineo de cientos de pequeños objetos metálicos en los bolsillos del público era casi ensordecedor. Los porteños acudían preparados al espectáculo del mentalista y parapsicólogo israelí Uri Geller, capaz de doblar duras cucharas, arreglar relojes rotos hace años, hacer germinar semillas en la palma de su mano y adivinar los pensamientos más recónditos.
Como en cada ciudad del mundo en la que se presentaba, su visita provocó curiosidad y polémica. “Uri Geller: ¿verdad o mentira?”, se preguntó la revista Gente, mientras el mago Tu Sam aseguraba que sólo se trataba de subterfugios, de simples ilusiones ópticas.
Nacido en Tel Aviv en 1946, Geller relata que su primera experiencia psíquica ocurrió cuando tenía cuatro años y tuvo un misterioso encuentro con una esfera de luz en su jardín. Sin embargo, la primera vez que se dio cuenta de sus extraños poderes fue a los 11 años, cuando sin querer dobló una cuchara mientras desayunaba.
En la escuela ofrecía pequeñas exhibiciones y, luego de cumplir su servicio militar como paracaidista (resultó herido en la guerra de los seis días), empezó a presentarse ante pequeñas audiencias, ya como una forma de ganarse la vida. La fama lo alcanzó cuando la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir, al ser interrogada sobre el futuro del país, exclamó en un programa de la radio pública: “No me pregunten a mí. Pregúntenle a Uri Geller”.
Pese a que nunca aceptó someterse al escrutinio de ilusionistas o magos profesionales, tanto el Stanford Research Institute, en Estados Unidos, como la Universidad de Londres, certificaron que Geller posee capacidades paranormales.
“La parapsicología ya no es algo vago y oscuro. Los fenómenos extrasensoriales existen”, escribieron los físicos Russell Targ y Harold Putthoff en la prestigiosa revista británica Nature tras someterlo a rigurosas pruebas científicas.
2004
El parapsicólogo más famoso del mundo, que hoy tiene 57 años, aún se indigna cuando lo describen como un simple ilusionista o ponen en tela de juicio sus capacidades paranormales. De hecho, ha demandado sin demasiado éxito a quienes lo llaman mentiroso.
Pero su archienemigo, el mago James “El Asombroso” Randi, lo acusó de engañar a los expertos con trucos “del tipo que aparecen publicados en las cajas de cereales de los chicos”. “Se ve que los científicos ya no comen cereales”, dijo con ironía.
Geller, por su parte, se empeña en sostener que el origen de sus extraños poderes podría ser extraterrestre, e incluso cuenta que sus facultades funcionan mejor en países como México o Egipto, lo que él atribuye a la fuerza de las pirámides.
Engaño o fenómeno, lo cierto es que el hábil showman ha hecho de su nombre una marca capaz de facturar millones de dólares y convocar a las personalidades más diversas.
En 2001 organizó una fiesta para renovar sus votos con su esposa desde hace más de 30 años, Hannah, y la lista de asistentes incluyó a su íntimo amigo Michael Jackson –que ofició de padrino de la ceremonia–, al cantante de los Bee Gees Barry Gibb y hasta al ex corredor de Fórmula 1 Nigel Mansell.
Con una incuestionable capacidad de reinventarse a sí mismo, siempre encuentra la forma de volver a aparecer en los titulares. “Fue un fallo telepático mío”, afirmó Geller cuando en la última Eurocopa el capitán de la selección inglesa, David Beckham, erró un penal en los cuartos de final.
Como si también fuese capaz de doblar su tiempo, publicó 14 best sellers, colabora con numerosos medios de prensa, es un exitoso conferencista, exhibió sus esculturas y pinturas en prestigiosos museos y hasta diseñó el logo de la popular banda adolescente NSYNC. Además, asegura haber sido consultado por el FBI y hasta por la CIA para esclarecer misteriosos crímenes y complejos asuntos de política internacional.
Evidentemente, con Geller siempre habrá público para preguntarse: “¿Cuál es el truco?”





