
El estigma de un carapintada
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CARACAS.- (De una enviada especial).- "Cuando fui a la Argentina, un diario tituló "Llegó el carapintada" -recordó Hugo Chávez-, y yo pensé: "Bueno, si creen eso, fusílenme"".
Ante una rueda de prensa extranjera, el presidente venezolano, un ex militar de 45 años que saltó a la fama al liderar un intento de golpe contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992, aseguró ayer que ese estigma lo acompañará a todas partes durante toda su vida.
"Recuerdo que hasta nos intentaron relacionar con los carapintadas argentinos, que había una conexión entre los dos movimientos, y yo no los voy a juzgar a ellos, pero no era lo mismo." Respecto de la intentona de 1992, dice: "Había que hacerlo, no hubo otra alternativa, pero fue para evitar males mayores; jamás tuvimos la idea de instalar una dictadura militar. Después me llamaron golpista, y así quedé".
Chávez, que tras su frustrada asonada pasó dos años en prisión en compañía de su ex compañero y actual rival Francisco Arias Cárdenas, reconoció que está cansado de "implorar al mundo que nos juzgue con equidad y objetividad; a estas alturas ya no puedo explicarme cómo, tras todo lo que aquí ha pasado, se sigue pensando que en Venezuela hay concentración de poder, cuando es todo lo contrario".
Eso, asegura, sí sucedió en los últimos 40 años, durante la gestión anterior de los partidos tradicionales, cuando, "mientras la Argentina, Chile y Uruguay vivían una larga noche militar, los gobernantes hacían creer al mundo que esto era el mediodía venezolano, que teníamos un sistema democrático modelo".
Al rechazar la imagen internacional sobre la militarización de Venezuela, dijo que allí los hombres de armas fueron "formados con otros métodos, con un criterio democrático".
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