El fantasma de la división entre Oriente y Occidente
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LA PAZ (De un enviado especial).- Prolijo, o acaso precavido, el presidente saliente de Bolivia, Eduardo Rodríguez, fijó para el 2 de julio la elección de los miembros de la Asamblea Constituyente. Su tarea no será menor: debatir los reclamos de autonomía de algunas regiones bendecidas por la bonanza económica, como Santa Cruz de la Sierra y Tarija, que no están dispuestas a continuar subsidiando los quebrantos de las pobres, como La Paz y El Alto.
Evo Morales se mostró partidario de ese foro, pero, dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) y fuera de él, varias voces ya se alzaron contra la eventual composición que tendrá. En todo caso, en un año condicionado por las presiones y por la demostración de sus aptitudes para gobernar un país dividido entre regiones ricas y pobres, así como entre etnias y clases sociales, el debate desviará un poco la atención interna de su gestión, seguramente observada con lupa, sobre todo al comienzo, por los gobiernos y los inversores extranjeros.
En el caudal de votos alcanzado el domingo, Morales sentó las bases de un ideal más próximo a las canciones de Quilapayún ("El pueblo, unido, jamás será vencido") que a la realidad cotidiana de riqueza, por un lado, y de postergación, por el otro.
"El gobierno del MAS será para todos y para todas -dijo en Cochabamba-. El problema es cómo vivir respetando la diversidad, pero en unidad."
De Santa Cruz de la Sierra recibió un mensaje: el candidato por Autonomía para Bolivia, Rubén Costas, productor agropecuario y ex presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, arrasó en las elecciones para prefecto (gobernador) con más de un 50 por ciento de los votos.
El mensaje se tradujo en algo así como la distinción entre la nación camba (santacruceña) y la nación colla (paceña), divididas, en la calle antes que en el comité, por el desprecio mutuo. Tanto que en Santa Cruz han llegado a pedir la separación territorial de "la otra Bolivia", de raíz indígena y campesina, tez cobriza y dialectos diversos.
Las dos Bolivias
De "la otra Bolivia" proviene Morales. No así el vicepresidente electo, Alvaro García Linera, blanco y culto, aunque dogmático en algunos aspectos. Antes de las elecciones, garantizó a los empresarios de Santa Cruz el respeto a sus patrimonios. A ese punto llegó el temor desde el 18 de septiembre, cuando Morales comenzó a ser el favorito en las encuestas frente a un candidato como Jorge Tuto Quiroga, más tradicional y representativo del Oriente.
Así como Morales se mostró ayer conciliador con los Estados Unidos y las inversiones extranjeras, también intentó matizar su discurso hacia los terratenientes de Santa Cruz, por más que esté decidido a aplicar el modelo de Hugo Chávez: confiscar las tierras improductivas.
"El MAS va a respetar la propiedad privada, excepto las tierras ociosas, improductivas -dijo-. Tiene que revertirse porque hay gente sin tierra, para que el campesino tenga trabajo."
Mientras el dicho no se convierta en hecho, Morales podría seguir dos caminos: dejarse llevar por el reclamo del Movimiento de los Sin Tierra, ansioso de ocupar cuanto terreno disponible haya, o negociar con los terratenientes una reconversión de sus tierras.
La mera convocatoria de la Asamblea Constituyente, para la cual Rodríguez nombró la semana pasada un equipo de expertos, podría ser un respiro o una pesadilla. Uno, fruto de la negociación; la otra, fruto de la presión.
Regreso
- Un dirigente que representa a ciudadanos bolivianos residentes en la Argentina dijo ayer que la llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia les da "esperanzas" para volver a su tierra. "Morales nos da la esperanza de que muchos de los que estamos fuera de nuestro país podamos volver", dijo Alfredo Ayala, representante del Comité voto pro-Bolivia en la Argentina. (DyN)




