El fusil en una mano y el olivo en la otra
De jefe guerrillero a político conciliador, fue el abanderado histórico de la causa palestina y el creador de un pueblo sin Estado
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Al-Khityar (El Hombre Viejo) no confiaba en nadie. Ni en sí mismo, tal vez. La paz, dijo, debía ser defendida "con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra". Pero advirtió: "No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano".
Iba en serio. La otra mano estaba a tiro del fusil. O, en realidad, de la pistola que llevaba bajo su habitual chaqueta verde oliva, repletos los bolsillos interiores, según me confesó, de los papelitos garabateados por la legión de adulones y custodios que solía rodearlo a sol y sombra.
En Yasser Arafat, de 1,60 metro de estatura, la imagen formaba parte de la estrategia. Desde 1956 había adoptado el kefieh (pañolón a cuadros blancos y negros que, según rumores, cubría su temprana calvicie). Quiso diferenciarse de sus contemporáneos, acostumbrados a ir con él anudado al cuello. Y quiso reflejar la causa palestina, de modo que, al caer sobre su hombro derecho, recordara el mapa de Tierra Santa.
Hasta su nombre abreviado, Yasser Arafat, apuntaba a ello. Muhammad Abd ar-Raouf Arafat al-Qudwa al-Husseini se llamaba: Abd ar-Raouf, como su padre; Arafat, como su abuelo paterno; Al-Qudwa, el apellido, y Al-Husseini, el clan. A los 18 años tomó la identidad de un guerrero del profeta, Yasser ben Ammar, del cual, después, derivó su nombre de guerra, Abu Ammar (Padre Constructor), por la tradición árabe de no morir sin descendencia.
Era Arafat el hombre y su circunstancia: jefe guerrillero, líder terrorista, encantador de serpientes, agitador de masas, político conciliador, administrador de nepotismos, gobernante sin poder y, a la vez, creador de un pueblo sin Estado, preso, al final del camino, en un edificio ruinoso, la Mukata de Ramallah, desde el cual, a los 75 años, emprendió su último viaje.
En sus discursos apelaba al estruendo patriótico rematado con sollozos, pero, entre los suyos, profesaba el silencio. Excepto en raras excepciones, como frente a Iman al-Wazeer, una de sus 28 hijastras, capaz de interrumpir una reunión de gabinete de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el 28 de abril de 1999, con tal de que fuera a la inauguración de una calle de Gaza recién asfaltada. Iba a llevar el nombre del padre de ella, Abu Jihad, lugarteniente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y mentor de la primera intifada (sublevación palestina).
El rais (presidente) meneó la cabeza. Tenía la mirada perdida en los flecos del kefieh. Le temblaba el mentón. La ANP había decidido postergar la creación del Estado palestino, prevista para el 4 de mayo de 1999. Por tiempo indefinido, ordenó. Tan indefinido como el poder de persuasión de Iman, empleada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Gaza: "Debes ir, Al-Khityar –espetó–. El gobierno de Japón donó un millón de dólares".
Arafat era proclive a las euforias y las depresiones. En Gaza manejaba un gobierno compuesto por 24 ministros, docenas de consejeros y asistentes, 80 embajadores, 48 alcaldes, miles de policías y más de 120.000 funcionarios para una población de tres millones de habitantes. No tenía domicilio fijo. Ni tiempo para su única hija, Zahwa, nacida en 1995. De ella se ocupaba su mujer, Suha At-Taweel, radicada en París.
Bautismo de fuego
Iman, una de sus 28 hijastras, era algo así como la voz de su conciencia. No podía fallarle. Un pelotón de custodios con uniformes verdes y boinas rojas había precedido el arribo del coche negro con vidrios polarizados en el que iba Al-Khityar, sonriente mientras descendía entre armas y flores.
Iba con Iman, segura de que era una de las pocas que podía influir en ese ser enigmático y desconfiado al que Bill Clinton había tenido que convencer de que, contra la usanza árabe, no besara en la mejilla al primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, en ocasión del apretón de manos en la Casa Blanca, el 13 de septiembre de 1993, con el cual sellaron los acuerdos secretos de Oslo.
Virgo en el zodíaco, Arafat había nacido el 24 de agosto de 1929 en El Cairo, Egipto, pero él, como parte de su estrategia, decía que era oriundo del sector árabe de Jerusalén. Era el sexto de siete hermanos de una familia palestina de añeja prosapia. En su infancia alternó entre El Cairo, Jerusalén y Gaza. Allí, precisamente, en donde iba a forjar su poder como presidente de la ANP, adquirió los preceptos del Corán y se enroló en los Hermanos Musulmanes y en el Partido Arabe de Palestina, movimientos de resistencia contra la colonización judía.
Prólogos de su bautismo de fuego en el ejército egipcio, entre 1948 y 1949, durante la primera guerra entre árabes e israelíes. Tras la derrota, de regreso en El Cairo, Arafat comenzó a estudiar ingeniería civil en 1950 y, con el coronel Gamal Abdel Nasser en el poder, comenzó a proyectar las células de fedayin (combatientes) que iban a lanzar ataques contra Israel desde Gaza.
En octubre de 1957, mientras trabajaba como ingeniero y empresario de la construcción, fundó el movimiento Al Fatah, acrónimo de conquista. Pasó a ser Abu Ammar. Sus socios, Jalil al-Wazir (Abu Jihad, Padre de la Guerra Santa, el padre de Iman) y Salah Jalaf (Abu Iyad), iban a ser asesinados en 1988 y 1991, respectivamente, en Túnez.
Ambas muertes signaron su destino y su estrategia en la soledad del poder, como protagonista de mítines y de tertulias, como publicista de sí mismo, en un mundo, el árabe, marcado por las afinidades y las traiciones.
Como agrupación nacionalista, después de haber colaborado con Al-Asifah (La Tormenta) en ataques contra Israel, Al Fatah ingresó en 1968 en la OLP, establecida desde 1964 en el sector árabe Jerusalén con el padrinazgo del gobierno egipcio. En El Cairo, Nasser especulaba con la posibilidad de usarla para su beneficio, pero Arafat procuraba despojarla de la tutela egipcia y asumir su control. Ello coincidió con la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967.
La derrota de Nasser vino a ser la victoria de Arafat. Era el momento de actuar por su cuenta. Adquirió tanta fama como puntal de la resistencia que, después de haber guiado a 300 de los suyos, mal armados, en la batalla de Al Karameh, Jordania, el 21 de marzo de 1968, quedó inscripto como el héroe que había vencido a 15.000 soldados, con tanques y aviones. Hubiera sido imposible sin el apoyo de la artillería jordana.
Entre Vietnam y el Che
Eran los años de Vietnam y del Che. En febrero de 1969, Arafat obtuvo el premio que tanto había buscado: la presidencia de la OLP, con sucursales en Jordania y el Líbano y, a falta de Palestina, con fedayin que tramaban el derrocamiento de Hussein. Iba por más, pues. E iba en serio. Hasta que el rey jordano, con el apoyo de Israel y los Estados Unidos a cambio de Cisjordania, lanzó sus fuerzas contra los guerrilleros que, poco a poco, habían ido adueñándose de su país.
Después de varias semanas de combates, Arafat resistía, pero no había previsto una eventual retirada. Talló Nasser con un alto el fuego. El resultado provisional: 4000 bajas. Peor aún: el nacimiento de Septiembre Negro, el grupo comandado por Abu Iyad que liquidó el 5 de septiembre de 1972 a 11 atletas y entrenadores israelíes alojados en la aldea olímpica de Munich durante los Juegos de Verano.
Arafat tomaba distancia de todo aquello que pudiera perjudicarlo. En algunos foros hablaba de un Estado palestino "laico y democrático" en el cual fueran respetados los derechos de los judíos, los musulmanes y los cristianos. Agitaba la rama de olivo y escondía el fusil, según la ocasión.
Con la cruz de Belén al cuello, así como el reloj de cuadrante negro y números grandes en la muñeca derecha, mirando hacia abajo, Arafat tuvo tanta astucia como suerte. En Beirut, devastado por los bombardeos de la Operación Paz en Galilea, el 30 de agosto de 1982, y en Trípoli, el 20 de diciembre de 1983, estuvo a punto de morir. En un caso, con Menahem Beguin como primer ministro y Ariel Sharon como ministro de Defensa, se salvó del ejército israelí; en el otro se salvó del ejército sirio y de la disidencia palestina radical.
En ambas ocasiones recurrió a su baraka (socorro de Dios) frente a una paradoja: dos Estados enemigos, Israel y Siria, coincidían en el deseo de liquidarlo.
Lo rescató del cerco tendido por Hafez al-Assad una flota franco-griega con la cual se dirigió hacia Túnez, Argelia, Yemen del Norte y Sudán. Fue su adiós al Líbano. Y su retorno a las armas mientras residía con su estado mayor en Túnez y tramaba alianzas con el presidente egipcio Hosni Mubarak y con el rey Hussein.
Después de cuatro años de luchas y complots, Arafat y Assad hicieron las paces. Pero una rebelión popular iba a estallar el 9 de diciembre de 1987 en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania. Tal era el tenor de la primera intifada que sobrepasó la autoridad de la OLP y del rey Hussein, dispuesto a ceder la jurisdicción jordana de Cisjordania a Arafat. Semilla del Estado palestino, proclamado el 15 de noviembre de 1988 en Argel.
A diferencia de 1974, con la rama de olivo en una mano, Arafat se abstuvo de portar su pistola en las Naciones Unidas, en Ginebra, y denunció al terrorismo como arma política.
Guerrilla urbana
En 1991 apoyó a Saddam Hussein en la Guerra del Golfo. Había perdido un aliado, la Unión Soviética, desarticulada después de la caída del Muro de Berlín. Y no podía, o no quería, controlar a los grupos terroristas que, desmarcados de la OLP, adquirían facetas de guerrilla urbana en los territorios ocupados por Israel.
En 1992, la baraka estuvo de nuevo de su lado: sobrevivió con heridas leves al aterrizaje de emergencia de un Antonov 26, de fabricación soviética, regalo del gobierno argelino, cerca de Kufra, en el desierto libio; los tres tripulantes murieron por el choque contra las dunas.
La ANP nació el 5 de julio de 1994 con Arafat como presidente. Poco después, el 14 de octubre, iba a recibir el Premio Nobel de la Paz en compañía de Rabin y del tercer actor del proceso, el canciller israelí Shimon Peres.
En octubre, sin embargo, Hamas y la Jihad Islámica cometieron brutales atentados en territorio israelí. Un fanático judío mató el 4 de noviembre de 1995 a Rabin. Mató la esperanza y la oportunidad. La victoria de Benjamin Netanyahu en las elecciones de Israel, con su pretendida preservación de las colonias judías en los territorios ocupados, provocó un corte en 1996.
Duró hasta 2000. El nuevo primer ministro, Ehud Barak, laborista, estuvo con él en Camp David bajo los auspicios de Clinton. Una visita de Sharon, líder del Likud, a la Explanada de las Mezquitas, sitio sagrado musulmán de Jerusalén, coincidió con el comienzo de la segunda intifada.
Al año siguiente, el cambio de gobierno en Israel inauguró el aislamiento de Arafat, rubricado por la renuencia del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, a verse con él, acusado de terrorista. Confinado en la Mukata de Ramallah mientras los atentados terroristas eran respondidos con los asesinatos selectivos de Sharon, la hoja de ruta trazada por el Cuarteto (las Naciones Unidas, los Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia) no conducía más que a la incertidumbre.
Otra parte de su estrategia. O, acaso, la cruz de la sepultura de Al-Khityar, "con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra".
Cronología de una agonía que tuvo en vilo al mundo
PARIS, (AFP) - El presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, internado en un hospital cerca de París desde el 29 de octubre, falleció en la madrugada de hoy tras pasar varios días en estado crítico.
- El sábado 23 de octubre médicos tunecinos viajaron a Ramallah, tras recibir autorización de Israel, para examinar a Arafat. Al día siguiente le diagnosticaron una fuerte gripe
- El lunes 25 Israel autorizó a Arafat a abandonar su cuartel general en Ramallah, donde estaba confinado desde diciembre de 2001, para ser cuidado en un hospital de la ciudad.
- El miércoles 27, Arafat perdió el conocimiento. Israel indicó que Arafat podía ir “a donde quiera para curarse”.
El jueves 28 un equipo de médicos jordano anunció que Arafat sufría una anomalía sanguínea debida a “una infección de origen viral, a un cáncer o a un envenamiento sanguíneo” y que sería hospitalizado en el extranjero.Una fuente allegada a Arafat anunció que será transferido a París. Se concretó un día después.
En días posteriores su salud se fue agravando. El jueves 4 entró en estado de coma. El martes último el deterioro fue irreversible. Y hoy a las 3.30 (GMT) falleció.


