
El inestable equilibrio del mundo del islam
Los Estados Unidos cuentan con el aval de los países del Golfo Pérsico, la moderación de Egipto y la enemistad de Irak, Libia e Irán
1 minuto de lectura'
Arabia Saudita, la cuna del islam, rogó a los Estados Unidos que no se precipiten en la venganza. En realidad, el reino árabe, hogar de la Meca y la Medina, los dos lugares sagrados de los musulmanes, estaba pidiendo a la Casa Blanca que los atentados en Nueva York y Washington no sean la excusa para igualar islam con Satán, musulmán con asesino.
Y, sobre todo, que recuerde que en el mundo árabe, ese mundo en el que sus aviones y barcos podrían aventurarse en estos días hay un inestable balance de enemigos oficiales y amigos extraoficiales. Amigos que incluyen los ricos países del Golfo Pérsico y los moderados Egipto y Jordania. Enemigos que abarcan desde Irán e Irak a Libia y Siria.
Después de todo, Arabia Saudita tiene resortes para su pedido. Es uno de los países musulmanes con mejor relación con Estados Unidos, más allá de que el país árabe sea también cuna de Osama ben Laden. La amistad se solidificó durante la Guerra del Golfo, cuando los Estados Unidos corrieron al rescate de Kuwait y la protección de otras naciones del Golfo Pérsico contra la invasión de Irak, en 1990. En el medio, estaba el petróleo.
Paradójicamente, esa amistad y el interés por el crudo son una de las razones del odio de otros países musulmanes. Al terminar la guerra y derrotar a Saddam Hussein, la familia real saudita invitó a las tropas norteamericanas a permanecer en una base a 100 kilómetros al sur de Riad para asegurar las reservas petroleras de un aún amenazante Saddam Hussein y del incierto futuro del gobierno fundamentalista islámico de Irán.
La presencia norteamericana sólo perpetuó la beligerancia de Saddam y la desconfianza iraní, enfureció a los grupos extremistas musulmanes, ya enojados por la inminencia de las sanciones occidentales a Irak y por el apoyo de la Casa Blanca a su mayor enemigo, Israel. Entre esos grupos sobresalía Osama ben Laden, el millonario saudita que no soportaba ver que su propio país -al cual pretende transformar en un régimen islámico- alojaba con lujo a soldados enemigos.
De allí en más, el saudita dispuso sus cientos de millones de dólares para finaciar la "Jihad" (lucha) de diseminadas organizaciones extremistas que pretenden imponer también en sus países, Estados regidos legalmente por las leyes del Corán: el Grupo Islámico Armado, en Argelia; Al Jihad, en Egipto, y Hezbollah, en el Líbano.
Mientras tanto se refugiaba en los impenetrables montes de Afganistán. Impenetrables no tanto por su geografía, sino por la protección de la guerrilla talibana, que se encaminaba ya a ser otros de los mayores enemigos musulmanes deWashington.
El nuevo mejor aliado
Ben Laden no era ni es el único en financiar el odio antinorteamericano y los afanes extremistas de esas organizaciones, o al menos eso mantiene el Departamento de Estado norteamericano. También lo hacen Libia, Siria, Sudán, Iran, Irak, países árabes de mayoría islámica que tienen el privilegio de ser cinco de los siete enemigos oficiales de la Casa Blanca, o en términos diplomáticos del Departamento de Estado, los "Estados hostiles". A cada uno de ellos corresponden sanciones políticas y comerciales, otra polémica en sí misma para el mundo occidental.
A pesar del recuerdo de la traumática crisis de los rehenes, de 1980, varios analistas norteamericanos creen que su país debe reestablecer relaciones con Teheran para contener a Irak y Afganistán. Pero, para eso, la Casa Blanca ayer encontró un nuevo mejor amigo regional.
En su último informe sobre terrorismo, los Estados Unidos también incluyeron a Paquistán -uno de los países más poblados en la geografía del mundo musulmán- como patrocinante de grupos terroristas. Se cuidó, sin embargo, de convertirlo en un "Estado hostil", porque no sólo es el vecino que más conoce a los talibanes -un conocimiento útil para los próximos días- sino que también, junto con su perenne adversario, India, tiene una capacidad nuclear que conmocionó al mundo con los ensayos de mayo de 1998.




