
El matrimonio, una institución en crisis
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MIAMI - La institución del matrimonio está comenzando a exponer serios problemas de estabilidad, persistente decaimiento y un creciente desinterés en Estados Unidos, en particular por parte de las mujeres.
Como lo revelara The New York Times esta semana tras analizar los resultados del Censo Nacional, por primera vez en la historia el porcentaje de mujeres no casadas supera al de sus contrapartes en una relación de 51 a 49 por ciento. En 1950, la relación era 35-65 y en el 2000, 40-60. Este fenómeno coincide con otro de registro reciente, según el cual, por primera vez, los hogares tradicionales (parejas viviendo en matrimonio) se han convertido en minoría. La investigación estableció que solo el 49,7% de los hogares norteamericanos -52,2 millones sobre 111,1 millones- estaban formados por parejas casadas.
Entre los factores que se mencionan como causantes de esta declinación, figura el hecho de que las mujeres eligen casarse más tarde o viven con su pareja sin formalizar la unión; que las mujeres viven hoy vidas más prolongadas y que tras un divorcio tienen, por lo visto, menos apuro que los hombres por volver al himeneo. Pero lo que esta tendencia muestra, sobre todo, es que las transformaciones sociales, las demandas económicas, la moral predominante y la influencia de los valores religiosos que antes fortalecían el matrimonio, se están debilitando y que otras formas de organización familiar están reemplazando las estructuras tradicionales.
Mientras las principales religiones insisten en considerar al matrimonio como una unión o un contrato forjado ante los ojos de Dios, la mayor tolerancia social y la sanción de leyes que otorgan un valor similar a la cohabitación han traído como resultado una pérdida de centralidad de esta institución.
"En todas partes, el matrimonio se está tornando más opcional y más frágil", escribe Stephanie Coontz en su Historia del matrimonio: De la obediencia a la intimidad o cómo el amor conquistó el matrimonio . "Y en todas partes, la relación entre hombres y mujeres está sufriendo rápidas y, a menudo, traumáticas transformaciones."
Coontz, que trabaja con el Consejo para la Familia Contemporánea, una organización sin fines de lucro, dice que empezó a escribir su libro para desafiar la noción de que el matrimonio atravesaba una crisis sin precedente, pero que cuando comenzó a investigar, se vio forzada a cambiar su punto de vista.
"A medida que profundizaba mis investigaciones y consultaba con colegas que estudiaban la vida familiar alrededor del mundo, concluí que este reordenamiento, tanto de la vida matrimonial como de la soltería, no tiene precedentes históricos. Cuando se trata de una práctica matrimonial particular o de un cierto comportamiento, es posible que no haya nada nuevo bajo el sol. Pero cuando se trata del lugar del matrimonio en la sociedad o de las relaciones entre marido y mujer, no hay nada en el pasado que se le parezca, aunque uno crea advertir similitudes a primera vista", dice.
Una de las claves para entender el fenómeno es el cambiante rol de la mujer, aunque Coontz advierte que, en muchos casos, las percepciones parten de premisas equivocadas. Pues si bien es cierto que en los ´50, en la mayoría de los hogares norteamericanos el hombre salía a trabajar y la mujer se ocupaba del hogar y de los hijos, antes de esa década la situación no era necesariamente similar. Por el contrario, lo común era que ambos trabajasen.
Hoy en día, la figura del hombre, primero como conquistador y luego como proveedor del sostén financiero de la pareja, está desapareciendo a medida que la mujer ha ido asumiendo cómodamente ambos roles. La tasa de divorcio -cerca de 5 por cada mil personas-, la más alta del mundo industrializado, y un promedio de duración de los matrimonios de alrededor de siete años, ha erosionado el entusiasmo de las mujeres por la institución matrimonial.
En una reversión de los modelos tradicionales, mientras el macho norteamericano se apresura por formalizar la relación, la hembra descubre que la libertad que da la soltería es, por lo visto, un bien mucho más preciado que el pequeño anillo matrimonial.



