El mayordomo que traicionó por dinero a Lady Di
Cobró 600.000 dólares por cada una de sus revelaciones
1 minuto de lectura'
LONDRES.- Una historia de sed de lucro, venganza y lucha entre facciones se esconde detrás del más reciente capítulo en la saga de la familia real británica.
El dato más importante por tener en cuenta para comprender sus entretelones es que, seis años después de su muerte, Lady Di sigue siendo una celebridad. Personalmente no podrá generar más noticias, pero no faltan voluntarios para alimentar con "revelaciones" el insaciable apetito de un público obsesionado por su fama.
Esto explica por qué Paul Burrell, el mayordomo que había prometido que jamás traicionaría la confianza de su patrona, salió a contar "todo" en un libro. También explica por qué The Daily Mirror, el diario que publicó por adelantado algunos extractos, vendió 200.000 ejemplares más de lo acostumbrado cuando la circulación de los tabloides viene experimentando desde hace meses una franca baja.
El día de mayores ventas se registró cuando Burrell dio a conocer la carta dejada por Diana como "seguro" en el caso de que fuera eje de un complot para asesinarla. En ella Lady Di decía temer que los frenos de su automóvil fueran saboteados para causar un accidente mortal, de modo de facilitar así el matrimonio de su esposo con Camilla Parker-Bowles.
Diana identificó al autor de ese potencial atentado en la misiva, pero su nombre fue tachado por el mayordomo en un acto de extraña censura. Nadie puede iniciar una acción legal por injuria en contra de un difunto o en contra de quien divulga un documento que, en este caso, tiene valor histórico.
La carta fue escrita en octubre de 1996, diez meses antes de la tragedia automovilística en París que causaría la muerte de Diana, su amante Dodi Al Fayed y el chofer del vehículo. Lo que Burrell omitió recordar en su libro es que entonces la princesa se encontraba en medio de una agria disputa de divorcio con el príncipe Carlos. Esas circunstancias habrían alimentado su inquietud, calificada ahora por muchos medios de "paranoica".
Dos meses después de redactar este "premonitorio" texto, los Windsor completaron su divorcio. Esto explicaría la actitud posterior más serena de la princesa, a quien la muerte la sorprendió en un automóvil sin calzarse el cinturón de seguridad -a pesar de que era madrina de la Asociación de Seguridad Vial-, acompañada por un solo guardaespaldas, el cual de seguir instrucciones oficiales debería haber estado al volante en lugar de un chofer que ella no conocía y de quien, de no estar embriagado como oficialmente se asegura, no caben dudas que tenía antecedentes de drogadicción.
Cabe preguntarse por qué el leal mayordomo no entregó la carta a las autoridades francesas que investigaban las causas del accidente y esperó seis años para darla a conocer.
La amnesia real
Para hallar la respuesta hace falta remontarse a noviembre del último año, cuando Burrell fue exonerado del cargo de haber robado 415 artículos de su patrona. Todo gracias a una intervención de último momento de la reina.
Tras dos años de batalla legal, durante los cuales parece haber sufrido "amnesia", la monarca dijo a la corte recordar que su ex paje le había alertado de su intención de guardar en su hogar varios objetos y manuscritos de la princesa. Burrell dijo haber tomado esa acción para evitar que el legado fuera destruido por la madre de Lady Di, Frances Shand Kydd, y su hermana Sarah McCorquodale en un brote de "arrogancia y de celos".
La declaración de Isabel II habría tenido por fin evitar que el mayordomo dijera en la corte que entre los objetos "rescatados" figuraba un videocassette grabado por Lady Di con declaraciones de un sirviente del príncipe Carlos que denunciaba ser víctima de una violación homosexual por parte de otro empleado. El criado en cuestión no hizo la denuncia a la policía y abandonó el palacio tras recibir una compensación de 50.000 dólares.
Días después de la sorprendente intervención real, la florería que Burrell había instalado en un condado del centro de Inglaterra fue destruida por un misterioso incendio. Desde entonces, el mayordomo no ha parado de hablar y de cobrar un promedio de 600.000 dólares por cada una de sus historias.
El beneficio pecuniario, sin embargo, no es nada comparado con el placer de destruir la reputación de los Spencer. Fueron ellos quienes convirtieron su vida en una pesadilla al denunciarlo hace tres años a la policía por haber vendido supuestamente fotos de Diana en los Estados Unidos y haberse calzado algunos de sus vestidos para participar en supuestas orgías. Tanto la madre de Lady Di como su hermana Sarah -con quienes Burrell había compartido el directorio de la fundación creada para preservar la memoria de la princesa- no dudaron en subir al banquillo para testimoniar en su contra.
Esta semana, Burrell continuó su vendetta acusando nuevamente de "hipócrita" al hermano de la princesa, el barón Charles Spencer. Mediante otra carta demostró que el hombre que alzó su voz en contra del establishment en la abadía de Westminster había llamado en un momento a su hermana "manipuladora" y "enferma mental".
Lo cierto es que nadie ha quedado bien parado con los disparos verbales de Burrell. Ni siquiera la princesa Diana, cuya memoria -teñida por alegatos de potencial adulterio- tuvo que salir a ser defendida públicamente por sus hijos. Para William y Harry, en busca del asesino de la reputación de su madre -como en las grandes novelas de misterio-, el culpable no puede ser otro que el mayordomo.


