
"El Oso" del desierto
Norman Schwarzkopf
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1991
El suyo era casi un destino inevitable. Su padre fue un veterano de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, que se ocupó de adiestrar a la policía de Irán, país en el que vivió el pequeño Norman, antes de pasar también por Suiza, Alemania e Italia.
Al regresar a los Estados Unidos, Schwarzkopf siguió la tradición familiar e ingresó en la Academia Militar de West Point. Su primer destino en el exterior fue Alemania occidental, como ayudante de campo en el centro de comando de Berlín, entre 1960 y 1961, años cruciales en la historia de la ciudad dividida.
Tras lograr un master en ingeniería mecánica en la Universidad del Sur de California, pasó a ser instructor en la Academia Militar, pero en 1965 se unió a las fuerzas norteamericanas en Vietnam.
En 1971 regresó a su país, tras ser herido en combate y ganar tres estrellas de plata por su valor en el campo de batalla, donde demostró su capacidad de liderazgo.
En los siguientes 20 años continuó su ascenso en el escalafón militar y alternó tareas administrativas con puestos de comando.
En 1983 se desempeñó como comandante de las fuerzas terrestres enviadas a Grenada para desbaratar un golpe revolucionario marxista apoyado por Cuba.
Sin embargo, su gran prueba de fuego llegaría en 1991, cuando fue designado comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en la operación Escudo del Desierto, una coalición de 765.000 soldados de 28 países, cientos de navíos y miles de aviones y tanques que, ya en fase de combate, y tras rehusarse Irak a abandonar Kuwait, pasó a llamarse Tormenta del Desierto.
Después de seis semanas de bombardeos aéreos y apenas 100 horas de lucha terrestre, Bagdad aceptó un cese del fuego y su retiro del emirato.
Condecorado varias veces, su imagen ante el gran público quedó identificada con el apodo que recibió de sus camaradas de armas: "Oso".
2005
En 1992, apenas un año después del resonante éxito bélico, Schwarzkopf se retiró del ejército y escribió su autobiografía, "No hace falta un héroe", titulada así en referencia a una frase suya: "No hace falta ser un héroe para ordenar a un grupo de hombres entrar en combate. Hace falta ser un héroe si uno es uno de esos hombres".
Obviamente, Schwarzkopf fue consultado frecuentemente por el periodismo para que diera su opinión cuando se vislumbraba como inminente un nuevo conflicto en Irak.
"Es inevitable, sabiendo todo lo que se supo después, decir que si las cosas se hubiesen hecho en forma diferente en ese momento, no estaríamos enfrentando este desafío de Saddam", dice. Pero inmediatamente aclara: "Mi misión [en 1991] era muy clara: expulsar a los iraquíes de Kuwait. Punto. Nunca hubo una orden en otro sentido". Dada la información disponible en ese momento, precisó, detener la guerra con Saddam aún en el poder, probablemente era la única decisión que se podía tomar.
Schwarzkopf hizo campaña por George W. Bush en 2000 y habló sobre cuestiones militares en la convención republicana de Filadelfia de ese año.
Con la administración republicana decidida a atacar a Saddam en 2003, Schwarzkopf enfatizó la necesidad de despejar todas las dudas sobre el presunto arsenal iraquí y de dar tiempo a los inspectores de armas de la ONU.
Si bien elogió el papel de Colin Powell (otro veterano de la Guerra del Golfo) como secretario de Estado, fue un duro crítico de Donald Rumsfeld, cuyo protagonismo comparó negativamente con el perfil bajo desempeñado por el entonces secretario de Defensa Dick Cheney, durante la ofensiva de 1991.
Al comentar las apariciones públicas de Rumsfeld, dijo: "Casi parece que disfrutara cumpliendo ese papel, y esa es una sensación que debería evitarse cuando se compromete al país en una guerra".
Casi de manera premonitoria, se preguntó: "¿Cómo será el Irak de posguerra, con los kurdos, los sunnitas y los chiitas? Es difícil. Responder ese interrogante debería ser parte integral del plan de campaña". Y añadió: "Sólo espero que tengamos los recursos adecuados para un ejército de ocupación, porque nos vamos a adentrar en el caos".
Muy requerido para dar conferencias, utilizó su fama en campañas públicas para la detección temprana del cáncer de próstata y es un abanderado de la conservación del medio ambiente. Encabeza, además, una campaña para mejorar la calidad de vida de niños que padecen enfermedades graves.
Casado con Brenda Holsinger, tiene tres hijos: Cynthia, Jessica y Christian; vive en Tampa y en su tiempo libre disfruta de la caza, la pesca, el tiro al plato y la música, especialmente ópera y country.
Es, en definitiva, un oso que disfruta de una prolongada tregua luego de varias batallas.
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