
El plan de Bush contra Castro puede ser contraproducente
MIAMI.- A juzgar por lo que escuché en varios diálogos telefónicos con líderes de la oposición pacífica en Cuba, me temo que las nuevas medidas del presidente George W. Bush sobre Cuba pueden tener un efecto contraproducente que podría demorar -en lugar de precipitar- el fin de la dictadura en la isla.
En efecto, al anunciar las nuevas restricciones a los viajes y las remesas a la isla -según los demócratas como parte de un plan para recuperar el voto de muchos cubanos exiliados- el gobierno de Bush está desviando la atención mundial hacia el tema equivocado.
Está haciendo que los titulares se enfoquen en la disputa entre Estados Unidos y Cuba, en lugar de hacer que se concentren en el asunto de fondo, que es la disputa entre la dictadura y la oposición interna en la isla. O sea, la confrontación entre el gobernante vitalicio Fidel Castro y su pueblo, que no tiene autodeterminación ni voz ni voto.
Oswaldo Payá, el líder del Proyecto Varela, el movimiento ciudadano en la isla que juntó más de 30.000 firmas para pedir un referéndum dentro de la Constitución comunista para preguntarle al pueblo cubano si quiere tener derechos fundamentales como el voto y la libertad de expresión, me dijo en un diálogo telefónico desde La Habana que las nuevas medidas de Washington van a "complicar" la lucha de la oposición pacífica en la isla.
Payá no quiso entrar en detalles sobre cada una de las medidas, que incluyen ayudas a familiares de presos políticos y unos 18 millones de dólares para emisiones de Radio y TV Martí.
Sin embargo, dijo que, en general, "este paquete de medidas nuevamente desplaza el centro de la atención hacia una confrontación entre el gobierno cubano y el de Estados Unidos. Ahora, todos los medios de comunicación [de Cuba] estarán inundados de noticias sobre esta confrontación. Cuba v. Estados Unidos, una vez más´´.
"Mi posición ha sido que tanto de Estados Unidos como del resto del mundo lo único que esperamos y pedimos es el apoyo político y moral -dijo Payá-. Pienso que los que impulsaron esto miraron hacia sí mismos, y no hacia Cuba y hacia el movimiento de oposición pacífica."
Elizardo Sánchez, líder de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, me dijo por su parte: "Soy consciente de que [para Estados Unidos] lidiar con un gobierno totalitario es difícil: si normalizas, el régimen saca provecho; si tomas medidas en contra, el régimen saca provecho también. A veces, lo mejor es no hacer nada".
El daño propagandístico
Vladimiro Roca, otro líder de la disidencia interna, fue menos crítico. Al recordar que el gobierno cubano es el único empleador en la isla y que muchos opositores no pueden siquiera trabajar, señaló que "cualquier gesto de cualquier gobierno en favor de la democracia en Cuba es bienvenido".
Pero me pregunto si las nuevas medidas tendrán un impacto suficientemente grande sobre la dictadura cubana como para eclipsar el daño propagandístico que causarán.
Las remesas familiares de Estados Unidos a Cuba, que superan los mil millones de dólares al año y se han convertido en la principal fuente de ingresos de la isla, se reducirán algo, pero no creo que mucho. El dinero seguirá fluyendo, a través de Canadá o México. Y los turistas de Estados Unidos seguirán viajando a Cuba, desde Jamaica o Bahamas.
Castro podrá seguir jugando a David versus Goliat y seguirá desviando la atención mundial del hecho de que preside uno de los últimos Estados policíacos del mundo, donde derechos básicos como escoger una profesión, un trabajo, leer un periódico extranjero o tener acceso a Internet están sujetos al certificado de buena conducta del Partido Comunista.
Mientras tanto, los titulares en todo el mundo están hablando de "Nuevas Medidas de Estados Unidos para deponer a Castro´´. Hasta el presidente mexicano, Vicente Fox, en medio de una crisis diplomática con Cuba, debió salir el viernes a decir que rechazaba toda intervención de Estados Unidos en Cuba.
Los funcionarios del gobierno de Bush me dicen que los disidentes cubanos no pueden apoyar abiertamente las medidas de Washington porque irían presos.
Según ellos, la historia demuestra que tras la caída de la Unión Soviética, los entonces disidentes rusos dijeron que la ayuda del exterior -como los aparatos de fax- y la Radio Europa Libre constituyeron su fuente más preciada de información y apoyo moral.
Puede que tengan razón. Pero yo les daría el beneficio de la duda a los activistas que están a favor de la democracia en la isla, en el sentido de que si el gobierno de Bush estuviera más interesado en el futuro de Cuba que en los votos de Florida, estaría concentrando sus esfuerzos silenciosamente en aumentar el apoyo político internacional para la oposición pacífica en la isla.
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