
El voto en el exterior, en la mira
Pese a los pocos inscriptos, podría ser decisivo en unos comicios de final incierto
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Al igual que sucedió con las recientes elecciones de Italia, Galicia y Perú, los votos en el exterior podrían convertirse en un factor decisivo para definir las reñidísimas elecciones mexicanas de mañana, aunque su cantidad (unos 41.000 sufragios) será marginal.
Tanto es así que cuando a mediados del año pasado se concretaba la aprobación parlamentaria de la ambiciosa medida (existen 4 millones de mexicanos en condiciones de votar en el exterior, de un electorado del orden de los 60 millones de personas), algunos analistas especulaban con que sólo ello permitiría evitar el triunfo del candidato izquierdista del Partido Revolucionario Democrático (PRD) Andrés López Obrador tras el fracaso de la iniciativa de desaforarlo como alcalde de la capital mexicana.
Ese triunfo ya se le negó al anterior candidato presidencial del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, en la tristemente célebre noche de 1988 en la que un sospechoso corte de luz interrumpió el conteo de votos y cambió abruptamente la tendencia que lo favorecía.
Sin embargo, sólo se inscribió un 1% de los inmigrantes en condiciones de votar -de los cuales casi todos ya habían emitido su sufragio para el miércoles último desde 80 países- por lo engorroso del proceso, que presentaba dificultades para conseguir formularios necesarios y requería de un pago de ocho dólares para enviarlos por correo. Se estima que el costo de cada voto en el exterior será de 400 dólares, mientras que en México será sólo de 15.
De todos modos, y pese a no haber llegado a un gran número de emigrantes, la reglamentación del voto en el exterior en México, el país con más ciudadanos viviendo más allá de sus fronteras, con sólo 10 millones de personas en Estados Unidos, da cuenta de una tendencia irreversible en el nivel mundial.
En un mundo cada vez más interconectado, con personas que cambian constantemente de país de residencia, resulta casi natural que muchos países hayan eliminado la restricción del derecho al voto para los emigrantes.
Pero esta tendencia -que habla de una intención de ampliar al máximo la participación electoral- podría llegar a ser considerada, a la luz de los últimos resultados, un salto al vacío.
Actualmente, está en el ojo del huracán por las fallas de organización a las que dio lugar (especialmente en las recientes elecciones de Italia y de Perú), porque fue utilizada como iniciativa electoralista por políticos que veían que su poder se agotaba y aspiraban a un "salvamento" desde el exterior para asegurar su continuidad y porque no estuvo exenta, sobre todo en el caso italiano, de sospechas de fraude.
Lo sorprendente en este último caso es que el derrotado premier Silvio Berlusconi constituyó un ministerio, el de los Italianos en el Exterior, para organizar lo mejor posible la votación.
Sin embargo, el titular del ministerio, Mirko Tremaglia, reconoció, sin sonrojarse por los pobres resultados obtenidos por su propio trabajo y ante la derrota electoral de su jefe, la necesidad de volver a organizar la votación en el exterior para dotarla de mayor transparencia.
"Por lo menos 228.598 de nuestros connacionales del exterior no pudieron votar porque no recibieron el sobre electoral", dijo, aunque sus palabras no tuvieron efectos concretos.
Problemas y críticas
Los emigrantes también jugaron un papel fundamental en la definición de las recientes elecciones peruanas, en las que se impuso en el ballottage el socialdemócrata Alan García por sobre el nacionalista Ollanta Humala, que había ganado en primera vuelta.
Las elecciones peruanas, en las que el sufragio es obligatorio, posibilitaron una notable participación de los ciudadanos de ese país que viven en la Argentina. Sin embargo, no sobresalieron por su organización: en la primera vuelta electoral, el Centro de Exposiciones, donde 50.000 peruanos estaban en condiciones de votar, se vio desbordado por una multitud. En el ballottage, la organización mejoró sensiblemente.
Los inmigrantes también tuvieron un rol fundamental en los comicios regionales de Galicia, España, en junio del año pasado. En esa oportunidad, se enfrentaron el veterano caudillo y fundador del Partido Popular Manuel Fraga Iribarne -que en una actitud parecida a la que después evidenció Berlusconi esperaba que los votos del exterior le permitieran acceder a un nuevo período- y el socialista Emilio Pérez Touriño, con el triunfo de este último, que quebró 16 años de gobierno interrumpido del PP en Galicia.
Pérez Touriño se impuso gracias a los votos de los emigrantes gallegos y de sus hijos, especialmente en la Argentina, donde votaron unos 100.000.
En Chile, en cambio, la falta de un sistema de este tipo -que existe en Brasil, la Argentina, Uruguay, Venezuela, Colombia, Honduras, México, Ecuador y República Dominicana- fue un aspecto muy criticado por los emigrantes en las elecciones que llevaron al triunfo a Michelle Bachelet en enero pasado.
Otro aspecto destacable de las votaciones que se realizan en el exterior es que las campañas se trasladan también a países del extranjero en los que existe una importante comunidad del país que celebra elecciones, de donde surgen, incluso, algunos de los candidatos.
Así que si usted vive en la Argentina -un país de inmigrantes- y está cansado de las campañas de los políticos vernáculos... paciencia. Pese a los problemas en su puesta en marcha, el voto en el exterior llegó para quedarse.




