En el resto del mundo, algo de regodeo por la crisis

Otros países reconocen el impacto negativo que hubiese tenido un default, pero festejan el "papelón" de EE.UU.
Damien Cave
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17 de octubre de 2013  

CIUDAD DE MÉXICO.- Ante la crisis que puso a Estados Unidos al borde del default, el mundo reaccionó mayormente con cierto regodeo y bastante incredulidad: pocos podían creer que la mayor superpotencia pudiese incurrir en semejante disfuncionalidad y muchos se preocupaban por el padecimiento global en caso de un default y se frustraban con los legisladores norteamericanos que permitieron que el problema llegara hasta este punto.

Una pregunta común recorrió hasta ayer varios continentes: ¿es posible que los estadounidenses sean tan insensatos y autodestructivos?

Para países que tuvieron sus experiencias de crisis financieras -por lo general seguidas de la exigencia norteamericana de que fuesen más responsables-, la crisis en Estados Unidos despertó una cáustica mezcla de asombro, ofensa y sensación de merecido escarmiento.

En países como la Argentina, México, Grecia y Rusia son muchos los que aún conservan el doloroso recuerdo del default y sus duraderas consecuencias, como la pérdida de poder. Especialmente indignante para quienes sufrieron sus propias crisis es el hecho de que Washington siga estando protegido: una cesación de pagos norteamericana bien podría dañar más a los países débiles que a Estados Unidos, que cuenta con la ventaja de que el dólar es utilizado como moneda de intercambio global.

De hecho, la inequitativa distribución del poder y la riqueza -parte de esa situación de excepción de la que goza Estados Unidos y que sus políticos defienden a viva voz- se convirtió en un foco de atención para los economistas y funcionarios extranjeros. Si cualquier otra nación se hubiese acercado tanto a una cesación de pagos, dicen, su economía habría colapsado y los inversores habrían escapado, creando así la necesidad de un rescate similar al que recibió en México en 1994.

"El exorbitante privilegio de Estados Unidos -al ser quien emite la moneda más aceptada en todo el mundo- le permite funcionar sin presupuesto y chocarse contra su límite de endeudamiento sin demasiada reacción de los mercados", dijo Luis de la Calle, un economista mexicano.

Si México y otros países paralizaran sus administraciones, congelaran el pago de salarios y amenazaran con un default, agregó De la Calle, los gigantes de las finanzas, como lo hicieron en el pasado, se asegurarían de que las consecuencias fuesen inmediatas y contundentes.

Además, los dedos acusadores abundan, especialmente en países acostumbrados a recibir los sermones de Estados Unidos sobre administración responsable. En Egipto, donde el gobierno apoyado por los militares fue criticado por Obama por la feroz represión de los opositores, las tribulaciones norteamericanas cubrieron la tapa del diario insignia del Estado durante toda la semana, con alarma y una pizca de satisfacción.

En muchos países, un amplio espectro de personas, desde ejecutivos hasta lustrabotas, parecieron simplemente sorprendidos y molestos. Antes de conocerse el acuerdo, algunos decían que esperaban que la carrera mortal a la que parecía estar jugando Estados Unidos terminara sin repercusiones para el resto del mundo. "Pusieron en riesgo miles de puestos de trabajo aquí en México -dijo Ahmad Fayad, un empleado de 31 años-. Muchas empresas de aquí dependen de la salud de la economía norteamericana. Y si el nivel de incertidumbre persistía, iban a empezar a despedir gente."

Muchos se preguntan cómo es que Estados Unidos pasó a ser como el resto del mundo y dejó de ocupar su claro lugar de liderazgo. "Creo que está perdiendo su lugar", dijo Osama Shawki, un comerciante de El Cairo.

Son muchos los que concuerdan.En las calles de Grecia, la gente sacudía la cabeza con descreimiento y asombro ante lo que consideran una debilidad política que corroe la obvia fortaleza de Estados Unidos.

"Jamás pensé que una superpotencia como Estados Unidos podría quedar alguna vez en una situación comparable a la de Grecia -dijo Theodore Couloumbis, profesor emérito de relaciones internacionales de la Universidad de Atenas-. Ambos países están pagando muy caras sus tensiones políticas, pero en el caso de Estados Unidos también hay serios riesgos de repercusiones globales."

Muchos dijeron que Estados Unidos tiene que aceptar que la crisis actual es producto de las mismas tendencias absolutistas que agraviaron a otros países durante siglos.

José Luis Valdés Ugalde, profesor de la UNAM, de México, comparó a los legisladores del Tea Party con "canallas sin freno capaces de hundir la economía local y, de paso, también la economía global".

Traducción de Jaime Arrambide

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