En lo profundo de las montañas del oeste de Japón, está Nagoro, un pueblo habitado por muñecosKazuhiro Nogi - AFP
Hace más de 60 años, este pequeño pueblito, tenía cientos de habitantes y tenía vidaKazuhiro Nogi - AFP
Con los años la realidad cambió, sus habitantes fueron muriendo y el trabajo comenzó a escasear Kazuhiro Nogi - AFP
Los más jóvenes han preferido irse de este lugar desmotivados por la dura ubicación geográfica y por la falta de oportunidades laboralesKazuhiro Nogi - AFP
Sin embargo, alguien creyó que era necesario volver a poblar las casa, los negocios, las escuelas y las callesKazuhiro Nogi - AFP
Tsukimi Ayano, con casi 70 años, de mirada profunda y un poco tímida se ocupa de poblar su lugar natalKazuhiro Nogi - AFP
Tsukimi Ayano alguna vez también se fue de Nagoro, pero hace más de 15 años volvió para cuidar a su padre y notó que drásticamente su pueblo ya casi no tenía habitantesKazuhiro Nogi - AFP
Entonces decidió habitar el lugar con muñecos tamaño natural; llenó la escuela de alumnos, que cerró hace 7 años por falta de estudiantesKazuhiro Nogi - AFP
Tsukimi ha reemplazado a todos los habitantes con muñecos, y ahora cada vez que uno se va de Nagoro o muere, fabrica uno nuevoKazuhiro Nogi - AFP
Para ella, los muñecos son como sus hijos, los protege y los cuida, están por todos lados, incluso tiene muchos en su casa en todos los espacios posiblesKazuhiro Nogi - AFP
Recorre el pueblo y revisa que todos sus habitantes de tela estén en condiciones y se fija si necesitan arreglos o limpiezaKazuhiro Nogi - AFP
Mientras camina por Nagoro, saluda a todos los muñecos que confecciona en su tallerKazuhiro Nogi - AFP
Están hechos con palos de madera en su interior, el pelo es de lana, usa medias y botones para la cara; "lo más difícil de lograr son las expresiones", comentaKazuhiro Nogi - AFP
El pueblo visto desde desde arriba, parece abandonado pero Tsukimi Ayano, se encarga de mantener vivo el lugar, con sus muñecosKazuhiro Nogi - AFP
En lo profundo de las montañas del oeste de Japón, está Nagoro, un pueblo habitado por muñecosKazuhiro Nogi - AFP