
En Italia, pocos pudieron tocar y ver la nueva moneda
ROMA.- En el primer día del esperadísimo "big-bang" -como bautizó la prensa italiana el cambio de moneda-, sólo algunos turistas extranjeros tuvieron el coraje de tirar flamantes centavos de euro en la legendaria Fontana di Trevi.
Ante el histórico cambio, en efecto, la gran mayoría de los italianos pasó el primer día de 2002 a la caza de la moneda única. Y sólo poquísimos tuvieron el privilegio de verla, tocarla y utilizarla.
"Me estoy volviendo loca para conseguir, ya probé en cinco bancomat y sólo me dieron liras", se quejó ante LA NACION Francesca, una joven de Treviso que vino a conocer Roma junto con unas amigas, mientras tiraba a la fuente de la Dolce Vita cien liras.
"Es fantástico, cambiamos francos y nos dieron euros, que nos servirán también cuando volvamos a Lyon", decía por su parte Monique, una francesa que pasa su luna de miel en la ciudad eterna, feliz como el resto de los turistas extranjeros ante el cambio que les facilita la vida.
Asalto a los cajeros
Pese a que la lira seguirá circulando junto con el euro hasta fines de febrero, tal como se preveía desde la medianoche, los cajeros automáticos -denominados aquí "bancomat"- fueron tomados por asalto.
De los 30.000 cajeros de la península sólo un tercio entregaba euros, por lo que era una misión imposible encontrar un billete. Según la asociación bancaria italiana, hasta las cinco de la tarde de ayer los cajeros automáticos de toda la península habían erogado 184 millones de euros (cerca de 184 millones de dólares), una cifra que habla a las claras de "euromanía".
Giuseppe, dueño del Caffé Gregoriano, a pasos de Piazza Venezia, se mostró entusiasta con el "big-bang". "Para mí es mucho más complicado cobrar el café en euro, con todos esos centavos, y la conversión, pero estoy muy emocionado porque es un gran paso adelante para todos", opinó, mostrándose aún bastante inexperto con el "euroconvertitore", la calculadora del tamaño de una tarjeta de crédito que todo el mundo tiene para convertir liras en euros y viceversa.
Berto Fortini, abogado de Florencia de visita en Roma, también se manifestó en favor del cambio, como la gran mayoría. "Soy un euroentusiasta desde siempre, tanto es así que me inscribí en el Movimiento Federalista Europeo en el 1952", destacó, al detallar que tenía monedas de euro sólo porque había comprado un "kit" en el banco hace unos días.
"Para mí los italianos están divididos en dos", sostuvo por su parte Marco Ribani, un arquitecto romano. "Están los activos, es decir los que ahora tienen fiebre de euro y van por él; y los pasivos, como yo, que espero que el euro venga a mi."




