
En la Triple Frontera, los árabes dicen que no hay terroristas
Así opinan los líderes comunitarios
1 minuto de lectura'
CIUDAD DEL ESTE.- Debe ser muy difícil, en estos días, ser líder de la comunidad islámica en la Triple Frontera. Kamal Osman y Charif Hammoud lo saben y por eso cuidan mucho sus palabras.
"No voy a poner mi cabeza en una guillotina para que me la corten", termina por reconocer Osman, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Foz de Iguazú, tras una larga y trabajosa entrevista, en las oficinas de su comercio, Camalito, una suerte de Casa Tía de tres pisos en el lado brasileño de la triple frontera.
"Si yo supiera algo no lo saldría a gritar en un micrófono, ni se lo contaría a un periodista para que lo publique; hablaría con un par de personas para que la información llegara al lugar indicado", dijo ayer Hammoud al finalizar otra larga conversación, en lo que parecieron ser sus palabras más sinceras. Hammoud es presidente del Centro de Importadores y Comerciantes del Alto Paraná y dueño de Mona Lisa, un shopping lujoso enclavado en la entrada de Ciudad del Este, que nada tiene que envidiarle al Patio Bullrich.
Es que los cerca de 10.000 habitantes que forman la comunidad árabe-islámica de la Triple Frontera están, más que nunca, en la mira de la comunidad internacional, tras el brutal atentado a las Torres Gemelas. Por un lado, el presidente norteamericano, George W. Bush, ha dicho que no va a hacer distinciones entre los terroristas y quienes los apañan. Por el otro, el Departamento de Estado de ese país ha identificado la Triple Frontera como un refugio para terroristas islámicos y lo mismo han dicho funcionarios de primer nivel de Israel, la Argentina y, más recientemente, Paraguay.
Condena al terrorismo
Entonces, a los líderes comunitarios de esta región, como millones de árabes y musulmanes en todo el mundo, no les queda más remedio que condenar el terrorismo, hablar pestes de Ben Laden, o decir, como dijo Osman, "yo adoro a los Estados Unidos" o exagerar, como hizo Hammoud, hasta el punto de elevar a las Torres Gemelas al status de símbolo, no ya de los Estados Unidos o del sistema capitalista, sino de toda la humanidad. Y se hace difícil discernir hasta qué punto las palabras son guiadas por la sinceridad o por el instinto de conservación.
Sobre todo cuando Osman dice que la idea de que existan terroristas en la Triple Frontera "es un invento de (el ex ministro del Interior argentino Carlos) Corach y los periodistas argentinos. Los únicos que preguntan son los argentinos. Acá en Brasil nadie pregunta nada porque nos conocen como la palma de la mano. Yo llevo 50 años viviendo aquí".
Y enseguida viene el desafío, amable, sutil, casi inocente: "¿Si hay terroristas, por qué nadie los encuentra? El Mossad estuvo acá, el FBI, la CIA y nunca encontraron nada".
Osman dice que odia a los terroristas que "matan por deporte" pero al rato se permite preguntarse: "Quién crió a Ben Laden?" (Respuesta: la CIA) ¿Quién crió a Saddam Hussein? (Idem) ¿Quién crió a Noriega? (También la CIA). ¿Quién ayudó a Afganistán? (Estados Unidos). Entonces el alumno termina en contra del profesor. ¿Por qué será?"
Y se contesta: "Nadie hace nada si no le hicieron nada. Si (los terroristas hacen algo es porque algo les habrán hecho. No sé".
En ese juego de insinuar sin decir, Osman termina negando obviedades, como la existencia en la zona de bandas dedicadas al contrabando de armas y el narcotráfico. "Yo no sé nada de eso. ¿Por qué tengo que saber?", se ofende. "Ahora va a decir que soy el jefe de los narcotraficantes de la Triple Frontera?" No, por supuesto que no.
No conoce
Osman dice que no conoce a los líderes árabes de Ciudad del Este porque no tiene un comercio allí desde 1981. Dice que él es brasileño y que no representa a ninguna comunidad. Pero horas más tarde, cuando LA NACION visitó la mezquita de Foz de Iguazú, tres personas en la entrada se negaron a hacer declaraciones y dijeron que el único autorizado a hablar en nombre de la mezquita era, precisamente, Osman.
Es difícil ser líder y no poder decirlo. Osman se despide con una sonrisa cálida, mirando a los ojos, y un gesto inusual, sino intimidatorio: pide permiso para fotocopiar la credencial del periodista, "para no olvidarme el nombre, quiero saber con quién hablé".
Hammoud es más cuidadoso aún que Osman. Dice que desea fervorosamente que aparezcan los terroristas de la Triple Frontera, así se limpia la imagen del lugar. Pero también señala, con tono cómplice: "Para mí no hay terroristas o simpatizantes de terroristas acá. Si no, ya los hubieran encontrado. Estados Unidos tiene los mejores servicios (de inteligencia del mundo). De eso no tengo dudas".
Cuando se le dice que precisamente esos "mejores servicios del mundo" son los que afirman que Ciudad del Este es un refugio de terroristas islámicos, Hammoud responde: "Usted quiere que yo diga algo que no pienso. Si usted supiera quién soy yo, si preguntara en la embajada de los Estados Unidos o en el Consulado argentino quién soy, no me haría esa pregunta".



