En Lampedusa, el Papa condenó la "globalización de la indiferencia"

De visita en la isla siciliana, símbolo de la inmigración africana en Europa, Francisco homenajeó a quienes "buscaban un lugar mejor pero encontraron la muerte", en un fuerte mensaje a la Unión Europea
Elisabetta Piqué
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8 de julio de 2013  • 07:47

ROMA.- En el primer viaje de su pontificado a la isla de Lampedusa, puerto de arribo de miles de africanos que buscan un futuro mejor y que mueren en el intento, al sur de Sicilia, el papa Francisco condenó hoy con fuerza la "globalización de la indiferencia". Además, le pidió a Dios que perdone a "aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que abren el camino a dramas como éste" y a "aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas".

"La cultura del bienestar nos ha hecho insensibles a los gritos de los de los otros. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto, la globalización de la indiferencia nos sacó la capacidad de llorar", clamó Francisco, que explicó que había realizado este primer viaje entre los últimos para "despertar conciencias" y para que no se repitan tragedias y naufragios como lo que han ido sucediendo durante años en la isla de Lampedusa, puerto de ingreso a Europa para cientos de miles de extracomunitarios.

"Muchos de nosotros, y me incluyo, estamos desorientados, ya no estamos atentos al mundo en el que vivimos, no curamos, no custodiamos lo que Dios ha creado para todos y tampoco somos capaces de custodiarnos los unos a los otros", dijo Francisco al celebrar una misa penitencial en el estadio del campo deportivo, al lado de un sitio emblemático de esta isla, el cementerio de barcos que naufragaron en el Mediterráneo.

"Cuando esta desorientación asume las dimensiones del mundo, llegamos a tragedias como la que hemos visto", agregó, en referencia a un enésimo naufragio, hace menos de un mes, que para el Papa representó "una espina en el corazón" y que lo empujó a hacer esta visita relámpago.

En una homilía que representó un mensaje fuerte a políticos de todo el mundo y especialmente de la Unión Europea, una fortaleza inaccesible para muchos, con políticas migratorias restrictivas, el Papa sin vueltas abordó el drama de los cientos de miles de inmigrantes extracomunitarios que se embarcan en carretas del mar, huyendo de hambre y guerra, para alcanzar un futuro mejor. Se estima que en los últimos 25 años, han muerto unas 20.000 personas en el mar alrededor de Lampedusa, isla de 6000 almas que queda al sur de Sicilia, más cerca de África que de Italia.

Responsabilidad fraterna

"Estos, nuestros hermanos y hermanas, buscaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz", dijo el Papa. "Buscaban un lugar mejor para ellos y para sus familias, pero encontraron la muerte. ¡Cuántas veces aquellos que buscan esto no encuentran comprensión, acogida, solidaridad! ¡Y sus voces llegan hasta Dios!", subrayó.

Al evocar el pasaje de la Biblia en el que Dios le pregunta a Caín "¿dónde está tu hermano?", Francisco se preguntó: "¿Quién es el responsable de esta sangre?". Acto seguido, citó un clásico de la literatura española, Fuente Ovejuna, para destacar que nadie se hace responsable de este drama. "¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanas y hermanos? ¡Nadie! (...) Hoy nadie se siente responsable de esto, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna", clamó.

"La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son lindas, pero no son nada, son una ilusión fútil, del provisorio, que lleva hacia la indiferencia hacia los otros, es más, lleva a la globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, ¡no nos atañe, no nos interesa, no es asunto nuestro!", cuestionó.

Francisco también citó a Alessandro Manzoni y la figura del "Innombrable" de su obra maestra, "Los novios". "La globalización de la indiferencia nos hace todos ‘innombrables’, responsables sin nombre y sin rostro", denunció.

El Papa también preguntó: "¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanas y hermanos? ¿Quién ha llorado por estas personas que estaban en el barco, por las jóvenes madres que llevaban sus niños, por estos hombres que deseaban algo para sostener a sus familias?". "Somos una sociedad que se ha olvidado de la experiencia del llanto, del ‘sufrir con’: la globalización de la indiferencia", insistió Francisco.

"Pidamos al Señor la gracia de llorar sobre nuestra indiferencia, sobre la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, y en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que abren el camino a drama como éste", agregó, en un mensaje directo a los responsables políticos de la Unión Europea.

Homenaje

Francisco terminó un sermón impactante, pidiendo perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas. "Te pedimos perdón por quien se acomodó, quien se encerró en su bienestar que lleva a la anestesia del corazón; te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas", dijo.

Hijo de inmigrantes italianos, lo primero que el ex arzobispo de Buenos Aires, de 76 años, hizo al llegar por la mañana en avión desde Roma, fue subirse a un barco patrullero –el mismo que suele rescatar a diario centenares de desesperados- para rezar y lanzar al mar una corona de flores amarillas y blancas, en recuerdo de las víctimas. Al llegar luego al muelle de Favarolo, donde dos horas antes habían desembarcado 116 migrantes, entre los cuales, 4 mujeres, en un enésimo viaje de la esperanza desde África, saludó, uno por uno, a inmigrantes de un centro de acogida.

En un viaje marcado por la austeridad –Francisco no quiso la presencia de altas autoridades o de pompa-, en un simple jeep Fiat prestado por un habitante de la isla, se trasladó hasta el campo deportivo. En el trayecto, fue aclamado por cientos de miles de personas. "Se ve, se siente, Francisco está presente", clamaba la multitud, en la cual podían verse, como siempre, algunas banderas argentinas.

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