
En libros y páginas de Internet explican cómo hacer armas químicas
La información es más que accesible
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NUEVA YORK.- Sobre mi escritorio hay una serie de libros del género "hágalo usted mismo" que compré en exposiciones de armas y a través de Internet. Si uno quiere matar unos miles de personas, ésos son los libros de consulta apropiados.
Y si queremos limitar el riesgo de atentados terroristas utilizando armas químicas o biológicas, tenemos un objetivo más cercano a nuestro país que Irak: esos libros y las imprentas que los publican, las cuales, si estuvieran en Bagdad, el Pentágono no vería la hora de hacerlas volar en pedazos.
En este momento estoy hojeando "Assorted Nasties" ("Revulsiones diversas"), que detalla instrucciones respecto de cómo fabricar gas sarín, VX e incluso gas mostaza.
Además está "Silent Death" ("Muerte silenciosa"), con 30 páginas dedicadas a la fabricación de gases neurotóxicos como sarín, tabún y somán. El libro contiene además una útil descripción sobre la mejor manera de diseminarlos para "devastar un área metropolitana".
"A aquellos que quieran someter a ejércitos enteros con un solo recurso -sugiere el prólogo-, estoy seguro de que la sección sobre la producción y el empleo de gases neurotóxicos les interesará."
Además están los tres volúmenes de la colección "Scientific Principles of Improvised Warfare" ("Principios científicos de la guerra improvisada"), que ofrece detalles respecto de dónde encontrar esporas de ántrax y cómo cultivarlas y envasarlas en un tubo de aerosol.
Afortunadamente, no es tan fácil como parece. Uno de los principales obstáculos para el empleo de armas químicas o biológicas ha sido el conocimiento. Es difícil transformar en armas el gas sarín o el ántrax, y por eso el Ejército Republicano Irlandés (IRA), ETA, los Tigres Tamiles e incluso la organización Al-Qaeda (por no mencionar individuos terroristas como el llamado Unabomber) han dependido de explosivos y armas convencionales.
Pero la información necesaria para producir cócteles letales comienza a proliferar, en parte porque esos libros son cada vez mejores. Por ejemplo, el grupo japonés Aum Shinrikyo trató de matar gente con ántrax, pero nunca logró obtener las esporas adecuadas. Si tratara de matarlas hoy, podría consultar cualquiera de estos libros y descubrir dónde conseguir esporas letales.
Prohibición
El carácter constitucional de las restricciones forma parte de un territorio legal inexplorado. Pero en 1979 un tribunal prohibió que la publicación The Progressive difundiera un artículo sobre la bomba de hidrógeno, debido a los riesgos para la seguridad nacional.
En los años 90, el Senado norteamericano aprobó en varias oportunidades medidas que habrían prohibido la circulación de los libros de recetas sobre armas. Pero debido a las preocupaciones en materia constitucional, la versión final que se convirtió en ley en 1999 fue de contenido neutro. Autoriza una demanda judicial sólo si la intención del editor es que la información sea utilizada para violar leyes federales. Habitualmente ése es un caso imposible de probar.
Protestamos, y con razón, acerca de la proliferación de armamentos en China y Rusia. Pero también debemos afrontar las consecuencias de nuestra propia proliferación en lo que respecta a esa clase de informaciones. Nuestras pequeñas imprentas podrían terminar ayudando a los terroristas mucho más que el propio Saddam Hussein.
Mientras nos disponemos a ir a la guerra para reducir nuestra vulnerabilidad frente a las armas de destrucción masiva, parece que para nosotros lo apropiado, además, es considerar otras medidas, por más desagradables que sean, que podrían darnos mayor seguridad.
Ahora es nuestra oportunidad, mientras los terroristas aún tengan dificultades para conseguir recetas confiables con el propósito de fabricar armas químicas y biológicas. Si seguimos permitiendo que esas "recetas de armas" mejoren, sustentadas y apuntaladas por artículos útiles en publicaciones especializadas, entonces durante los próximos diez años acaso capacitemos a grupos terroristas para que nos maten en gran escala y en una magnitud inimaginable.






