En medio de un fuerte escepticismo, el Kremlin acusó a una presunta espía ucraniana por el asesinato de Daria Dugina
Los servicios de inteligencia rusos aseguraron que llevaron una investigación en tiempo récord y que detectaron que la persona detrás del crimen es oriunda de Ucrania y llegó a Rusia en junio
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PARIS – Los servicios de inteligencia rusos (FSB) acusaron hoy a los “servicios especiales” ucranianos de haber asesinado a Daria Dugina, hija de un conocido ideólogo cercano al Kremlin, que murió en la explosión de su auto cerca de Moscú. La autora del atentado se llamaría Natalia Vovk, una ucraniana que habría escapado de inmediato a Estonia. La denuncia del FSB, sucesor del siniestro KGB soviético, provocó un profundo escepticismo entre los especialistas occidentales, que ven, más bien, la prueba de que no todo es monolítico en el régimen de Vladimir Putin.
“Declaramos fuera de la ley a los instigadores de la guerra y a aquellos que roban al pueblo y lo oprimen. Declaramos que el presidente Putin es un criminal de guerra que alteró la Constitución, desencadenó una guerra entre pueblos eslavos y condujo a los soldados rusos a una muerte cierta e insensata”, declaró el domingo Ilya Ponomarev al periódico británico The Guardian, al reivindicar en nombre del Ejército Nacional Republicano, el atentado contra Daria Dugina.
Poco conocido, el Ejército Nacional Republicano se presenta como una organización anti-Putin y democrática. Ponomarev, exdiputado de la Duma (parlamento ruso) que vive actualmente exiliado en Kiev, después de haber sido el único miembro de la cámara que votó en contra de la anexión de Crimea a Rusia en 2014, afirmó que el atentado contra Dugina era un nuevo capítulo en la resistencia contra el presidente ruso, “pero no será el último”, advirtió. Y agregó que los resistentes rusos están listos para llevar adelante otros atentados similares contra blancos de “alto rango allegados al Kremlin”.
Menos de 24 horas después de la muerte de Daria Dugina, el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) afirmó haber concluido la investigación en un tiempo récord, según las agencias oficiales TASS e Interfax. El aparato de espionaje ruso acusa a sus homólogos ucranianos de utilizar a una mujer ucraniana para plantar la bomba en el auto que conducía la hija del ideólogo Alexander Dugin, teórico ultranacionalista, gran admirador del peronismo argentino, presentado con frecuencia como el inspirador de “la operación militar especial” contra Ucrania lanzada por Putin. Una influencia cuyo alcance, sin embargo, muchos ponen en tela de juicio en Moscú.
La supuesta culpable del atentado se llamaría Natalia Vovk, nacida en 1979, llegada a Rusia con su hija menor en julio pasado, y que habría escapado hacia Estonia después del crimen, cometido cerca de la ciudad de Bolshie Vyzyomy, a unos 40 kilómetros de Moscú. Siempre según el FSB, Vovk, que conducía un Mini Cooper con patentes de Kazajastán, de Ucrania y de la República Popular de Donetsk, en el este de Ucrania, habría alquilado un departamento en el mismo edificio donde vivía Dugina, para controlar sus costumbres. El sábado habría ido a Tradición, un festival cultural donde la periodista y politóloga asesinada debía estar presente. Sin embargo —y primera contradicción— incluso los más conspicuos amigos del Kremlin afirman estar convencidos de que el verdadero objetivo era Alexander Dugin y no su hija, que ese día conducía el automóvil de su padre.
“¿Para qué habría necesitado vigilar a la hija si el verdadero blanco era el padre?”, se pregunta un Gallia Ackerman, historiadora de la URSS y de la Rusia moderna.
Para dar un poco de consistencia a esas acusaciones, varios sitios de información asociados al Kremlin publicaron lo que presentan como un documento de identidad de esa mujer que sería, además, miembro del batallón Azov. El grupo de combate ultranacionalista ucraniano no tardó, sin embargo, en desmentir la versión. En un Twitter publicado hoy, afirmó que “la mujer cuyo nombre e identidad fueron publicados por el FSB (…) no tiene nada que ver con Azov”.

También Ucrania desmintió el domingo cualquier participación en el atentado.
“Ciertamente Ucrania no tiene nada que ver con la explosión (del sábado). Porque nosotros no somos un Estado criminal”, declaró un consejero de la presidencia, Mijailo Podoliak.
La muerte de Daria Dugina provocó, en todo caso, una onda de shock en Rusia, despertando terribles recuerdos de múltiples atentados y asesinatos que ensangrentaron el país en los primeros años del gobierno de Vladimir Putin. Para los especialistas, también es la prueba evidente de que la situación política interna no es tan idílica como pretenden hacerlo creer el gobierno y los medios estatales.
Hay quienes temen, incluso, que pueda tratarse de una operación planificada dentro del régimen para radicalizar aun más la acción contra Ucrania.
“Es necesario ser extremadamente prudentes en un caso así. No sería la primera vez que el régimen de Vladimir Putin es sospechoso de haber mandado a perpetrar atentados atribuidos a sus enemigos”, asegura una fuente diplomática francesa.
Inmediatamente después del atentado, en efecto, las grandes figuras ultranacionalistas multiplicaron las declaraciones de revancha, acusando a Kiev y exigiendo una acción más dura del Kremlin al que acusan —en voz baja— de mano blanda.
“Estamos ante terroristas. Detrás de los cuales se encuentran terroristas”, declaró el mismo sábado Vladimir Soloviov, una de las principales voces de la propaganda al servicio del Kremlin. Y concluyó: “Debemos comprender que tenemos un enemigo vil, cínico y sin piedad. Hoy no necesitamos más palabras, sino actos”.
Vladimir Putin calificó de “crimen innoble” la muerte de Dugina, saludando a “una persona brillante y talentosa, dotada de un corazón verdaderamente ruso”.
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