En Perú se debate cómo fue realmente el rescate
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LIMA, 25.- A tres días del cruento operativo Chavín de Huantar que logró el rescate de todos los rehenes menos uno de la residencia del embajador japonés, el incierto destino de los cuerpos de 12 de los 14 miembros del comando del MRTA, enterrados anoche como N.N., y más dudas sobre si éstos fueron o no acribillados, agregaron hoy dramatismo a la efervescente realidad peruana poscrisis.
Esas lúgubres controversias no lograron descomponer, sin embargo, el triunfalismo del presidente peruano, Alberto Fujimori, que esta tarde entregó personalmente, en nombre del Estado peruano, al canciller del Japón, Yukihiko Ikeda, la destrozada casona víctima de la toma que duró 126 días.Acompañado también por el embajador japonés y ex rehén, Morihisha Aoki -en silla de ruedas-, Fujimori ingresó en el devastado inmueble y lo revisó durante casi una hora.
"He entregado la residencia al gobierno del Japón, en la persona de su canciller, al constatar los daños y efectos que dejó la operación militar Chavín de Huantar", dijo el jefe de Estado a la prensa.
Aoki explicó a Fujimori e Ikeda el calvario que vivió durante su cautiverio, mientras el victorioso presidente llevaba al ministro japonés a que viera los túneles por donde entraron los 140 comandos peruanos y los lugares por donde fueron evacuados los rehenes.
Mientras tanto, la Asociación para la Defensa de los Derechos Humanos (Aprodeh) denunció que de los 14 emerretistas abatidos durante esa exitosa intervención militar de rescate, sólo el cabecilla, Néstor Cerpa Cartolini, y su lugarteniente, Roly Rojas, fueron entregados a sus familiares y enterrados, ayer, en tumbas no ignotas. Cerpa en el cementerio Nueva Esperanza, del distrito Villa María del Triunfo (ver aparte), y Roly Rojas, alias "El Arabe", en el cementerio El Sauce, en San Juan de Lurigancho.Miguel Jugo, subdirector de Aprodeh, confirmó que diez hombres y dos mujeres del grupo guerrillero fueron llevados anoche a distintos cementerios de esta capital, y enterrados como N.N. sin la presencia de sus familiares.
"No sabemos dónde están esos cuerpos. Es el colmo en una situación en la que se busca la paz. Están enterrados como N.N. y hay certificados de necropsia en los que están como no identificados.
Si las autoridades hubieran querido, se hubieran podido identificar. Pensamos que pueden estar en los cementerios de Huachipa, Comas, Pachacamac, Zárate, y Villa María del Triunfo", dijo a La Nación durante una entrevista.
Jugo adelantó que Aprodeh iba a presentar hoy una acción legal ante elConsejo Supremo de Justicia Militar, para recuperar uno de esos cuerpos, correspondiente a la guerrillera Luz Dina Villaoslada Rodríguez, de 20 años (ver recuadro aparte).
Trato arbitrario
En efecto, sus familiares fueron los únicos -excepto los de Cerpa y los de Roly Rojas- que ayer se presentaron y reclamaron en vano que las autoridades correspondientes les entregaran el cadáver, recibiendo un "trato arbitrario".
"Ni siquiera les permitieron reconocer el cuerpo, cosa que en cambio sí pudieron hacer las tías de Cerpa y la mamá de Roly Rojas", explicó Jugo.
"No es nuevo que ocurra algo así en el Perú", agregó y recordó que en 1986 pasó lo mismo con 126 guerrilleros de Sendero Luminoso muertos durante un motín que fue sofocado violentamente por la policía, y luego también enterrados como N.N.
En esa oportunidad familiares de esas personas también recurrieron a Aprodeh, y lograron identificar a algunos cuerpos luego de tortuosos trámites legales.
Jugo se mostró confiado en que en 48 horas pueda resolverse el caso de la joven emerretista.
De ser encontrado el lugar donde fue enterrado como N.N., su cadáver será exhumado, reconocido, y después vuelto a enterrar con su nombre, explicó.
Por otra parte, y agregando leña al fuego que comienza a arder en cuanto a lo sucedido durante el rescate del martes último, La Nación pudo saber que fuentes militares dijeron hoy que dos de los rebeldes del MRTA fueron ejecutados luego de ser capturados y que otros murieron mientras intentaban rendirse.
Dos hombres fueron capturados, se les pidió que se parasen contra una pared y fueron acribillados, y por los menos una muchacha adolescente murió pese a que gritó que se rendía, según un agente de inteligencia que siguió la intervención mediante sofisticados aparatos de radiocomunicación.
Refutación de Fujimori
Fujimori, obviamente, negó hoy rotundamente esas versiones. "Es absolutamente falso", dijo a la prensa. Aunque agregó que la única manera de pacificar al Perú era "erradicar por completo a grupos armados como el MRTA y Sendero Luminoso".
Tan sólo silencio en la última colina de un cementerio limeño
Humilde: en la paupérrima tumba del líder emerretista Néstor Cerpa Cartolini una botella de vidrio cortada es todo lo que sus tías tiene para colocarle flores.
LIMA, 25 (De una enviada especial).- Es mediodía y el sol pega duro. El silencio es absoluto en el cementerio Nueva Esperanza, un enorme espacio donde, entre áridas y polvorientas montañas grises, se confunden miles de cruces de madera -algunas pintadas de colores pastel- con la tierra y una que otra flor marchita. Estamos en el distrito Villa María del Triunfo, a media hora de viaje del centro de la ciudad, luego de cruzar paupérrimos pueblos jóvenes, las villas miseria que fueron naciendo en los alrededores de Lima luego de sucesivas "invasiones" de gente pobre del interior.
Un sinuoso y desvencijado camino de tierra lleva desde la puerta principal hasta casi el final del camposanto, donde hoy hay más gente de lo habitual. Sobre la ladera de una montaña, la última de todas, yace el cuerpo de Néstor Cerpa Cartolini.
Frente a su tumba, un cúmulo de piedras de forma rectangular, sin cruz ni placa (parecida a las que se ven en los westerns, hechas rápidamente y con lo imprescindible, para enterrar al cowboy muerto por los indios) están sus tías maternas, Rosa e Irma Cartolini, y su medio hermano, Ronald Cerpa.
Para alcanzar la tumba del "comandante Evaristo" hay que subir a pie una cuesta muy resbaladiza, provocando miniderrumbes con las rocas que delimitan otras míseras tumbas.
Ronald, de 59 años, hijo del mismo padre del cabecilla emerretista, tiene en sus manos un humilde ramo de flores. Un sepulturero le alcanza una vieja botella plástica de gaseosa cortada al medio para que la use como florero, que él coloca a la cabeza de la tumba.
"Q.E.P.D."
Es de madera marrón y sólo tiene inscriptas en blanco sus iniciales, N.C.; la fecha del fallecimiento, 22-4-97; y las tradicionales letras Q.E.P.D. (Que en paz descanse).
Rosa Cartolini protesta: "No vamos a poner esa cruz así. Queremos un nombre".
"Un comandante de la policía me ordenó que pusiera sólo las iniciales... Aquí no tengo pintura, tengo que regresar abajo", se excusa el encargado. Pero minutos más tarde, quizás apremiado por la presencia de los periodistas, accede: "Está bien. Les dejo la cruz, regreso y traigo la pintura para rectificar el nombre".
Mientras esperan que vuelva, Rosa e Irma Cartolini y Ronald Cerpa se quejan del lugar que ha sido elegido por las autoridades para enterrar a su muerto:"Anoche nos engañaron. Nos habían dicho que lo iban a enterrar en Surquillo, que iba a tener un nicho, y nos encontramos con esto". Dicen que ni bien puedan intentarán llevarlo a otro cementerio.
Rosa e Irma -hermanas de la madre de Cerpa que vive en Francia, Felicitas- dijeron a La Nación que "ella quería venir, pero no va a ser posible porque el gobierno no se lo permite, no le da garantías", agregan.
Los familiares de Cerpa que fueron ayer a reconocer el cadáver a la morgue del hospital de la policía, vieron el cuerpo:"Estaba enterito. Tenía lastimado el ojo derecho, dos proyectiles en la frente y en el cuerpo también. Pero no estaba destrozado".
A la salida, un funcionario municipal muestra el certificado de defunción de Cerpa. Se lee: "Nombre: Néstor Cerpa Fortunato Cartolini; fallecido el 22-4-97 a las 15.30 horas. Razón de la defunción: heridas "per" (perforación). Edad: aproximadamente 45 años. Domicilio: San Isidro, San Isidro".
Críticas de un ex grupo guerrillero
SAN SALVADOR, 25 (ANSA).- El salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) dijo hoy que está "convencido" de que la negociación es la única forma para resolver crisis como la de los rehenes en Perú. La única salida viable "es la voluntad política y la negociación entre las partes involucradas", sostuvo el FMLN.
"La intervención militar habrá puesto fin a la crisis de la embajada japonesa en Perú, pero estamos seguros de que no resuelve la actual situación política de ese país, la cual tiene raíces profundas", señaló el FMLN en un comunicado.
El Frente combatió militarmente desde 1980 a 1992, año en que firmó un acuerdo de paz con el gobierno del presidente Alfredo Cristiani.
Ahora el FMLN es un partido legal que a partir del 1 de mayo tendrá 27 diputados en la Asamblea Legislativa y medio centenar de Alcaldías.
El Frente lamentó que "existiendo la posibilidad de una salida negociada, el gobierno del presidente Fujimori haya optado por una intervención militar violenta que puso en riesgo la vida de los rehenes".
El texto deseó también que "los aires triunfalistas del presidente Fujimori no vayan a desencadenar en un mayor atropello a los prisioneros políticos".
Un aventurero sacó fotos únicas del rescate
LIMA, El Comercio (Para Grupo de Diarios de América), 25.- Le ofrecieron gentilmente encerrarlo en la celda adonde había estado Abimael Guzmán, y Haroldo Horta, con singular cortesía, les respondió encantado, yo soy periodista, pero préstenme una cámara para fotografiar allí adentro el lugar donde el terrorista debió de haber puesto su nombre con las uñas. Eran las tres de la madrugada del miércoles y su aventura periodística había terminado.
Todo empezó a las 3 y 30 de la tarde del martes, cuando el ex corresponsal de guerra y actual colaborador de El Comercio descubrió las imágenes de la televisión. Entonces un instinto lo hizo soltar la cuchara, levantarse y correr. Horta no tenía reloj. Cada minuto le parecía una hora, y su cámara sólo tenía un rollo con quince tomas vírgenes. El chileno llamó al diario y pidió que un fotógrafo le llevara más material fotográfico al Sport Paradise. Su "buckeye`, un paracaídas con motor, dormía en un parque industrial de Surco, y el dueño de una camioneta accedió recién a llevarlo cuando Horta le introdujo 50 soles en el bolsillo. En el trayecto, escuchaba angustiosamente las noticias. Cuando preparaba la nave ultraligera, Fujimori ya había entrado a la residencia. Pero el fotógrafo, así no tuviera casco, tenía que ir.
Antes de las cinco de la tarde, un reportero radial le dijo a todo el Perú: "A mala hora que se le ocurre a un deportista practicar parapente sobre la residencia". Mediante altoparlantes, la policía le ordenaba que se retirara del cielo, pero el ruido del motor y la urgencia de enfocar el zoom de 70-300 le impedían oír otra cosa que no fueran las detonaciones que remecían su buckeye. Se le acababan las fotos y las explosiones. A los diez minutos de estar dando vueltas sobre la residencia, Horta descubrió un rollo virgen en uno de esos olvidados bolsillos de chaleco de fotógrafo. Fotografías desde una perspectiva de 45 grados las iban a tener todos los periodistas de los edificios aledaños. A él sólo le importaba la perspectiva totalmente vertical sobre la residencia con el cuadro más cerrado posible. Ya la tenía. En el Sport Paradise, un enviado especial aguardaba las fotografías que debía llevar al periódico.
Minutos más tarde,Horta y dos amigos transportaban el buckeye en un vehículo sin percatarse de que no los habían perdido de vista en cielo y tierra, cinco policías les cerraron el paso.
Horta se identificó con un carnet de prensa que ya había vencido. El escándalo hizo que su enviado especial con los rollos, que viajaba en otro vehículo adelante, se enterara de la detención, y alertara a El Comercio del hecho. A las siete de la noche, el periodista y sus amigos ingresaron a la Dincote. Horta no tenía nada que temer, y podía explicarlo todo.Pero la función de los policías era sospechar de todo el mundo.
A las once de la noche, la Dincote intervino las casas de sus amigos, y, mientras Horta esperaba custodiado en el automóvil, el capitán amenazó con deportarlo. Un fiscal, cuatro policías, un testigo y Horta llegaron a casa de éste a medianoche. Rebuscaron su archivo fotográfico, y el capitán empezó a cuestionar su trabajo. Al final, los miembros de la Dincote levantaron un acta y se llevaron todas las fotos del periodista. A las tres de la madrugada, Horta salió de las oficinas de la Dincote, caminó solitario hacia el hotel Sheraton y marcó un número. La editora fotográfica de El Comercio levantó el teléfono. ¿Qué tal salieron mis fotos?, preguntó.

